“Cuando afirmamos: «Creo en Dios», decimos como Abrahán: «Me fío de Ti; me entrego a Ti, Señor», pero no como a Alguien a quien recurrir sólo en los momentos de dificultad o a quien dedicar algún momento del día o de la semana. Decir «creo en Dios» significa fundar mi vida en Él, dejar que su Palabra la oriente cada día en las opciones concretas, sin miedo de perder algo de mí mismo. Cuando en el Rito del Bautismo se pregunta tres veces: «¿Creéis?» en Dios, en Jesucristo, en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica y las demás verdades de fe, la triple respuesta se da en singular: «Creo», porque es mi existencia personal la que debe dar un giro con el don de la fe, es mi existencia la que debe cambiar, convertirse. Cada vez que participamos en un Bautizo deberíamos preguntarnos cómo vivimos cada día el gran don de la fe.” (Benedicto XVI)
Celebración de la Palabra (Ver)
«Escucha, Israel: el Señor es nuestro Dios, el Señor es Uno. »Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Que estas palabras que yo te dicto hoy estén en tu corazón. Las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando estés sentado en casa y al ir de camino, al acostarte y al levantarte. Las atarás a tu mano como un signo, servirán de recordatorio ante tus ojos. Las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portones.” (Dt 6, 4-9)
“Porque uno solo es Dios y uno solo también el mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo”(1Tim 2,5)
“Así pues, les ruego yo, el prisionero por el Señor, que vivan una vida digna de la vocación a la que han sido llamados, con toda humildad y mansedumbre, con longanimidad, sobrellevándose unos a otros con caridad, continuamente dispuestos a conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como han sido llamados a una sola esperanza: la de su vocación. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos: el que está sobre todos, por todos y en todos. (Ef 4, 1-6)
Dios es uno solo ¿Por qué parece que el mundo hay varios dioses a los que muchos dan culto?
Catequesis (Juzgar)
Comenzamos nuestras catequesis reflexionando grosso modo sobre la profesión de fe, también llamado símbolo o Credo. Nos preguntamos ¿Qué es lo que cree un cristiano?
En primer lugar comenzamos diciendo “Creo en Dios”, esta afirmación es la primera y más fundamental, todo el Credo lo tiene por centro y si en algo menciona al hombre o la creación es en relación a Dios, todo apunta llegar a conocer al Señor que se ha revelado a los hombres.
Dios se nos ha manifestado, se nos ha comunicado, y todo aquello que por palabras y obras nos ha dicho de Sí mismo le llamamos la Revelación Divina, ésta se ha desarrollado progresivamente a lo largo de la historia hasta llegar a su culmen en Jesucristo. Los apóstoles recibieron del Señor Jesús la misión de predicar por todo el mundo el Evangelio, para continuar su misión ellos nombraron a su vez sucesores (los obispos) que conservaran lo que ellos habían enseñado, ellos desde el inicio transmitieron todo de modo oral o por escrito constituyendo el depósito de la fe.
“la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y compenetradas. Porque surgiendo ambas de la misma divina fuente, se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin. Ya que la Sagrada Escritura es la palabra de Dios en cuanto se consigna por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo, y la Sagrada Tradición transmite íntegramente a los sucesores de los Apóstoles la palabra de Dios, a ellos confiada por Cristo Señor y por el Espíritu Santo para que, con la luz del Espíritu de la verdad la guarden fielmente, la expongan y la difundan con su predicación; de donde se sigue que la Iglesia no deriva solamente de la Sagrada Escritura su certeza acerca de todas las verdades reveladas. Por eso se han de recibir y venerar ambas con un mismo espíritu de piedad.” (Dei Verbum 9)
Siempre tengamos presente la misma Sagrada Escritura y todo lo que viene articular la Sagrada Tradición en la Liturgia, las enseñanzas de los Padres de la Iglesia, el magisterio ordinario de los Concilios recibe su autoridad última del carisma de la Sucesión Apostólica que ha sido legada en los obispos en comunión con el Papa. Cuando en el Credo decimos “Creo en un solo Dios” profesamos la fe en la unicidad de Dios (en que Dios es Uno solo), esta afirmación tiene su raíz en la misma revelación que Él ha hecho de sí mismo desde la Antigua Alianza:
“A Israel, su elegido, Dios se reveló como el Único: «Escucha Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza» (Dt 6,4-5). Por los profetas, Dios llama a Israel y a todas las naciones a volverse a Él, el Único: «Volveos a mí y seréis salvados, confines todos de la tierra, porque yo soy Dios, no existe ningún otro […] ante mí se doblará toda rodilla y toda lengua jurará diciendo: ¡Sólo en Dios hay victoria y fuerza!» (Is 45,22-24; cf. Flp 2,10-11).
