XIX – Sacramento del Orden

«El sacerdote continua la obra de redención en la tierra» […] «Si se comprendiese bien al sacerdote en la tierra se moriría no de pavor sino de amor» […] «El sacerdocio es el amor del corazón de Jesús» San Juan María Vianney

Celebración de la Palabra (Ver)

“Y subiendo al monte llamó a los que Él quiso, y fueron donde Él estaba. Y constituyó a doce, para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar con potestad de expulsar demonios: a Simón, a quien le dio el nombre de Pedro; a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes les dio el nombre de Boanerges, es decir, «hijos del trueno»; a Andrés, a Felipe, a Bartolomé, a Mateo, a Tomás, a Santiago el de Alfeo, a Tadeo, a Simón el Cananeo y a Judas Iscariote, el que le entregó.” (Mc 3, 13-19)

“Y llamó a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles potestad sobre los espíritus impuros. Y les mandó que no llevasen nada para el camino, ni pan, ni alforja, ni dinero en la bolsa, sino solamente un bastón; y que fueran calzados con sandalias y que no llevaran dos túnicas. Y les decía: —Si entran en una casa, quédense allí hasta que salgan de aquel lugar. Y si en algún sitio no los acogen ni los escuchan, al salir de allí sacúdanse el polvo de los pies en testimonio contra ellos. Se marcharon y predicaron que se convirtieran. Y expulsaban muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.” (Mc 6, 7-13)

“Y tomando pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: —Esto es mi cuerpo, que es entregado por ustedes. Hagan esto en memoria mía. Y del mismo modo el cáliz, después de haber cenado, diciendo: Y del mismo modo el cáliz, después de haber cenado, diciendo: —Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por ustedes.” (Lc 22, 19-20)

¿Alguna vez has hablado con alguien que no frecuenta mucho la parroquia que piensa del sacerdocio? ¿Qué piensa el mundo sobre este sacramento? ¿Qué pienso yo sobre los sacerdotes en general?

Catequesis (Juzgar)

“El Orden es el sacramento gracias al cual la misión confiada por Cristo a sus Apóstoles sigue siendo ejercida en la Iglesia hasta el fin de los tiempos: es, pues, el sacramento del ministerio apostólico. Comprende tres grados: el episcopado, el presbiterado y el diaconado” Catecismo de la Iglesia Católica n. 1536

El nombre de este sacramento deriva de la antigüedad romana, en donde la palabra “orden” se utilizaba para designar un cuerpo civil, así como a veces se dice hoy en día “el cuerpo de bomberos” o “el cuerpo de policía”, se hablaba en aquel entonces del “orden de los presbíteros” o el “orden de los diáconos” aunque existían también otros ordenes no vinculados a este sacramento con el paso del tiempo vino a utilizarse para describir el rito por el cual serían consagrados por la imposición de manos los obispos, presbíteros y diáconos.

“Por el ministerio ordenado, especialmente por el de los obispos y los presbíteros, la presencia de Cristo como cabeza de la Iglesia se hace visible en medio de la comunidad de los creyentes (LG 21). Según la bella expresión de San Ignacio de Antioquía, el obispo es imagen viva de Dios Padre” (Catecismo de la Iglesia Católica n. 1549)

Lo anterior no significa que el sacerdote no tenga flaquezas humanas o esté exento de la posibilidad de pecar o cometer errores, también los ministros sagrados combaten el buen combate de la fe haciendo uso de los medios que la Iglesia pone a su disposición como todos los demás fieles de la Iglesia, pero cuando el sacerdote ejerce su función sagrada el Espíritu le asiste para producir los efectos que Cristo ha previsto para la santificación del Pueblo de Dios.

“Ningún hombre por sí mismo, partiendo de sus propias fuerzas, puede poner a otro en contacto con Dios. El don, la tarea de crear este contacto, es parte esencial de la gracia del sacerdocio. Esto se realiza en el anuncio de la Palabra de Dios, en la que su luz nos sale al encuentro. Se realiza de un modo particularmente denso en los sacramentos. La inmersión en el Misterio pascual de muerte y resurrección de Cristo acontece en el Bautismo, se refuerza en la Confirmación y en la Reconciliación, se alimenta en la Eucaristía, sacramento que edifica a la Iglesia como Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, Templo del Espíritu Santo (cf. Juan Pablo II, Pastores gregis, 32).

