“El concepto de vida hoy dominante no tiene el centro de gravedad en la actividad y en el compromiso sino en la evasión. Ganar para divertirse, satisfacerse. La imagen-modelo es la de una persona de éxito que puede permitirse amplios y diversos espacios de placer. Pero esta mentalidad hace resbalar hacia la insatisfacción de una existencia anestesiada por la diversión que no es descanso, sino alienación y escape de la realidad. El hombre no ha descansado nunca tanto como hoy, ¡Sin embargo el hombre nunca ha experimentado tanto vacío como hoy! Las posibilidades de divertirse, de ir fuera, los cruceros, los viajes, muchas cosas no te dan la plenitud del corazón. Es más: no te dan el descanso.” Papa Francisco
Celebración de la Palabra (Ver)
«Recuerda el día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día séptimo es día de descanso para el Señor, tu Dios. No harás ningún trabajo» (Ex 20, 8-10; cf Dt 5, 12-15).
«El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es Señor del sábado» (Mc 2, 27-28).
¿Qué hace habitualmente el mundo los domingos? ¿Cómo los vive mi familia y amigos?
Catequesis (Juzgar)
La santidad del sábado encuentra su fundamento en el relato de la creación, ya que en ese día Dios descansó “por eso bendijo el Señor el día del sábado y lo hizo sagrado” (Ex 20, 11), a la vez de ser en este sentido memoria de la creación, es también memoria de la liberación de Israel y signo de la alianza, sólo un hombre libre puede descansar de alguna manera es como una protesta a la servidumbre del trabajo y culto al dinero, y ese día es apartado para alabar al Señor por su bondad, por su creación y por su obra salvífica.
Jesús, aunque es acusado en ocasiones de quebrantar el sábado, recuerda su verdadero sentido, el sábado es para el hombre y no al contrario, es un día de misericordia y de honor a Dios.
“Jesús resucitó de entre los muertos “el primer día de la semana” (Mt 28, 1; Mc 16, 2; Lc24, 1; Jn 20, 1). En cuanto es el “primer día”, el día de la Resurrección de Cristo recuerda la primera creación. En cuanto es el “octavo día”, que sigue al sábado (cf Mc 16, 1; Mt 28, 1), significa la nueva creación inaugurada con la resurrección de Cristo. Para los cristianos vino a ser el primero de todos los días, la primera de todas las fiestas, el día del Señor el “domingo”:
«Nos reunimos todos el día del sol porque es el primer día [después del sábado judío, pero también el primer día], en que Dios, sacando la materia de las tinieblas, creó al mundo; ese mismo día, Jesucristo nuestro Salvador resucitó de entre los muertos» (San Justino, Apologia, 1,67).” (Catecismo de la Iglesia Católica n. 2174)
La verdad espiritual del sábado judío se realiza plenamente por la victoria de Cristo sobre la muerte celebrada en la Pascua, de ahí que el domingo sea la plenitud del sábado, asimismo anuncia el descanso eterno de los hombres en Dios. Con la celebración dominical el hombre da un culto exterior, visible, público y regular a Dios, con lo cual cumple el precepto moral en justicia de reconocer la grandeza del Señor.
“La celebración dominical del día y de la Eucaristía del Señor tiene un papel principalísimo en la vida de la Iglesia. “El domingo, en el que se celebra el misterio pascual, por tradición apostólica, ha de observarse en toda la Iglesia como fiesta primordial de precepto” (CIC can. 1246, §1).
«Igualmente deben observarse los días de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, Epifanía, Ascensión, Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Santa María Madre de Dios, Inmaculada Concepción y Asunción, San José, Santos Apóstoles Pedro y Pablo y, finalmente, todos los Santos» (CIC can. 1246, §1).” (Catecismo de la Iglesia Católica n.2177)
La parroquia constituye el lugar en el que de un modo especial se lleva a cabo la celebración dominical, en ella los cristianos son iniciados a la vida litúrgica, en la doctrina de la Iglesia y en la solidaridad fraterna. En virtud de este mandamiento tiene razón de ser el primer mandamiento de la Iglesia de participar de misa todo los domingos y fiestas de guardar “Cumple el precepto de participar en la misa quien asiste a ella, dondequiera que se celebre en un rito católico, tanto el día de la fiesta como el día anterior por la tarde” (Canon 1248, Código de Derecho Canónico) También es importante notar que “…con causa justa y según las prescripciones del Obispo diocesano, el párroco puede conceder, en casos particulares, dispensa de la obligación de guardar un día de fiesta o de penitencia, o conmutarla por otras obras piadosas…” (Canon 1245, Código de Derecho Canónico).
Recordemos que los mandamientos de la Iglesia tutelan prácticas para ayudarnos a vivir un mínimo de vida espiritual. La Eucaristía es la base de toda nuestra vida cristiana, de ahí su obligación, deliberadamente faltan a misa dominical comenten un pecado grave. En nuestra participación damos testimonio de pertenencia y fidelidad al Señor y su Iglesia, proclamamos nuestra comunión fraterna, damos testimonio de la santidad de Dios y de nuestra esperanza, así como nos reconfortamos mutuamente.