Jesús mismo confirma que Dios es «el único Señor» y que es preciso amarle con todo el corazón, con toda el alma, con todo el espíritu y todas las fuerzas (cf. Mc 12,29-30). Deja al mismo tiempo entender que Él mismo es «el Señor» (cf. Mc 12,35-37). Confesar que «Jesús es Señor» es lo propio de la fe cristiana. Esto no es contrario a la fe en el Dios Único. Creer en el Espíritu Santo, «que es Señor y dador de vida», no introduce ninguna división en el Dios único” (Catecismo de la Iglesia n.201-202)
El Señor que se nos ha revelado también nos ha dado a conocer su Nombre, este hecho es importantísimo porque el nombre expresa la esencia, la identidad de la persona y el sentido de su vida, Dios no es un anónimo, Él se hace accesible, es capaz de ser conocido e invocado. Su revelación fue progresiva a lo largo de la historia de la salvación, pero a Moisés en la zarza ardiente se manifiesta como el Dios vivo y misericordioso, el Dios de los antiguos patriarcas (Abraham, Isaac, Jacob…)
“Moisés dijo a Dios: «Si voy a los hijos de Israel y les digo: «El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros»; cuando me pregunten: «¿Cuál es su nombre?», ¿qué les responderé?» Dijo Dios a Moisés: «Yo soy el que soy». Y añadió: «Así dirás a los hijos de Israel: «Yo soy» me ha enviado a vosotros […] Este es ni nombre para siempre, por él seré invocado de generación en generación»” (Ex 3,13-15).
Los israelitas no escribían antiguamente vocales por ello cuando se transmite el nombre de Dios habitualmente utilizan lo que se conoce como el tetragrama “YHWH”, Dios dice quién es Él y como hemos de llamarlo, este nombre que se manifiesta pero que también supone un rechazo de nombre propio dice el Catecismo “expresa mejor a Dios como lo que Él es, infinitamente por encima de todo lo que podemos comprender o decir: es el «Dios escondido» (Is 45,15), su Nombre es inefable (cf. Jc 13,18), y es el Dios que se acerca a los hombres.” (Catecismo de la Iglesia n.206)
En el relato de la zarza vemos la fidelidad de Dios puesto que es el mismo que habló en el pasado a los patriarcas y el que asegura su presencia en el futuro, de hecho, dice a Moisés “yo estaré contigo”, es Aquel que siempre está allí para salvar a su pueblo. Ante su divina presencia el hombre descubre su pequeñez, Moisés se descalzó y se cubrió el rostro. Se revela como el Dios que está siempre allí, presente junto a su pueblo para salvarlo, algo similar a Pedro cuando luego de la pesca milagrosa ante Jesús se arrodilla y dice “Aléjate de mí que soy un pecador” (Lc 5, 8)
Dios se revela como el misericordioso y clemente, justamente en el momento de la infidelidad del pueblo con el becerro de oro y ante la intercesión de Moisés (Ex 34, 5-6), también su nombre expresa su fidelidad a pesar del pecado de los hombres “mantiene su amor por mil generaciones” (Ex 34, 7). Su nombre también nos enseña como el trasciende el mundo y la historia como creador de cielos y tierra»Ellos perecen, mas tú quedas, todos ellos como la ropa se desgastan […] pero tú siempre el mismo, no tienen fin tus años» (Sal 102,27-28). En Él «no hay cambios ni sombras de rotaciones» (St 1,17). Él es «Él que es», desde siempre y para siempre y por eso permanece siempre fiel a sí mismo y a sus promesas. Todo esto encierra ese Nombre “Yo soy el que soy” Dios es la plenitud del Ser y de toda perfección, sin origen y sin fin, mientras que las criaturas todo lo reciben de Él.
