-Para la adoración Eucarística-
Amado Señor, al contemplar la conversión de san Pablo también yo hago memoria de aquellos acontecimientos que marcaron mi venida a ti, a veces el testimonio de mis padres, de mis abuelos o de algún amigo. Otras veces alguna homilía o predicación de un sacerdote, quizás su consejo en el confesionario. Puede ser que haya sido aquel retiro en el que participe hace varios años. Quizás puede haber sido la crisis que viví en algún instante de mi vida. De muchas maneras sigues entrando hoy en mi historia, también yo me siento como aquel apóstol, uno que se comportaba más como tu enemigo ahora se hace amigo.
Me falta aún mucho por recorrer pero quiero vivir como tus nos has enseñado, la conversión sé que no es una cosa que se hace de la noche a la mañana, entre más pasan los días, los meses y los años, más descubro como hay áreas de mi vida en las que quizás aún no te he abierto la puerta, o simplemente estoy tan mal acostumbrado que no quiero dejar aún o que quizás aún no veo, Señor, muéstrame lo que se me oculta, hoy quiero en este rato de oración renovar mi propósito volverme a ti, de estar contigo, de ser dócil a la acción de tu espíritu que me va moldeando, porque sólo es en una vida según tu Palabra que yo encuentro mi propia paz.
Conversión de pensamiento
Jesús, por las cartas de san Pablo se nos dice que los cristianos “tenemos la mente de Cristo” (1 Co 2, 16), esto significa que por la acción de la gracia y la Palabra que nos das mis pensamientos tienen que ser cada vez más semejantes a los tuyos, mi mente ha de estar habitada por tu sabiduría infinita, ¿acaso esto no me interpela? Ya en el antiguo testamento encuentro escrito que “La sabiduría es resplandeciente e imperecedera; los que la aman la contemplan con facilidad, los que la buscan, la encuentran. Se adelanta a darse a conocer a quienes la anhelan.” (Sb 6, 12-13) Es decir que tu modo de pensar es accesible, no es complicado, es más, me sales al encuentro para dármelo a conocer, para que conociendo aprenda, y aprendiendo imite, e imitando confíe y goce de ti “Porque el Señor da la sabiduría, de su boca, el saber y la discreción. Él reserva destreza a los rectos, es escudo para quienes andan con integridad, protege las sendas del derecho, y guarda el camino de sus fieles. Entonces comprenderás justicia, derecho y rectitud: todo buen sendero. Porque la sabiduría vendrá a tu corazón, y el saber deleitará tu alma. (Pro 2, 6-10)
Y ¿Dónde escucharé tu voz sino en la voz de mi madre la Iglesia? ¿Qué luz hallaré sino la de tu Palabra? Tus palabras son vida para mi alma, nutren mi entendimiento y encienden mis afectos. Tú me muestras el recto sendero que lleva a una vida plena, los evangelios recogen de un modo especial tu enseñanzas, Señor que no sea de los que se fijan en lo que se fijan los hombres, sino en lo que se fija Dios, para que no sea de los que piensan como los hombres, sino como lo haces Tú. Sólo así comprenderé que hay más alegría en dar que en recibir, en perdonar que en vengarse, en dar limosna que en ser tacaño, en guardar silencio que en ser un murmurador, que vale más la vida que se pierde por tu causa que la vida que se gana en la mundanidad, que es mejor la pureza de corazón que una vida licenciosa, que vale más la sobriedad que perderme en la embriaguez, que es más libre aquel que es fiel a la palabra dada que el inconstante que traiciona, que es mejor una enfermedad que se une los sufrimientos de tu pasión que la buena saluda que se utiliza para pecar, que es mejor la humildad y la sencillez, que toda la ostentación y soberbia del mundo.
