Catequesis Pequeñas Comunidadesy Comunidades Eclesiales de Base
Tema: Hombre y Mujer
Fecha: 06/03/2025
Frase: “La diferencia entre hombre y mujer no es para la contraposición, o subordinación, sino para la comunión y la generación, siempre a imagen y semejanza de Dios.” (Papa Francisco
1. Celebración de la Palabra (Ver)
Leer Gn 2, 15-24
¿De qué manera experimentamos la diferencia entre hombres y mujeres en nuestras vidas diarias? ¿La vemos como una fuente de conflicto o de enriquecimiento?
2. Catequesis (Juzgar)
Continuamos con nuestras catequesis sobre la familia siguiendo el magisterio del Papa Francisco, en esta ocasión hablaremos sobre el hombre y la mujer, considerando su distinción y complementariedad como un don divino. Ciertamente este misterio, enraizado en la creación, enfrenta hoy desafíos significativos que la Iglesia aborda con una propuesta desde la fe.
La distinción y complementariedad: un reflejo de la imagen de Dios
La Sagrada Escritura establece el fundamento de esta enseñanza en el libro del Génesis: “Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó” (Génesis 1, 27). Este pasaje revela que la diferencia sexual no es un detalle secundario, sino una dimensión esencial de la imagen de Dios en la humanidad. Saliendo al paso de una tendencia común en nuestros días tenemos que recordar que hablar de distinción no significa necesariamente hablar de oposición, en realidad en el campo de los seres humanos implica complementariedad, es decir forma parte de su llamado a la comunión. El Papa Francisco, nos dice: “No sólo el hombre en su individualidad es imagen de Dios, no sólo la mujer en su individualidad es imagen de Dios, sino también el hombre y la mujer, como pareja, son imagen de Dios” (Papa Francisco, Audiencia General, 15 de abril de 2015). A semejanza de Dios que es comunión de personas divinas, también el hombre y la mujer están llamado a vivir este estilo de vida, la dimensión esponsal del ser humano parte de este llamado a la comunión así nos lo enseña la fe de la Iglesia “el hombre y la mujer están hechos ‘el uno para el otro’: no que Dios los hubiese creado ‘a medias’ e ‘incompletos’; los creó para una comunión de personas” (Catecismo de la Iglesia Católica n. 372).
El segundo relato de la creación (Gn 2) refuerza esta idea al narrar la creación de la mujer: “No es bueno que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él que le ayude” (Génesis 2, 18). Tras presentar al hombre los animales, Dios crea a la mujer de su costilla, y él exclama: “Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne” (Génesis 2, 23). El Papa Francisco interpreta este pasaje diciendo: “La mujer no es una ‘réplica’ del hombre; viene directamente del gesto creador de Dios” (Papa Francisco, Audiencia General, 22 de abril de 2015). Esta afirmación resalta la originalidad de la mujer, que no es subordinada ni derivada, sino co-partícipe en la misma dignidad humana. Juntos, hombre y mujer están llamados a ser “una sola carne” (Génesis 2, 24). La Sagrada Escritura usa la expresión “ayuda idónea” que traduce el hebreo “ezer kenedgo” (כְּנֶגְדּֽוֹ׃ עֵ֖זֶר) un texto que se utilizar para hablar en otras ocasiones sobre el auxilio divino por ejemplo: “…dijo Moisés: El Dios de mi padre me auxilió y me libró de la espada del faraón” (Ex 18, 4) o también “Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo” (Sal 33, 20); por lo que el tipo de ayuda no es una cuestión sin importancia sino fundamental, tiene un gran peso.
Esta complementariedad se manifiesta también en la diversidad de dones que hombre y mujer aportan. El Papa Francisco destaca que “la diferencia entre hombre y mujer no es para la contraposición o la subordinación, sino para la comunión y la generación, siempre a imagen y semejanza de Dios” (Papa Francisco, Audiencia General, 15 de abril de 2015). Esta visión rechaza cualquier interpretación que vea la diferencia como una fuente de conflicto o desigualdad, proponiendo en cambio una reciprocidad que enriquece a ambos y al mundo. Así, la pareja humana se convierte en un signo visible del amor creador, reflejando la armonía y la fecundidad que Dios desea para su creación.
