Domingo de Ramos es la puerta de entrada a la Semana Santa, es la puerta de entrada a este período de tiempo en que celebramos los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, nos hemos venido preparando por 40 días para este momento, ¿qué nos dice hoy por hoy la contemplación de nuestro Redentor?
Del año pasado para este hemos sentido todos muchos cambios que han ocurrido en nuestra colonia, en la vida de nuestra parroquia, ciertamente hemos notado un clima de seguridad que nos ha permitido estar más tranquilos, sin embargo los males de nuestra época siguen cautivando multitudes, el materialismo en el que sólo el dinero, la apariencia, los bienes, los placeres y el afán de dominio sobre el otro parece estar cada vez más acentuado, incluso en nuestra colonia, parece que estamos ante un “boom” de despegue comercial y de construcción, basta recorrer las calles principales y pasajes, pero esa “prosperidad” siempre supone riesgos hermanos, y si no estamos vigilantes, el viejo brillo del oro nos puede dejar ciegos, y líos siguen habiendo, a veces acentuados por esto mismo que se suponía era bueno, cuanta promiscuidad sexual, crisis en las parejas, rebeldía de los jóvenes frente a todo lo que represente una figura de autoridad incluso frente al mismo Dios (aún entre los que perseveran en las cosas de la Iglesia) a través de la doble vida, crisis de depresiones y ansiedades, cada vez más gente que tiene problemas en el manejo de la ira que hasta se enferman de la presión y del hígado, los vicios del alcohol y la droga promovidos por muchos y usados conscientemente para evadir la realidad (padre no quiero pensar ni sentir dicen unos, mucho duele) el temor de enfrentar la realidad, niños y jóvenes sin ilusión que bajo la “pereza” en el estudio simplemente esconden un tipo de tristeza de quien no tiene ideales a los que aspirar, ¿y qué aspirarán si la familia que es la que habría de empujar a crecer no está? Bajo la bandera de la pobreza muchos migran, pero aunque manden dólares el amor (presencial) de mamá y papá no son algo que se pueda comprar.
Vivimos sumergidos en la pantalla de un teléfono y gobernados por sistemas que sabemos están diseñados para generar adicción, escapamos de la realidad pero igual nos desilusionamos en la virtualidad al ver que no podemos alcanzar los espejismos que otros presentan como vida propia, y llamo a eso espejismo porque todo son filtros. Tomo por desahogo canciones de artista desde el pop hasta géneros indecentes, sus letras (asi como los memes) pasan a ser mis lemas de vida, pero no me doy cuenta que son sólo lágrimas o emotivismo adolescente que no es capaz de ofrecer auténticas soluciones, por un momento “liberan” pero no sanan mis heridas, hemos olvidado la Palabra de Dios y la voz de la Iglesia así como la vida de oración y prefiero desahogar a reflexionar por un momento y tomar decisiones en base a los criterios del Evangelio que son la Palabra que no sólo habla sino que transforma y da vida.
Hay una nueva cultura en la que o bien se quiere destruir el cuerpo con el transhumanismo o bien se le quiere dar culto, somos incapaces de hacer tiempo para leer un buen libro ni que decir de la meditación personal, pero ud bien a las 5:00am puede ver en los gimnasios llenos, o el contrario nadie tiempo para orar en la noche pero si le invitan a cenar puede llegar hasta tarde en un restaurante; cuan pocos guardan en serio el ayuno y la abstinencia cuando lo manda la Iglesia pero cuantos son capaces de someterse a las dietas más crueles por un físico particular.
El egoísmo destruye amitades y relaciones matrimoniales, ya no hay proyectos comunes, la bandera es estamos dispuestos a vivir juntos mientras “dure” el amor pero no se cultiva ni trabaja, sólo queremos aprovecharnos del otro para sacar adelante “lo mío”.