Conversión de palabras
Jesús al meditar la conversión de san Pablo también descubro que no sólo ha de cambiar mi modo de pensar, sino también mi modo de hablar, y es que si tu vida comienza a florecer en mi mente también me abrirás los labios “y mi boca proclamará tus alabanzas” (Sal 51, 17), así es Jesús, incluso antes de subir a los cielos dijiste a los apóstoles “quien a ustedes escucha, a mí me escucha” (Lc 10, 16) y cuando les enviaste en misión les dijiste que enseñaran aquello mismo que les enseñaste. Amado Jesús cuán fácil es dejarme llevarme por la tentación de la murmuración, el chisme, un lenguaje deshonesto y burlón, pero hoy recuerdo lo que dijo san Pablo que “Que no salga de su boca ninguna palabra mala, sino lo que sea bueno para la necesaria edificación y así contribuya al bien de los que escuchan.” (Ef 4, 29)
Hoy también quiero hacer esta firme resolución abandonar toda palabra que desdiga de mi calidad de cristiano, más aún quiero ser amable, cortés, educado en mi conversación, que se note que soy tu discípulo porque trato con amor a los demás, no quiero ser profeta de desesperanza de cuya boca solo salen lamentos y quejas, sino que quiero transmitir palabras de vida, de ánimo y anhelos de un futuro mejor en ti. Aparte de mí la pena y la vergüenza por predicar tu santo Nombre y los valores del Evangelio, que en las pláticas con mis amigos, que en los encuentros con mi familiares, que en el ambiente de trabajo se note que hay alguien que tiene un corazón lleno de tu amor, ya nos lo enseñaste hace mucho tiempo, porque “de la abundancia del corazón habla la boca” (Lc 6, 45)
Conversión de obras
Len lenguaje de Dios siempre ha visto acompañado por sus obras, y es que en ellas también se pone de manifiesto tu amor, y amor con amor se paga, de ahí que hoy también recuerdo que estoy llamado Señor mío, a vivir como tu viviste. ¡Cuánta conmoción no generará en mi el ver el modo en que tratabas con tu Padre celestial y con la gente que se encontraba a tu alrededor! Jesús, con el Padre, en constante diálogo, es interpelador ver cuanto tiempo pasabas en oración, en el silencio de la noche no dudabas en recogerte a solas para conversar con Él, y no sólo eso fuiste explicito cuando nos dijiste es necesario orar sin desfallecer, Jesús el mismo san Pablo es constante en recordarnos la importancia de la vida de oración, y es que si quiero imitar tu modo de obrar, he de comenzar ahí, pues es en la oración que se conoce la voluntad del Padre, y sólo en la voluntad del Padre se encuentra el secreto del recto obrar, es en la oración del Getsemaní que se fragua el sacrificio en el Calvario.
Hacia el prójimo Jesús, Tú siempre incansable, comías con los publicanos, te compadeciste de la mujer adúltera, tomaste la mano del enfermo, abrazabas a los niños que se te acercaban, sanabas a los leprosos, liberabas a los cautivos por el enemigo, el Evangelio me dice que a tu paso las multitudes se agolpaban para presentarte a todos los que estaban en necesidad, no negabas una palabra de aliento, pero tampoco omitías la corrección al que erraba, invitabas incluso a ir más allá a los que buscaban hacer el bien, no omitiste invitarnos a ser perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto.
Jesús que yo también pueda obrar como tu, con ternura y bondad, pero a la vez con firmeza y valentía, tus obras dotaban de peso tu gran autoridad, y es que bien lo dice el dicho, obras son amores y no buenas razones, por eso santa Teresa solía decir a sus monjas “obras quiere el Señor” y es que en ellas se manifiesta el buen olor de tu presencia. Hoy quiero meditar Jesús qué es lo bueno que quieres que haga hoy, en donde he de cambiar y me resolveré a buscar vivir cada vez más según tu voluntad.
Conversión de sentimientos
Amado Señor mío, hoy también recuerdo que el camino de conversión incluso implica mi afectividad, mi mundo emocional también se ve impactado por tu presencia en mi vida, y es que si pienso, hablo y obro como Tú, también mi corazón experimentará tus mismos sentimientos, como olvidarme de la gran compasión que tenías hacia las multitudes que extenuadas te seguían como ovejas sin pastor, cómo olvidar tu mirada de amor hacia aquel joven que te preguntó por la vida eterna, cómo olvidar tu misericordia hacia aquella madre que había perdido a su hijo único, cómo olvidar tus lágrimas derramadas al ver la necedad de los que se negaban a creer tu palabra, cómo olvidar amado Jesús, tu celo por el Templo a la que llamaste casa de oración, cómo olvidar la alegría de tu corazón al ver como los pequeños entre el pueblo comprendían y creían a tu predicación, cómo olvidar que en la última cena dijiste que ardientemente habías deseado comer aquella pascua con tus apóstoles.
San Pablo por eso nos dice “Tengan entre ustedes los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús” (Flp 2, 5). Amado Señor toma mi corazón y hazlo entrar en el Tuyo, en esa hoguera ardiente de caridad que purifica de todo egoísmo y soberbia, que purifica de todo mal sentimiento, que ablanda y suaviza mi dureza y aspereza, que convierte todo mi ser de modo que sea lámpara que ilumine y dé calor, a todo aquel que se acerca a mí.
Gracias Jesús por este momento de oración, por este momento ante ti, que pueda vivir para tu mayor gloria alabándote por toda la eternidad. Amén.