XI – Vida del mundo futuro y más.

“Yo no me preparo para un fin, sino para un encuentro” Benedicto XVI

Celebración de la Palabra (Ver)

Cielo: “No se turbe su corazón. Creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas. De lo contrario, ¿les hubiera dicho que voy a prepararles un lugar? Cuando me haya marchado y les haya preparado un lugar, de nuevo vendré y los llevaré junto a mí, para que, donde yo estoy, estén también ustedes.” (Jn 14, 1-3)

Purgatorio e Infierno “El que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. Por lo tanto, les digo que todo pecado y blasfemia se les perdonará a los hombres; pero la blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada. A cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del Hombre se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo no se le perdonará ni en este mundo ni en el venidero.” (Mt 12, 30-32)

Resurrección «Pero dirá alguno: ¿cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vuelven a la vida? ¡Necio! Lo que tú siembras no revive si no muere. Y lo que tú siembras no es el cuerpo que va a brotar, sino un simple grano…, se siembra corrupción, resucita incorrupción […]; los muertos resucitarán incorruptibles. En efecto, es necesario que este ser corruptible se revista de incorruptibilidad; y que este ser mortal se revista de inmortalidad (1 Cor 15,35-37. 42. 53).

Nueva Creación «Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios … en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción … Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto. Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo» (Rm 8, 19-23).

¿Qué se nos viene a la mente cuando escuchamos las palabras resurrección, infierno, cielo, purgatorio? ¿qué piensa la gente hoy en día sobre esos temas?

Catequesis (Juzgar)

La última parte de la profesión de fe cristiana tiene tres secciones: la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Comunión de los santos se refiere al modo en que los cristianos estamos unidos entre nosotros, sea los miembros de Iglesia militante como aquellos de la Iglesia purgante y triunfante. También nos revela como participamos de los mismos bienes espirituales por un lado y por otro llamados en las solidaridad fraterna a compartir incluso los materiales según el principio del destino universal de los bienes.

“La expresión «comunión de los santos» indica, ante todo, la común participación de todos los miembros de la Iglesia en las cosas santas (sancta): la fe, los sacramentos, en particular en la Eucaristía, los carismas y otros dones espirituales. En la raíz de la comunión está la caridad que «no busca su propio interés» (1 Co 13, 5), sino que impulsa a los fieles a «poner todo en común» (Hch 4, 32), incluso los propios bienes materiales, para el servicio de los más pobres.” (Compendio Catecismo n. 194)

Los cristianos somos aquellos que hemos acogido la gracia de Dios en Cristo Jesús, hemos sido justificados en Él, es decir hemos sido hechos justos, ya que nuestros pecados han sido perdonados, y sabemos que dos sacramentos tienen esta virtud de un modo especial, el Bautismo que nos lava del pecado original y perdona todo pecado personal, y la confesión al cual acudimos con prontitud si hemos caído en el pecado mortal, los otros sacramentos confieren el perdón de los pecados veniales. Hablaremos más de esto en otras catequesis, de momento nos baste recordar que esta afirmación del Credo se pone aquí porque al dar el Espíritu Santo Jesús confiere a los apóstoles el poder de perdonar los pecados “Reciban el Espíritu Santo. A quienes perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retangan, les quedan retenidos” (Jn 20, 22-23) y el mismo Señor vinculo el bautismo al perdón “El crea y sea bautizado se salvará” (Mc 16, 16)

«La Iglesia ha recibido las llaves del Reino de los cielos, a fin de que se realice en ella la remisión de los pecados por la sangre de Cristo y la acción del Espíritu Santo. En esta Iglesia es donde revive el alma, que estaba muerta por los pecados, a fin de vivir con Cristo, cuya gracia nos ha salvado» (San Agustín, serm. 214, 11).

“Los sacerdotes han recibido un poder que Dios no ha dado ni a los ángeles, ni a los arcángeles…Dios sanciona allá arriba todo lo que los sacerdotes hagan aquí abajo” (San Juan Crisóstomo, sac. 2, 5)

Al hablar de la resurrección de la carne, recordemos que queremos dar a entender que después de la muerte, no habrá solamente vida del alma inmortal sino también nuestros cuerpos volverán a tener vida. ¿Qué es la muerte? La separación de alma y cuerpo ¿qué es la resurrección? La Re-unión de alma y cuerpo. Así como Cristo murió y resucitó, también lo habremos de hacer nosotros, el cuerpo será un cuerpo espiritualizado o para usar la terminología san Pablo un “cuerpo glorificado”, en lo que observamos en los evangelios sobre las características del cuerpo del Resucitado vemos el anticipo de lo que nos espera. Todos los hombres habrán de resucitar «los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación» (Jn 5, 29) Recordemos que al morir todo hombre atraviesa un juicio particular, si ha hecho el bien el alma goza del cielo, (el purgatorio se concibe como la purificación última de las almas en espera del cielo); si se ha empecinado en rechazar la misericordia de Dios sufre la condenación eterna en las penas del infierno. En el juicio final a la segunda venida del Señor, quien ha comenzado a gozar del cielo resuscitará para la vida, quien se haya empecinado en el mal para la condenación (llamada la muerte segunda)

