“No podemos olvidar el gran número de cristianos que, en el mundo entero, en dos mil años de historia, han resistido hasta la muerte por defender la eucaristía; y cuántos, todavía hoy, arriesgan la vida para participar en la misa dominical. En el año 304, durante las persecuciones de Diocleciano, un grupo de cristianos, del norte de África, fueron sorprendidos mientras celebraban misa en una casa y fueron arrestados. El procónsul romano, en el interrogatorio, les preguntó por qué lo hicieron, sabiendo que estaba absolutamente prohibido. Y respondieron: «Sin el domingo no podemos vivir», que quería decir: si no podemos celebrar la eucaristía, no podemos vivir, nuestra vida cristiana moriría.” Papa Francisco
Celebración de la Palabra (Ver)
“Jesús les dijo: —En verdad, en verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y Yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Igual que el Padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así, aquel que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo, no como el que comieron los padres y murieron: quien come este pan vivirá eternamente. Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Cafarnaún.” (Jn 6, 53-59)
¿Cómo se ve la santa Misa desde la perspectiva del mundo? De mis recuerdos de infancia ¿Cómo se ha cultivado en mi familia la vivencia de la Eucaristía?
Catequesis (Juzgar)
Siguiendo nuestro itinario catequético, continuamos reflexionando acerca de los sacramentos de Iniciación Cristiana, nos dedicaremos en esta ocasión a tratar sobre la Eucaristía.
- Nombres del Sacramento
La celebración de este Sacramento, ha recibido diferentes nombres, el Catecismo de la Iglesia nos habla de nueve que subrayan diferentes aspectos
- Acción de gracias: San Mateo, san Marcos, san Lucas y san Pablo nos cuentan que Jesús la noche que iba a ser entregado, durante la Última Cena, dio gracias al tomar el pan y el vino entre sus manos. San Juan lo mencionará de otro modo al narrar la multiplicación de los panes en el capítulo 6 de su Evangelio antes del Discurso en la sinagoga de Cafarnaúm). Este aspecto recuerda las antiguas oraciones judías en las que daban gracias por las obras de Dios: creación, redención y santificación.
- Banquete del Señor: Tanto por que se trata del Banquete de la Última Cena como la anticipación del Banquete de bodas del Cordero. La Eucaristía es un alimento celestial, que nos nutre para vivir nuestra fe día a día, manteniéndonos y creciendo en ella.
- Fracción del pan: fue ahí donde le reconocieron luego de la resurrección, esto también nos puede transmitir la imagen de como quedó Cristo en la cruz luego de padecer y sufrir, sus heridas lo han partido, lo han fraccionado, de modo que ahí se nos dio a todos y cada uno, y por la comunión con Él formamos un solo cuerpo con Él.
- Asamblea eucarística (synaxis): Los cristianos de diferentes partes del mundo, de todas los estratos sociales, de diferentes naciones y culturas, de diferentes estados de vida (matrimonios, sacerdotes, diáconos, laicos, religiosos), de todas las edades, se reúnen cada domingo para celebrar en la Sagrada Liturgia este santo sacramento.
- Memorial de la pasión y de la resurrección del Señor: En esta celebración, aquel Viernes santo se vuelve a hacer presente, vivimos con Cristo de modo incruento aquello que el sufrió por nosotros, y también somos partícipes de la alegría de aquel Domingo de pascua, en el que triunfante resucitó de entre los muertos, los frutos de aquel sacro triduo pascual los recibimos por tanto ahí. Por ello no podemos ser meros espectadores sino que con aquellas primeras mujeres y los apóstoles que seguían a Jesús, también nosotros lo acompañamos hasta el calvario y nos gozamos al contemplar vivo entre nosotros.
- Santo Sacrificio: aquí se actualiza el sacrificio del Calvario, Sacrum facere (Hacer sagrado), esta ofrenda que presentamos al Padre por la salvación de los hombres, es el mismo Cordero de Dios inmolado en la cruz, Aquel que quita el pecado del mundo. En esta ofrenda presentamos también la de nuestra vida, uniéndonos a Cristo que por amor se entregó por nosotros, de modo que todas nuestras actividades, que todo nuestro ser, que toda nuestra vida sea una ocasión para continuar aquella obra que Él consumó para la salvación de los hombres.