Por tanto, es Cristo mismo quien nos hace santos, es decir, nos atrae a la esfera de Dios. Pero como acto de su infinita misericordia llama a algunos a «estar» con Él (cf. Mc 3, 14) y a convertirse, mediante el sacramento del Orden, pese a su pobreza humana, en partícipes de su mismo sacerdocio, ministros de esta santificación, dispensadores de sus misterios, «puentes» del encuentro con Él, de su mediación entre Dios y los hombres, y entre los hombres y Dios (cf. Presbyterorum ordinis, 5).” (Benedicto XVI, Audiencia General 05 de mayo de 2010)

En el sacramento del orden se distinguen diferentes grados: en primer lugar, tenemos los obispos, en quienes la Iglesia reconoce a los sucesores de los apóstoles, ellos han recibido la plenitud del sacramento del Orden, y junto con la función de santificar, les compete también la de enseñar y gobernar, ellos de manera eminente y visible hacen las veces de Cristo, Maestro, Pastor y Sacerdote. A cada obispo como vicario de Cristo se le confiere el oficio pastoral de una diócesis, pero comparte con todos los demás obispos la atención a toda la Iglesia. «Aunque cada obispo es pastor sagrado sólo de la grey que le ha sido confiada, sin embargo, en cuanto legítimo sucesor de los Apóstoles por institución divina y por el mandato de la función apostólica, se hace corresponsable de toda la Iglesia, junto con los demás obispos» (Pío XII, Enc. Fidei donum, 11).

El segundo grado lo constituyen los “presbíteros”, palabra de origen griego que significa “anciano”, ellos son los colaboradores de los obispos, y participan junto con los obispo de su misma consagración y misión por medio de los apóstoles, de los cuales son sucesores. Los sacerdotes que habitualmente vemos en las parroquias como párrocos o vicarios pertenecen al orden de los presbíteros.

 «El ministerio de los presbíteros, por estar unido al orden episcopal, participa de la autoridad con la que el propio Cristo construye, santifica y gobierna su Cuerpo. Por eso el sacerdocio de los presbíteros supone ciertamente los sacramentos de la iniciación cristiana. Se confiere, sin embargo, por aquel sacramento peculiar que, mediante la unción del Espíritu Santo, marca a los sacerdotes con un carácter especial, y así quedan configurados con Cristo Sacerdote, de tal manera que puedan actuar como representantes de Cristo Cabeza» (Concilio Vaticano II, Presbyterorum ordinis n.2).

Por último, tenemos el orden los Diáconos los cuales han sido consagrados para ejercer un servicio, configurándose con Cristo servidor de todos, ellos asisten a los presbíteros y al obispo en la celebración de los divinos misterios sobre todo en la Eucaristía, asisten a lo matrimonio y les bendicen, proclaman el Evangelio en la celebración, y también pueden predicar, presiden las exequias y se dedican en diversos servicios de caridad.

Los sacerdotes son hombres tomados de entre los hombres para servir al Señor y su Iglesia, son consagrados justamente para enseñar, santificar y pastorear el Pueblo santo de Dios. Hacen promesa de orar por toda la Iglesia de un modo particular a través de la Liturgia de la Horas que es una oración que tiene como base los salmos, prometen observar el celibato por el Reino de los Cielos imitando este modo de vivir de Cristo Jesús consagrándose en cuerpo y alma a la misión que les fue confiada, asimismo prometen obediencia a su Obispo en cuya voluntad descubren la voluntad de Dios para su vida.  “La Iglesia confiere el sacramento del Orden únicamente a varones bautizados, cuyas aptitudes para el ejercicio del ministerio han sido debidamente reconocidas. A la autoridad de la Iglesia corresponde la responsabilidad y el derecho de llamar a uno a recibir la ordenación” (Catecismo de la Iglesia Católica n. 1598)

El sacramento del orden al igual que el bautismo y la confirmación implican una participación especial en la misión de Cristo y por tanto sólo puede ser concedido una vez y para siempre, sella también con un “carácter espiritual indeleble” es decir no puede ser reiterado ni se confiere sólo para un tiempo, esto significa que aunque por alguna razón el sacerdote “dejara el ministerio” o se le apartase del ejercicio del mismo por una causa grave, nunca puede volver a ser laico en sentido estricto. El rito esencial del sacramento del orden es la imposición de las manos y la oración consagratoria en el cual se pide al Espíritu Santo las gracias requeridas para el ministerio que ejercerá.

“Queridos amigos, sed conscientes del gran don que los sacerdotes constituyen para la Iglesia y para el mundo; mediante su ministerio, el Señor sigue salvando a los hombres, haciéndose presente, santificando. Estad agradecidos a Dios, y sobre todo estad cerca de vuestros sacerdotes con la oración y con el apoyo, especialmente en las dificultades, a fin de que sean cada vez más pastores según el corazón de Dios.” (Benedicto XVI, Audiencia General 05 de mayo de 2010)

Edificación espiritual (Actuar)

¿Qué aprendí de esta catequesis?

¿Oramos por las vocaciones?

¿Podría contar alguna buena experiencia que haya vivido con algún sacerdote y que haya marcado mi vida?

¿Cómo las distintas vocaciones enriquecen la vida de la Iglesia?

(Si hay jóvenes varones) ¿Alguna vez he considerado que el Señor podría llamarme a mí?