Catequesis para Pequeñas Comunidades y Comunidades Eclesiales de Base
Fecha: 30/01/2025
Frase: «Hijo mío, si se hace sabio tu corazón, también mi corazón se alegrará. Me alegraré de todo corazón si tus labios hablan con acierto» (Pr 23, 15-16).
1. Celebración de la Palabra (Ver)
Si 3, 2-6. 12-14. Quién teme al Señor honrará a sus padres.
Sal 127. Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.
Mt 2, 13-15.19-23. Toma al niño y a su madre y huye a Egipto.
¿Crees que los padres de familia de nuestra colonia reflejan los ideales de la Escritura? ¿qué cosas positivas y negativas ves en la paternidad y maternidad contemporáneas?
2. Catequesis (Juzgar)
En nuestras catequesis sobre la familia, comenzamos ahora el recorrido por las intervenciones del Papa Francisco predicadas durante el Sínodo de la Familia, celebrado hace algunos años. Hoy nos centraremos en la paternidad y la maternidad.
Maternidad:
En primer lugar, recordemos que en la familia, padre y madre no son solo atributos biológicos; son vistos como una manifestación de la vocación al amor de hombres y mujeres, una experiencia que dentro del matrimonio se vive a través de la educación y la procreación de los hijos.
La enseñanza de la Iglesia sobre la maternidad ha estado siempre influenciada por una perspectiva mariológica. La vida de María, Madre de Dios, es un testimonio de amor incondicional, entrega y educación en la fe. María no solo dio vida a Jesús, sino que también lo presentó al mundo, enseñándonos que la maternidad implica una misión educativa y espiritual. El Papa Francisco subraya en sus catequesis los desafíos que enfrentan las madres hoy en día, especialmente el de «ser escuchadas». Piensa, por ejemplo, en una madre que trabaja todo el día y, al llegar a casa, trata de conectar con sus hijos, compartiendo historias y enseñanzas de vida mientras preparan la cena juntos. La instrucción de la madre es crucial para el desarrollo de los niños, ya que la formación de la conciencia y la educación en la fe se transmiten a menudo en esa relación íntima entre madre e hijo. Los sacrificios de una madre son un testimonio de generosidad, como cuando una madre decide trabajar menos horas para estar más presente en la vida escolar de su hijo, sacrificando su propio descanso para ayudar con los deberes o asistir a las actividades extracurriculares.
El Papa nos recuerda que una madre enseña a amar a través de la opción radical de enfrentarse a la vida. Las mujeres, en esta perspectiva, muestran el camino de aquellos que dan la vida, testificando ternura, entrega y fuerza moral. Pensemos en la Santísima Virgen, que no solo dio a luz a Jesús sino que lo acompañó en su ministerio público, incluso hasta el pie de la cruz, en el momento más difícil. Ahí estaba la madre junto a su Hijo, recordándonos que muchas veces la maternidad es testigo de una espiritualidad martirial. Citando a san Óscar Romero, se habla del «martirio materno»:
«Todos debemos estar dispuestos a morir por nuestra fe, incluso si el Señor no nos concede este honor… Dar la vida no significa solo ser asesinados; dar la vida, tener espíritu de martirio, es entregarla en el deber, en el silencio, en la oración, en el cumplimiento honesto del deber; en ese silencio de la vida cotidiana; dar la vida poco a poco. Sí, como la entrega una madre, que, sin temor, con la sencillez del martirio materno, concibe en su seno a un hijo, lo da a luz, lo amamanta, lo cría y cuida con afecto. Es dar la vida. Es martirio».
Paternidad:
El Papa Francisco también ha abordado la crisis de la paternidad en el occidente cristiano, donde la ausencia o distorsión de la figura paterna afecta profundamente a niños y jóvenes. La necesidad de evitar el «machismo» y el «autoritarismo» es clara, pero también lo es la de enseñar qué significa ser hombre. Piensa por ejemplo en un niño al que se le insiste que no debe golpear a las niñas, que no debe ser brusco, que no debe andar gritando y corriendo, pero nunca tiene el ejemplo de como vive un hombre, como canaliza sus energías, como es posible ser amable sin perder firmeza, como se trata respetuosamente a una mujer. También se discute la prevención de la promiscuidad sexual para evitar embarazos adolescentes, pero es esencial ir a la raíz del problema y considerar cómo la falta de afecto masculino durante la infancia puede influir en las decisiones de las niñas. Por ejemplo, un padre que dedica tiempo a escuchar y hablar abiertamente con su hija sobre respeto propio y valores puede influir positivamente en sus decisiones futuras.