Vivimos a merced del gran flagelo de la violencia, que no ha desaperecido hermanos, todo es prepotencia entre nosotros, golpes, gritos, manipulación del otro, hacer la propia voluntad sin importar a quien pisotee, orgullo de no dar el brazo a torcer, se destruyen familias por herencias y se pierde el tiempo en cosas efímeras
Queremos sacar a Dios de la vida dicen unos, la verdad parece cierto aquello que decía un filósofo impío “Dios ha muerto y nosotros lo hemos matado”, hay quienes mantienen alguna noción pero quizás como creencia de una fuerza superior cuando ya no hayo que hacer, hacemos de la religión una serie de teorías o código ético de conducta, no hay relación real con el Señor, no hay oración, no hay trato, ni amor, y menos me preocupo por reflexionar como podría darle mayor honra. Se palpa de un modo evidente en el hecho que hacemos a un lado a su Iglesia, no hay tiempo para ella, y se engaña quien cree que puede estar bien con Dios quien está lejos de ella, si la Iglesia es el Cuerpo de Cristo en la historia, es instrumento de Salvación, sin embargo atestiguamos como se les desprecia, sólo me acerco para hacerle exigencias, pero me comporto como hijo mal agradecido con su madre que le dio a luz a la vida nueva de la gracia, que le ha curado y nutrido en los sacramentos, que le ha dado a conocer a Dios en su catequesis, más aún, que le dio la vida eterna en Cristo.
Me olvido de mis responsabilidades por atender sólo lo que me gusta, dejo de perseguir el bien y la verdad por quedarme en la comodidad, no me meto con nadie mientras no se metan conmigo, mientras no toque “mi salario” “mi carro” “mis bienes materiales” no pasa nada, mientras no me pidan ayuda mejor, la ley es “no comprometerme” ya no hay nada por lo que dar la vida, el principio del mínimo esfuerzo reina es que estoy enfermo, es que me da ansiedad, es que mucho me presionan, “¡qué difícil ser adulto!” (¿se han puesto a pensar que la adultez ha dejado de existir? ¿o son jóvenes o viejos, pero ya no hay vía de medio?) sedientos de amor nos decidimos desafeccionar mejor para no sufrir, queremos ser como ese papá que teniendo su casa sólo da lo mínimo para que haya algo que comer, pero no pasa en ella, ni con su familia, ni con su esposa, sólo quiere vivir afuera y paseando, no tiene un hogar sino una casa en la cual llega a dormir.
Frente a esto Cristo que muere en Cruz, se presenta como un choque disruptivo. Veo mis anhelos y descubro que no corresponden al plan de Dios, yo quiero Gloria, el me ofrece humillación, yo le pido riqueza y el me habla de pobreza, yo le pido afectos humanos (alguien que me quiera) y me habla de incomprensiones, me enseña que el camino a la felicidad que tanto anhelo pasa por morir a mi mismo para vivir para Él, “Quién quiera salvar su vida la perderá pero quien la pierda por mí y el Evangelio la salvará” ¿No crea esto confusión en mí?
Recuerdan lo que el filosofo aquel decía, pues le podríamos contestar con palabras de un escritor inglés el cristianismo ha estado a punto de morir muchas veces, pero tiene un Dios que conoce el camino fuera del sepulcro. La pasión, muerte y resurrección del Señor nos viene a liberar de todas esas ataduras y cadenas, de los esquemas mediocres que tienen sólo un horizonte terreno, descubro mi sed de cielo, en mi corazón late un grito “Quiero vida eterna”. ¿Qué he de hacer?
“Anda vende cuanto tienes, dale el dinero a los pobres, y sígueme” dice Jesús al joven rico, es decir entra en la conversión, vive una vida santa, no hay otra respuesta heroísmo, no hay otro camino cambio de vida, perseverancia en la fe con voluntad de mártir, criterio de pensamiento y acción las bienaventuranzas, renunciar a las vanidades de este mundo y abrazar el Señorío de Jesús. Considera a tu Rey, por túnica lleva nuestra piel, por cetro unos clavos, por corona las espinas, por trono la cruz. A este Rey he de seguirle, detrás de este rey caminaré, un rey que triunfa por la fuerza de la humildad, un rey que viene montado en un burrito sin afanes de orgullo, ira o reclamos, es el que ama y por amor invita a obrar, el no quita ni arrebata, sino que da hasta el punto que se entrega a sí mismo, pero sólo pueden ver esto lo que tienen corazón sencillo de niño.
Los sabios y entendidos de la época condenaron a Jesús a muerte, animaban las multitudes a decir crucifícalo, pero los sencillos y los niños ¿qué dijeron? “Hossana al hijo de David, bendito el que viene en el nombre del Señor”
En Semana Santa muchos ven vacación pero olvidan que es tiempo de oración ¿Cuánto sabrán ver el paso de Dios en este tiempo santo?