“Dios, «El que es», se reveló a Israel como el que es «rico en amor y fidelidad» (Ex 34,6). Estos dos términos expresan de forma condensada las riquezas del Nombre divino. En todas sus obras, Dios muestra su benevolencia, su bondad, su gracia, su amor; pero también su fiabilidad, su constancia, su fidelidad, su verdad. «Doy gracias a tu Nombre por tu amor y tu verdad» (Sal 138,2; cf. Sal 85,11). Él es la Verdad, porque «Dios es Luz, en él no hay tiniebla alguna» (1 Jn 1,5); él es «Amor», como lo enseña el apóstol Juan (1 Jn 4,8).
«Es verdad el principio de tu palabra, por siempre, todos tus justos juicios» (Sal119,160). «Ahora, mi Señor Dios, tú eres Dios, tus palabras son verdad» (2 S 7,28); por eso las promesas de Dios se realizan siempre (cf. Dt 7,9). Dios es la Verdad misma, sus palabras no pueden engañar. Por ello el hombre se puede entregar con toda confianza a la verdad y a la fidelidad de la palabra de Dios en todas las cosas. El comienzo del pecado y de la caída del hombre fue una mentira del tentador que indujo a dudar de la palabra de Dios, de su benevolencia y de su fidelidad.” (Catecismo de la Iglesia n. 214-215)
De un modo fundamental sabemos también que Dios es amor, es muy conocida la canción para niños que nos los recuerda 1Jn 4, 8. Israel desde la antigüedad descubre que Dios se ha revelado con la única razón de escogerle para hacerlo suyo por puro amor, por eso no cesa de rescatarlo y de perdonarle a pesar de sus infidelidades (Dt 4, 37; Dt 7,7; Is 43, 1-7). Este amor es eterno, se compara a veces al de padre o una madre por sus hijos ya desde la antiguo testamento, al del esposo por su amada, y llegará hasta el don precioso del Hijo único del Padre eterno (Jn 3, 16).
La Iglesia es clara al recordarnos que la fe en el Dios único tiene una serie de consecuencias (Catecismo 222-227):
“Es reconocer la grandeza y la majestad de Dios: «Sí, Dios es tan grande que supera nuestra ciencia» (Jb 36,26). Por esto Dios debe ser «el primer servido» (Santa Juana de Arco).
Es vivir en acción de gracias: Si Dios es el Único, todo lo que somos y todo lo que poseemos vienen de Él: «¿Qué tienes que no hayas recibido?» (1 Co 4,7). «¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?» (Sal 116,12).
Es reconocer la unidad y la verdadera dignidad de todos los hombres: Todos han sido hechos «a imagen y semejanza de Dios» (Gn 1,26).
Es usar bien de las cosas creadas: La fe en Dios, el Único, nos lleva a usar de todo lo que no es Él en la medida en que nos acerca a Él, y a separarnos de ello en la medida en que nos aparta de Él (cf. Mt 5,29-30; 16, 24; 19,23-24):
«¡Señor mío y Dios mío, quítame todo lo que me aleja de ti! ¡Señor mío y Dios mío, dame todo lo que me acerca a ti! ¡Señor mío y Dios mío, despójame de mí mismo para darme todo a ti (San Nicolás de Flüe, Oración).
Es confiar en Dios en todas las circunstancias, incluso en la adversidad. Una oración de Santa Teresa de Jesús lo expresa admirablemente:
Nada te turbe, / Nada te espante
Todo se pasa , / Dios no se muda
La paciencia, / Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene, / Nada le falta:
Sólo Dios basta. (Poesía, 30)”
Edificación espiritual (Actuar)
¿Qué aprendí de esta catequesis?
¿Qué me propongo hacer para conocer mejor a Dios que se ha revelado?
¿Me he detenido alguna vez a considerar los atributos divinos para conocer más a Dios? (Misericordioso, Clemente, Justo, Santo, Eterno, Fiel, etc.)
Repasemos las consecuencias que tiene para nosotros la fe en el Dios Uno y comentemos como puede cada uno vivir en una situación concreta esta dimensión de la fe.