Inicialmente, la desaparición de la figura del padre parecía un triunfo sobre la imagen del padre-patrón, abusivo y censor de la libertad, que trataba a los hijos más como siervos que como seres con valor propio. Sin embargo, la reacción ha sido como un péndulo, y aunque el padre esté presente, a menudo está tan absorto en sí mismo, en su trabajo o en sus logros personales, que descuida a sus hijos, aumentando el sentimiento de orfandad. Muchos hombres hoy en día se vuelven esclavos de pantallas, pornografía y un ensimismamiento que los hace parecer incapaces de establecer relaciones interpersonales profundas. Piensa en un padre que, después de un día de trabajo, elige dejar el teléfono a un lado y jugar con sus hijos en el parque o leerles un cuento antes de dormir, demostrando interés y presencia activa. El Santo Padre dice que esta orfandad se extiende incluso a la sociedad civil:
“La comunidad civil, con sus instituciones, tiene una cierta responsabilidad —podemos decir paternal— hacia los jóvenes, una responsabilidad que a veces descuida o ejerce mal. También ella a menudo los deja huérfanos y no les propone una perspectiva verdadera. Los jóvenes se quedan, de este modo, huérfanos de caminos seguros que recorrer, huérfanos de maestros de quien fiarse, huérfanos de ideales que caldeen el corazón, huérfanos de valores y de esperanzas que los sostengan cada día. Los llenan, en cambio, de ídolos pero les roban el corazón; les impulsan a soñar con diversiones y placeres, pero no se les da trabajo; se les ilusiona con el dios dinero, negándoles la verdadera riqueza.” (Audiencia General del 9 de febrero de 2015)
La ausencia de una figura paterna, especialmente en los varones, según Warren Farrell en «The Boy Crisis», también resulta en una crisis de vacío existencial; sin modelos que muestren un camino, no hay propósito ni dirección, y se termina buscando compensaciones afectivas o cayendo en situaciones que agravan los problemas. Un ejemplo actual podría ser un padre que voluntariamente acompaña a su hijo a actividades deportivas o de voluntariado, enseñando no solo habilidades físicas sino también valores como la perseverancia, el trabajo en equipo y la compasión.
La Iglesia recuerda que la presencia activa del padre sigue siendo tan importante hoy como lo fue ayer. Cristo nos reveló a Dios como «Padre». El Papa, citando un proverbio, nos enseña sobre la transmisión de la sabiduría:
«Seré feliz cada vez que te vea actuar con sabiduría, y me emocionaré cada vez que te escuche hablar con rectitud. Esto es lo que quise dejarte, para que se convirtiera en algo tuyo: el hábito de sentir y obrar, hablar y juzgar con sabiduría y rectitud. Y para que pudieras ser así, te enseñé lo que no sabías, corregí errores que no veías. Te hice sentir un afecto profundo y al mismo tiempo discreto, que tal vez no has reconocido plenamente cuando eras joven e incierto. Te di un testimonio de rigor y firmeza que tal vez no comprendías, cuando hubieses querido solo complicidad y protección. Yo mismo, en primer lugar, tuve que ponerme a la prueba de la sabiduría del corazón, y vigilar sobre los excesos del sentimiento y del resentimiento, para cargar el peso de las inevitables incomprensiones y encontrar las palabras justas para hacerme entender. Ahora —sigue el padre—, cuando veo que tú tratas de ser así con tus hijos, y con todos, me emociono. Soy feliz de ser tu padre.» (Papa Francisco, Audiencia General 9 de febrero de 2015)
La paternidad implica una presencia activa que se traduce en cercanía, dulzura y paciencia. La Parábola del Padre Misericordioso nos ofrece un ejemplo: un padre que acoge a sus hijos en todos los momentos de la vida, desde los juegos hasta los conflictos, sean expresivos o taciturnos, asustados o confiados. Un padre que educa sin anular, que sabe esperar y perdonar, que corrige con firmeza pero sin humillar, «suaviter in forma, fortiter in re» (suave en el modo, firme en la acción). Por ejemplo, un padre que al ver a su hijo cometer un error, en vez de castigarlo severamente, conversa con él sobre las consecuencias de sus acciones y cómo aprender de ellas, fomentando así la responsabilidad y el crecimiento personal.
El Papa concluye recordando que si alguien puede explicar profundamente el «Padre Nuestro», es precisamente quien vive la paternidad en primera persona. Y subraya que «los hijos necesitan encontrar un padre que los espere cuando regresan de sus fracasos. Harán de todo por no admitirlo, para no hacerlo ver, pero lo necesitan; y el no encontrarlo abre en ellos heridas difíciles de cerrar… ellos son para las nuevas generaciones custodios y mediadores insustituibles de la fe en la bondad, de la fe en la justicia y en la protección de Dios, como san José.» (Papa Francisco, Audiencia General 9 de febrero de 2015)
3. Edificación espiritual (Actuar)
-¿Qué dificultades encuentran las madres hoy en día en la crianza y educación de los hijos?
-En nuestra realidad de madres solteras o migrantes ¿Cómo creen que afecta la ausencia de la madre a los hijos? ¿cómo podemos ayudar?
-¿Qué dificultades encuentran los padres hoy en día en la crianza y educación de los hijos?
-La crisis de la ausencia paterna se vive también en nuestra colonia ¿cómo crees que puedes colaborar para ayudar a su solución?
-¿Qué momentos de alegría recuerdas con tus hijos (o ahijados)? (recordemos que la paternidad terrena está encaminada a la espiritual)
-Para las mujeres: en la semana haz un ejercicio de contemplación frente a una imagen de la Santísima Virgen, sea en un pesebre, o Nuestra Señora de los Dolores junto a la Cruz, busca identificarte con ella, y en su hijo mira a los tuyos, y eleva una oración al Señor por ellos.
-Para los hombres: retoma las palabras del Padre Nuestro en un momento de silencio y piensa por un momento como iluminan tu misión padre, puedes hacer lo mismo con la parábola del Padre Misericordioso o con el comentario que hace el Papa al texto de Proverbios.
*La sección de Catequesis ha sido revisada en la Grok IA