El día de descanso no se entiende como un hacer nada, antes bien es la ocasión para cultivar nuestra vida familiar, cultural, social y religiosa. En este día hemos de abstenernos de las actividades que pudieran impedir el culto debido al Señor, la alegría de esta jornada, así como el descanso del cuerpo y el espíritu. Asimismo, hemos de evitar imponer sin necesidad otro aquello que le impediría guardar el día del Señor. Si toca por alguna necesidad algún trabajo dominical es necesario siempre cuidar un tiempo de descanso. No es propio de los cristianos caer en los excesos y violencias engendrados por los espectáculos multitudinarios.
“El domingo está tradicionalmente consagrado por la piedad cristiana a obras buenas y a servicios humildes para con los enfermos, débiles y ancianos. Los cristianos deben santificar también el domingo dedicando a su familia el tiempo y los cuidados difíciles de prestar los otros días de la semana. El domingo es un tiempo de reflexión, de silencio, de cultura y de meditación, que favorecen el crecimiento de la vida interior y cristiana.” (Catecismo de la Iglesia Católica n. 2186)
En razón del respeto a la libertad religiosa los cristianos están llamados a buscar que se tutele su derecho al descanso y un día de culto en particular, es decir no sólo tengo el deber del domingo sino también el derecho, Juan Pablo II dedicó un carta llamada “Día del Señor” en la que nos recuerda que el domingo es para nosotros un día irrenunciable, esto forma parte de nuestra identidad cristiana, a propósito, dice el Catecismo:
“En el respeto de la libertad religiosa y del bien común de todos, los cristianos deben esforzarse por obtener el reconocimiento de los domingos y días de fiesta de la Iglesia como días festivos legales. Deben dar a todos un ejemplo público de oración, de respeto y de alegría, y defender sus tradiciones como una contribución preciosa a la vida espiritual de la sociedad humana. Si la legislación del país u otras razones obligan a trabajar el domingo, este día debe ser al menos vivido como el día de nuestra liberación que nos hace participar en esta “reunión de fiesta”, en esta “asamblea de los primogénitos inscritos en los cielos” (Hb 12, 22-23).” (Catecismo de la Iglesia Católica n. 2188)
Aparte de los dicho anteriormente podemos ver como la santificación del domingo no sólo estriba en la celebración de la misa dominical, antes bien en ella tiene su fuente
“Si la participación en la Eucaristía es el centro del domingo, sin embargo sería reductivo limitar sólo a ella el deber de «santificarlo». En efecto, el día del Señor es bien vivido si todo él está marcado por el recuerdo agradecido y eficaz de las obras salvíficas de Dios. Todo ello lleva a cada discípulo de Cristo a dar también a los otros momentos de la jornada vividos fuera del contexto litúrgico —vida en familia, relaciones sociales, momentos de diversión— un estilo que ayude a manifestar la paz y la alegría del Resucitado en el ámbito ordinario de la vida. El encuentro sosegado de los padres y los hijos, por ejemplo, puede ser una ocasión, no solamente para abrirse a una escucha recíproca, sino también para vivir juntos algún momento formativo y de mayor recogimiento. Además, ¿por qué no programar también en la vida laical, cuando sea posible, especiales iniciativas de oración —como son concretamente la celebración solemne de las Vísperas— o bien eventuales momentos de catequesis, que en la vigilia del domingo o en la tarde del mismo preparen y completen en el alma cristiana el don propio de la Eucaristía?
Esta forma bastante tradicional de «santificar el domingo» se ha hecho tal vez más difícil en muchos ambientes; pero la Iglesia manifiesta su fe en la fuerza del Resucitado y en la potencia del Espíritu Santo mostrando, hoy más que nunca, que no se contenta con propuestas minimalistas o mediocres en el campo de la fe, y ayudando a los cristianos a cumplir lo que es más perfecto y agradable al Señor. Por lo demás, junto con las dificultades, no faltan signos positivos y alentadores. Gracias al don del Espíritu, en muchos ambientes eclesiales se advierte una nueva exigencia de oración en sus múltiples formas. Se recuperan también expresiones antiguas de la religiosidad, como la peregrinación, y los fieles aprovechan el reposo dominical para acudir a los Santuarios donde poder transcurrir, preferiblemente con toda la familia, algunas horas de una experiencia más intensa de fe. Son momentos de gracia que es preciso alimentar con una adecuada evangelización y orientar con auténtico tacto pastoral.” (san Juan Pablo II, Dies Domini n. 52)
“¿Qué es por tanto el descanso según este mandamiento? Es el momento de la contemplación, es el momento de la alabanza, no de la evasión. Es el tiempo para mirar la realidad y decir: ¡qué bonita es la vida! Al descanso como fuga de la realidad, el Decálogo opone el descanso como bendición de la realidad. Para nosotros cristianos, el centro del día del Señor, el domingo, es la eucaristía, que significa «acción de gracias». Y el día para decir a Dios: gracias Señor por la vida, por tu misericordia, por todos tus dones. El domingo no es el día para cancelar los otros días sino para recordarlos, bendecirlos y hacer las paces con la vida.” (Papa Francisco, 05 de septiembre de 2018)
Para ayudarnos en la Confesión, siempre recordemos que hemos de confesar: no participar a la misa los domingos y fiestas de guardar por negligencia, tomar la comunión teniendo pecados mortales que aún no se han confesado.
Edificación espiritual (Actuar)
¿Qué aprendí de esta catequesis?
¿Cómo he vivido hasta hoy los Domingos?
¿Qué puedo hacer para vivir mejor la Santa Misa dominical? ¿Cómo prepararme?
¿Qué puedo hacer en el campo de mi familia, obras de misericordia, formación-oración?