Las creaturas y el cuidado de la casa común

Catequesis Pequeñas Comunidades y Comunidades Eclesiales de Base

Tema: “Las creaturas y cuidado de la casa común”

Frase: “Todo lo que Dios crea es bello y bueno, impregnado de sabiduría y de amor; la acción creadora de Dios trae orden, introduce armonía, dona belleza. En el relato del Génesis emerge luego que el Señor crea con su Palabra: en el texto se lee diez veces la expresión «Dijo Dios» (vv. 3.6.9.11.14.20.24.26.28.29). Es la palabra, el Logos de Dios, lo que está en el origen de la realidad del mundo; y al decir: «Dijo Dios», fue así, subraya el poder eficaz de la Palabra divina. El Salmista canta de esta forma: «La Palabra del Señor hizo el cielo; el aliento de su boca, sus ejércitos… porque Él lo dijo, y existió; Él lo mandó y todo fue creado» (33, 6.9). La vida brota, el mundo existe, porque todo obedece a la Palabra divina.” Benedicto XVI, 06 de febrero de 2013

1.    Celebración de la Palabra (Ver)

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y mujer los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: —Crezcan, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que reptan por la tierra. Y dijo Dios: —He aquí que les he dado todas las plantas portadoras de semilla que hay en toda la superficie de la tierra, y todos los árboles que dan fruto con semilla; esto les servirá de alimento. A todas las fieras, a todas las aves del cielo y a todos los reptiles de la tierra, a todo ser vivo, la hierba verde le servirá de alimento. Y así fue. Y vio Dios todo lo que había hecho; y he aquí que era muy bueno. Hubo tarde y hubo mañana: día sexto. (Gn 1, 27-31)

“El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén para que lo trabajara y lo guardara” (Gn 2, 15)

¿Cómo veo que son las relaciones del hombre con la creación en nuestra colonia? ¿puedo decir que soy un custodio y trabajador del mundo en el que vivo?

2.    Catequesis (Juzgar)

El valor de todo lo creado procede de haber surgido de la voluntad libre y amorosa de Dios, de toda la creación se dice “y vio Dios que era bueno”, de ahí procede nuestra lectura de fe sobre la relación del hombre con todos los demás seres con quienes comparte la casa común «Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que hiciste, porque, si algo odiaras, no lo habrías creado» (Sb 11,24).

Por la creación el hombre llega a conocer en primer lugar a su Creador, de ahí que los salmos no se cansen en alabar a Dios desde esta dimensión: «¡Alabadlo, sol y luna, alabadlo, estrellas lucientes, alabadlo, cielos de los cielos, aguas que estáis sobre los cielos! Alaben ellos el nombre del Señor, porque él lo ordenó y fueron creados» (Sal 148,3-5) Contemplando las creaturas podemos alzar nuestra mirada y nuestro corazón a Aquel que es el origen de todo, llegamos al conocimiento de la causa por los efectos como procede santo Tomás en su segunda vía sobre el conocimiento de Dios.

Pero en el libro del Génesis ciertamente encontramos que el hombre no sólo contempla la creación sino que también descubirno que en la voluntad original de Dios sobre la relación del hombre con la creación, este fue puesto para “dominarla” (Gn 1, 28) y para que trabajase el jardín y lo guardara (cf. Gn 2, 15). Ahora bien, eso no ha de entenderse desde un sentido peyorativo, recordemos la palabra dominio viene del latín “dominus” es decir “señor”, por eso a la luz del segundo relato del Génesis, la fe de la Iglesia ha entendido al hombre como el custodio de la creación.

“Mientras «labrar» significa cultivar, arar o trabajar, «cuidar» significa proteger, custodiar, preservar, guardar, vigilar. Esto implica una relación de reciprocidad responsable entre el ser humano y la naturaleza. Cada comunidad puede tomar de la bondad de la tierra lo que necesita para su supervivencia, pero también tiene el deber de protegerla y de garantizar la continuidad de su fertilidad para las generaciones futuras. Porque, en definitiva, «la tierra es del Señor » (Sal 24,1), a Él pertenece « la tierra y cuanto hay en ella » (Dt 10,14).” (Laudato si n. 61)

El hombre, imagen y semejanza de Dios, colabora con Él en la obra de la creación, por un lado, cuando desde el matrimonio  el acto conyugal se abre a la vida y se propapaga la especie decimos que el hombre “procrea”, es decir, participa en el acto creador de Dios, por otro lado también, cuando transforma la realidad en la que vive según el orden dispuesto por el Creador «El hombre, en efecto, cuando con el trabajo de sus manos o con ayuda de los recursos técnicos cultiva la tierra para que produzca frutos y llegue a ser morada digna de la familia humana, y cuando conscientemente interviene en la vida de los grupos sociales, está siguiendo el plan mismo de Dios, manifestado a la humanidad al comienzo de los tiempos, de someter la tierra (cfr Gn 1,28) y de perfeccionar la creación, al mismo tiempo que se perfecciona a sí mismo» (Conc. Vaticano II, Gaudium et spes, n. 57).