- «Santa y divina Liturgia, porque toda la liturgia de la Iglesia encuentra su centro y su expresión más densa en la celebración de este sacramento; en el mismo sentido se la llama también celebración de los santos misterios. Se habla también del Santísimo Sacramento porque es el Sacramento de los Sacramentos. Con este nombre se designan las especies eucarísticas guardadas en el sagrario.» (Catecismo de la Iglesia Católica n. 1330) La palabra “Liturgia”, en el fondo quiere expresar el culto público que como Iglesia damos al Señor, es nuestra alabanza al Padre, es más decimos que la celebración tiene cuatro propósitos: adorar, dar gracias, expiar e impetrar el auxilio divino.
- Comunión: porque nos unimos a Cristo y en Cristo con toda la Iglesia
- «Santa Misa porque la liturgia en la que se realiza el misterio de salvación se termina con el envío de los fieles (missio) a fin de que cumplan la voluntad de Dios en su vida cotidiana.» (Catecismo de la Iglesia Católica n. 1332) Quizás este sea el nombre con el que a menudo llamamos a nuestra celebración, al ser conscientes de que hemos escuchado la Palabra, que hemos acompañado a Jesús en su misterio Pascual, y que somos sus testigos, no podemos hacer otra cosa sino lanzarnos para anunciar a otros la buena nueva que hemos escuchado, y hacerlos participar del gozo de esta nueva vida que Cristo nos ha infundido.
- Presencia Real
Es precioso repasar aquello que muchos cuestionan hoy en día, y que en la fe nosotros consideramos como el don más excelso que Jesús nos ha dejado en la Eucaristía: SU PRESENCIA REAL, sí, con la Iglesia nosotros confesamos que luego de las palabras de la consagración que el sacerdote pronuncia durante la celebración de la Santa Misa sobre el pan y el vino, aquello deja de ser pan y deja de ser vino y es el mismísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo. Aquel que caminó hace unos 2000 años en Palestina, se encuentra realmente presente entre nosotros.
Convendrá retomar un poco la Sagrada Escritura para descubrir este misterio que el Señor nos heredó, para ello nos servirá comentar el discurso de Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm un año antes de comer la Última Cena
“Yo soy el pan vivo bajado del cielo” dice Jesús. “Si alguno come de este pan, vivirá siempre, y el pan que yo le daré es mi carne, para vida del mundo. Disputaban entre sí los judíos, diciendo: ¿cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida…Éste es el pan bajado del cielo; no como el pan que comieron vuestros padres y murieron; el que come este pan vivirá para siempre…Muchos de sus discípulos dijeron: ¡Duras son estas palabras! ¿Quién podrá escucharlas? Conociendo Jesús que murmuraban de esto sus discípulos, les dijo: Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida; pero hay algunos de vosotros que no creen…Desde entonces muchos de sus discípulos dejaron de seguirlo”. (Jn 6, 51-67)
Estas palabras recogidas en san Juan iluminan lo que Cristo hizo en la Última Cena. Lo repetirá una y otra vez durante el discurso, quien come de este pan y bebe de este vino, está comiendo y bebiendo de su Cuerpo y Sangre. Las palabras sonaron duras para algunos de sus seguidores, sin embargo Jesús fue insistente en este punto, Él así lo quiso, así le pareció bien, aunque existen quienes quieren ver un mero símbolo y no una realidad, no podemos ir contra las palabras de Jesús.
Jesús fue enfático Mi Carne es verdadera comida y mi Sangre es verdadera bebida. Incluso en la lengua original en que se compuso el evangelio, el griego, insiste en usar verbos relativos a la comida. Jesús siempre buscó ser claro con sus discípulos, nos cuentan los Evangelios como les explicaba las parábolas en privado, y así tenemos para nosotros la explicación por ejemplo de la parábola del sembrador y sobre esto en particular no se detiene a dar más explicaciones sino a repetir una y otra vez lo que ya les había dicho.
En el pan y en el vino consagrados está realmente presente Jesús, este milagro que se obra en cada santa Misa se llama, transustanciación. Ciertamente nosotros vemos pan, saboreamos pan, olemos pan, tocamos pan, pero aquello que percibimos por los sentidos son puros accidentes, apariencias externas; lo que está en el fondo, el sustrato propio de aquello, su sustancia es el Cuerpo de Cristo, es aquello que hace una cosa sea lo que es y no otra. Ese cambio de sustancia es a lo que justamente llamamos transustanciación.