  1. Cielo: “Por cielo se entiende el estado de felicidad suprema y definitiva. Todos aquellos que mueren en gracia de Dios y no tienen necesidad de posterior purificación, son reunidos en torno a Jesús, a María, a los ángeles y a los santos, formando así la Iglesia del cielo, donde ven a Dios «cara a cara» (1 Co 13, 12), viven en comunión de amor con la Santísima Trinidad e interceden por nosotros.” Compendio Catecismo de la Iglesia n.209 
  • Purgatorio “es el estado de los que mueren en amistad con Dios pero, aunque están seguros de su salvación eterna, necesitan aún de purificación para entrar en la eterna bienaventuranza.”  (Compendio Catecismo de la Iglesia n. 210)
  • Infierno: “Consiste en la condenación eterna de todos aquellos que mueren, por libre elección, en pecado mortal. La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios, en quien únicamente encuentra el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira. Cristo mismo expresa esta realidad con las palabras «Alejaos de mí, malditos al fuego eterno» (Mt 25, 41)” (Compendio Catecismo de la Iglesia n.212). Dios quiere que “todos lleguen a la conversión” (2P3, 9) pero ha creado al hombre libre y esa libertad supone la posibilidad de cerrarse a su amor, la condenación es realmente la autoexclusión de la misericordia divina. Dios no ha predestinado a nadie al infierno, para que exista es necesario la aversión voluntaria a Dios (pecado mortal) y persistir en él hasta el final.

Al morir el alma en gracia entra plenamente en la vida eterna, por eso para el cristiano “morir” es en realidad “terminar de nacer”, por el agua del bautismo nuestra alma renació a la vida eterna falta aún que lo haga el cuerpo con la resurrección final, y para ello hay que pasar por la muerte, de ahí que santa Teresa de Lisieux dijese “no muero, entro en la vida”. Al morir el cristiano que recibe por última vez la santa comunión (viático) escucha la siguientes palabras de parte de la Iglesia:

«Alma cristiana, al salir de este mundo, marcha en el nombre de Dios Padre Todopoderoso, que te creó, en el nombre de Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que murió por ti, en el nombre del Espíritu Santo, que sobre ti descendió. Entra en el lugar de la paz y que tu morada esté junto a Dios en Sión, la ciudad santa, con Santa María Virgen, Madre de Dios, con San José y todos los ángeles y santos… Te entrego a Dios, y, como criatura suya, te pongo en sus manos, pues es tu Hacedor, que te formó del polvo de la tierra. Y al dejar esta vida, salgan a tu encuentro la Virgen María y todos los ángeles y santos… Que puedas contemplar cara a cara a tu Redentor… » (Recomendación del alma)

La Iglesia no sólo profesa la resurrección de los muertos al final de los tiempos sino también los “cielos nuevos y la tierra nueva” puesto que la gracia de Cristo también transformará finalmente todo el Universo creado ya dice san Pablo «Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios … en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción … Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto. Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo» (Rm 8, 19-23).

Ignoramos como será todo esto pero ello aviva nuestro deseo cuidar no sólo la vida que se nos ha dado sino también la creación, si la resurrección motiva el camino de conversión del cristiano, la esperanza de los cielos nuevos y tierra nueva anima su transformación del mundo.

«No obstante, la espera de una tierra nueva no debe debilitar, sino más bien avivar la preocupación de cultivar esta tierra, donde crece aquel cuerpo de la nueva familia humana, que puede ofrecer ya un cierto esbozo del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente el progreso terreno del crecimiento del Reino de Cristo, sin embargo, el primero, en la medida en que puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa mucho al Reino de Dios» (Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes 39, 2).

Concluimos esta catequesis con las últimas palabras que el Catecismo pone en esta primera parte:

Así pues, el «Amén» final del Credo recoge y confirma su primera palabra: «Creo». Creer es decir «Amén» a las palabras, a las promesas, a los mandamientos de Dios, es fiarse totalmente de El que es el Amén de amor infinito y de perfecta fidelidad. La vida cristiana de cada día será también el «Amén» al «Creo» de la Profesión de fe de nuestro Bautismo:

«Que tu símbolo sea para ti como un espejo. Mírate en él: para ver si crees todo lo que declaras creer. Y regocíjate todos los días en tu fe» (San Agustín, serm. 58, 11, 13: PL 38, 399).

Jesucristo mismo es el «Amén» (Ap 3, 14). Es el «Amén» definitivo del amor del Padre hacia nosotros; asume y completa nuestro «Amén» al Padre: «Todas las promesas hechas por Dios han tenido su `sí’ en él; y por eso decimos por él ‘Amén’ a la gloria de Dios» (2Co 1, 20):

«Por El, con El y en El,

A ti, Dios Padre omnipotente

en la unidad del Espíritu Santo,

todo honor y toda gloria,

por los siglos de los siglos. AMEN.

Edificación espiritual (Actuar)

¿Qué aprendí de esta catequesis?

¿Cómo vivimos la comunión de los santos? ¿oramos unos por otros? ¿oro por los difuntos? ¿pido la intercesión a los santos en el cielo?

¿Recuerdo cuando fue mi bautismo? ¿qué significa para mí saber que Dios perdona mi pecado?

¿Qué experimento al conocer acerca de las realidades últimas: muerte, juicio, cielo-gloria, infierno-condenación, purgatorio, resurrección, ¿“cielos nuevos y tierra nueva”?

IMG: «Resurrección final» de Luca Signorelli