La habilidad del hombre de transformar el medio en el que vive y se desarrolla no es mala en sí misma, el mal viene de la avidez del consumo de recursos de manera desordenada, pero el mismo hombre que puede generar grandes procesos de deforestación indiscriminada, es el mismo que puede trabajar un pedazo de tierra infértil y hacerlo un hermoso jardín; la creatividad humana puesta en práctica utilizando medios y fines buenos es capaz de mostrar la belleza a través del arte, y recordemos la belleza es uno de los atributos divinos, no olvidemos el principio de que la gloria de Dios resplandece en las perfecciones de sus creaturas y esto incluye también al hombre en su trabajo.

“No produjo todas estas cosas sólo para nuestro uso, sino también para nuestro beneficio, para que, al ver la desbordante abundancia de sus obras, quedemos turbados ante el poder del Creador y estemos en condiciones de saber que, gracias a la distinción para con el hombre que iba a existir, todo fue creado por una cierta sabiduría e inefable amor” (San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis 7, 13)

Nuestra fe no hace una reducción ecologista al hablar de naturaleza, no se trata simplemente decir “piensa verde”, hablamos precisamente usando el concepto de creación para englobar un sentido mucho más amplio que enmarca el origen y la providencia divina sobre todo cuanto existe: “Para la tradición judío-cristiana, decir «creación» es más que decir naturaleza, porque tiene que ver con un proyecto del amor de Dios donde cada criatura tiene un valor y un significado. La naturaleza suele entenderse como un sistema que se analiza, comprende y gestiona, pero la creación sólo puede ser entendida como un don que surge de la mano abierta del Padre de todos, como una realidad iluminada por el amor que nos convoca a una comunión universal.” (Laudato Si n.76)

Todos los seres creados existen para dar gloria a Dios, por lo que la relación del hombre con ellos también debe obedecer al orden con el que el Creador ha dispuesto todo, la ley moral también nos recuerda que en nuestro modo de obrar frente a ellas hemos de observar el principio de “hacer el bien y evitar el mal”, de ahí que recordamos que “sería equivocado pensar que los demás seres vivos deban ser considerados como meros objetos sometidos a la arbitraria dominación humana. Cuando se propone una visión de la naturaleza únicamente como objeto de provecho y de interés, esto también tiene serias consecuencias en la sociedad. La visión que consolida la arbitrariedad del más fuerte ha propiciado inmensas desigualdades, injusticias y violencia para la mayoría de la humanidad, porque los recursos pasan a ser del primero que llega o del que tiene más poder: el ganador se lleva todo.” (Laudato si n.82)

La crueldad hacia la creación manifiesta el corazón torcido que dejándose llevar por fine egoístas termina por obrar mal disponiéndose eventualmente a propagar esta situación hacia otros seres humanos, de ahí que el Catecismo de la Iglesia afirme que es indigno del hombre hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad las vidas de estos (cf. 2418)

No obstante lo anterior tampoco podemos poner en un mismo estatuto o nivel a los animales y a los hombres. Si bien es cierto todos estamos unidos en la casa común o “comunión universal” como dirá el Papa Francisco no lícito tampoco menospreciar el valor del ser humano, se escuchan opiniones hoy en día como “mejor tener un perro que hijos”, “mejor no tener amigos sino animales, los amigos fallan y traicionan los animales no” o incluso se llega a gastar cuantiosas sumas de dinero en causas ecológicas pero nada en favor del enfermo y del pobre. El corazón humano fácilmente desordena sus afectos por ello nunca olvidemos que “Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos.” (Catecismo de la Iglesia Católica n. 2418).