«El Concilio de Trento resume la fe católica cuando afirma: «Porque Cristo, nuestro Redentor, dijo que lo que ofrecía bajo la especie de pan era verdaderamente su Cuerpo, se ha mantenido siempre en la Iglesia esta convicción, que declara de nuevo el Santo Concilio: por la consagración del pan y del vino se opera el cambio de toda la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la substancia del vino en la substancia de su sangre; la Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transubstanciación»
La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas. Cristo está todo entero presente en cada una de las especies y todo entero en cada una de sus partes, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo).» (Catecismo de la Iglesia Católica n. 1376-1377)
- La comunión
Que precioso todo cuanto hemos dicho sobre este Santo Sacramento, pero no podemos dejar de profundizar en el modo en que hemos de acercarnos a él y los frutos que produce en nuestra vida, cada vez que participamos en la Santa Misa estamos viviendo un encuentro personal y comunitario con Cristo vivo, por tanto no podemos ser indiferentes, es Jesús, el amor de nuestras vidas, aquel que nos ha amado y que murió por nosotros para hacernos gozar de la felicidad eterna junto con Él. «El Señor nos dirige una invitación urgente a recibirle en el sacramento de la Eucaristía: «En verdad en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros» (Jn 6, 53).» (Catecismo de la Iglesia Católica n. 1384)
- Preparación para recibirle
Quien se acerca al encuentro de un amigo, buscará siempre estar bien con Él, si le ha fallado busca pedirle perdón, puesto que es un gozo estar en la presencia de aquel que nos ama. Antes de acercarnos a recibirle en la santa comunión sabemos hemos de confesarnos si hemos cometido pecado mortal. La Iglesia nos invita a guardar un ayuno de una hora antes de acercarnos a comulgar para disponernos a recibir a nuestro Señor, esto no obliga a las embarazadas, los enfermos, ancianos o si hay que tomar algún medicamento.
Luego de conocer que grande es este gesto de amor que el Señor ha tenido con nosotros, y que en el pan y vino consagrados esta el mismo Creador de cielos y tierra, el Salvador del mundo, el Rey de reyes y Señor de señores, Aquel que le da sentido a nuestras vidas, nosotros no podemos actuar ni vestir de cualquier manera, nuestros exterior muchas veces revela lo que llevamos dentro.
Nuestro amado viene a nuestro encuentro ¿cómo no procurar recibirle frecuentemente? Podríamos hacerlo hasta dos veces en un mismo día según el Derecho Canónico. La Iglesia nos enseña que si bien hemos de participar en Misa entera todos los domingos y las fiestas que así lo indique, hemos de comulgar al menos una vez al año pero cuando se trata del amor ¿podemos quedarnos con mínimos? Por eso la Iglesia aconseja a que si es posible le recibamos todos los días.
- Frutos de la santa Comunión:
Si nos acercamos bien dispuestos al encuentro con Jesús en el sacramento de la Eucaristía no quedaremos sin gozar de sus efectos, son frutos de vida eterna:
- La comunión acrecienta nuestra unión con Cristo.
- Conserva, acrecienta y renueva la vida de gracia
- La comunión nos separa del pecado.
- Fortalece la caridad que, en la vida cotidiana, tiende a debilitarse; y esta caridad vivificada borra los pecados veniales
- Nos preserva de futuros pecados mortales
- La unidad del Cuerpo místico
- La Eucaristía entraña un compromiso en favor de los pobres
La Sagrada Eucaristía, es un misterio que nos abraza a los cristianos de una manera sin igual, y cuando decimos que sus frutos son de vida eterna, es porque cuando nosotros nos acercamos a ella, estamos recibiendo ya un anticipo de la gloria futura. No es casualidad que aclamamos en la santa Misa “Maranathá” (Ven Señor Jesús), en ella proclamamos su segunda venida, gloriosa y majestuosa, los cielos nuevos y la tierra nueva, la comunión plena y feliz con Dios junto a los ángeles y santos.
«En una antigua oración, la Iglesia aclama el misterio de la Eucaristía: «»¡Oh sagrado banquete, en que Cristo es nuestra comida; se celebra el memorial de su pasión; el alma se llena de gracia, y se nos da la prenda de la gloria futura!». Si la Eucaristía es el memorial de la Pascua del Señor y si por nuestra comunión en el altar somos colmados «de toda bendición celestial y gracia», la Eucaristía es también la anticipación de la gloria celestial.» (Catecismo de la Iglesia Católica n.1402)
Edificación espiritual (Actuar)
¿Qué aprendí de esta catequesis?
¿Cómo he vivido la santa Misa hasta hoy? ¿Qué puedo cambiar?
¿Cómo podría prepararme mejor para vivir la santa Misa?
¿Visito a Jesús en la Eucaristía?