El Papa Francisco nos lo ha recordado: “No puede ser real un sentimiento de íntima unión con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos. Es evidente la incoherencia de quien lucha contra el tráfico de animales en riesgo de extinción, pero permanece completamente indiferente ante la trata de personas, se desentiende de los pobres o se empeña en destruir a otro ser humano que le desagrada. Esto pone en riesgo el sentido de la lucha por el ambiente. No es casual que, en el himno donde san Francisco alaba a Dios por las criaturas, añada lo siguiente: «Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor». Todo está conectado. Por eso se requiere una preocupación por el ambiente unida al amor sincero hacia los seres humanos y a un constante compromiso ante los problemas de la sociedad” (Laudato si n.91)

El centro de toda la creación es Jesucristo, nos dice el prólogo de san Juan “Todo se hizo por él, y sin él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho.” (Jn 1, 3) más aún en el plano del misterio de la redención también descubrimos que Cristo es el autor de la nueva creación, aquella que vive los efectos de su resurrección. También las criaturas participarán plenamente del misterio de la redención que han venido fruto de la Pascua, esto es lo que se encuentra tras la afirmación de “cielos nuevos y tierra nueva” (Cf. Is 65, 17; 2Pe 3, 13; Ap 21, 1)  en boca de los autores sagrados.

Cuando Jesús habla en Mt 19, 28 “En la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentariéis también vosotros en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel” haciendo alusión su victoria en el último día habla el texto griego que se traduce por restauración es “palingenesia” que literalmente da la idea de la regeneración de todo, lo cual se une al concepto de recapitulación de todo en Cristo (cf. Rm 8, 19ss) recordándonos como todo el cosmos participa de los efectos del triunfo del resucitado. Incluso cuando la Iglesia habla del fin del mundo no se trata de la aniquilación como quien tiene una visión pesimista de la materia es decir “no la destrucción (de lo creado), sino la abolición de su bajeza anterior y el inicio de la gloria venidera…no veremos otro cielo, otra tierra, sino sólo los antiguos transformados en mejor” (San Jerónimo, Comentario sobre Isaías)

Veamos el comentario de dos teólogos contemporáneos sobre este punto:

“Dios ha querido llevar la creación a la plenitud total en Cristo, si bien en el momento actual la creación se encuentra aún sufriendo dolores de parto que son consecuencia del pecado original y de los pecados personales. Dios ha querido que la creación terminase con la participación de los hombres en su misma vida divina a través de su Hijo y en que en este acto de suprema participación, en esta donación sin ingual que podamos entrever, aunque no de manera exhaustiva, el origen de todo el universo” (Pedro Barrajón, Teologia della creazione, APRA, p. 261)

“El estado final del homre será un vivir en Cristo por obra del Espíritu, y el estado final del cosmos será participar-por resonancia-del poder transfigurador que fluye de la persona del Hijo a los hombres. El resultado final de este flujo transformador será la perfecta armonía entre los resucitados y su entorno cósmico: este último serviría como digna morada de los santos” (J. Jose Alviar, Escatología, UNAV p. 188)

¿Qué nos dice la Iglesia en el Catecismo sobre este punto?

“En cuanto al cosmos, la Revelación afirma la profunda comunidad de destino del mundo material y del hombre: «Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios […] en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción […] Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto. Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior […] anhelando el rescate de nuestro cuerpo» (Rm 8, 19-23). Así pues, el universo visible también está destinado a ser transformado, «a fin de que el mundo mismo restaurado a su primitivo estado, ya sin ningún obstáculo esté al servicio de los justos», participando en su glorificación en Jesucristo resucitado (San Ireneo de Lyon, Adversus haereses 5, 32, 1).” (Catecismo de la Iglesia Católica n. 1046-1047)

Contemplar el misterio de la creación nos lleva a alabar y bendecir al Creador de todo cuanto ha sido hecho, y por cómo ha dispuesto todo en el mundo, de ahí que los santos también se caracterizaron por vivir una buena relación con las criaturas, san Francisco de Asís o san Martín de Porres nos lo recuerdan constantemente, el hombre siendo señor de lo creado ha de buscar dirigir siempre sus relaciones con las criaturas de modo que den gloria al Creador.

3.    Edificación espiritual (Actuar)

¿Puedo decir que he cumplido con mi rol de ser custodio de la creación? ¿Cómo podría hacerlo?

¿Alguna vez he visto como la crueldad hacia la creación se traduce en crueldad hacia los hombres?

¿Por qué creo que se da el desorden de los afectos que lleva a priorizar a un animal sobre los hombres?

¿Cuál es la diferencia entre la visión de la fe y la del ecologismo sobre el medio ambiente?

¿Cómo la visión del cristiano sobre la renovación final de la creación influye el modo en que nos relacionamos con ella?

IMG: «Adán y Eva en el Paraíso» de Peter Wenzel