La distinción y complementariedad no sólo se dan a nivel biológico van más allá, por ejemplo a nivel psicológico veamos un poco un resumen de lo que John Grey especialista en terapia familiar escribe en un libro titulado “Los hombres son de Marte, las mujeres son de venus”, el busca perfilar las características generales que habitualmente distinguen a los hombres y mujeres y que al no ser valoradas pueden interferir en la relación de pareja:
- Forma de Comunicación: Los hombres tienden a ser directos y enfocarse en resolver problemas cuando hablan, mientras que las mujeres disfrutan compartir sus sentimientos para conectar emocionalmente. Por ejemplo, si una mujer cuenta un problema, el hombre podría ofrecer una solución rápida, pero ella podría buscar solo empatía, lo que a veces genera malentendidos.
- Manejo del Estrés: Los hombres buscan la soledad para procesar el estrés, necesitando espacio para pensar. Las mujeres, en cambio, prefieren hablar de sus preocupaciones con otros para aliviarse, buscando apoyo emocional. Esta diferencia puede hacer que ella perciba el hecho que el se retire como desinterés.
- Necesidades Emocionales: Los hombres quieren ser respetados y valorados por sus logros, mientras que las mujeres buscan amor y comprensión. Para él, la confianza en su capacidad es una muestra de amor; para ella, ser escuchada con atención lo es.
- Respuesta a los Problemas: Los hombres intentan «arreglar» los problemas rápidamente, lo que puede frustrarlos si no lo logran. Las mujeres prefieren que las escuchen sin interrupciones, y una solución inmediata puede hacerlas sentir incomprendidas.
- Expresión de Emociones: Los hombres son menos verbales y muestran afecto con acciones (como reparar algo), mientras que las mujeres expresan emociones hablando y buscan conversaciones para conectar.
- Motivaciones Principales: Los hombres se motivan por el éxito y la independencia; las mujeres, por la armonía y la cooperación. Esto afecta cómo abordan las relaciones: él podría priorizar resolver un conflicto rápido, y ella, mantener la conexión emocional.
- Forma de Amar: Los hombres demuestran amor con actos prácticos y se sienten amados con espacio. Las mujeres lo hacen con cuidado y palabras, y se sienten amadas con atención y escucha.
- Reacción ante el Conflicto: Los hombres tienden a callarse o retirarse para evitar tensiones, necesitando tiempo para procesar. Las mujeres quieren hablar de inmediato para restaurar la armonía, lo que puede generar roces si no hay entendimiento mutuo.
- Visión del Compromiso: Los hombres valoran el compromiso, pero temen perder autonomía. Las mujeres lo ven como seguridad emocional y base para la intimidad.
- Forma de Procesar el Amor: Los hombres expresan amor con acciones prácticas y pueden subestimar las palabras. Las mujeres usan palabras y gestos de cuidado, valorando la afirmación verbal como esencial.
Desafíos contemporáneos: la crisis de la alianza entre hombre y mujer
En el mundo actual, esta visión teológica enfrenta serios cuestionamientos. El Papa Francisco observa que “la cultura moderna y contemporánea ha introducido muchas dudas y mucho escepticismo” sobre la diferencia sexual (Papa Francisco, Audiencia General, 15 de abril de 2015). Uno de los principales desafíos es la ideología de género, que pretende anular la diferencia sexual entre hombres y mujeres reduciéndolo todo a una construcción psicológica creada por la sociedad. En lugar de valorar la riqueza de la distinción entre hombre y mujer, estas corrientes tienden a homogeneizar las identidades, lo que debilita la posibilidad de una comunión auténtica.
El Catecismo de la Iglesia Católica ofrece un marco para entender este desafío al enseñar que “la diferencia y la complementariedad físicas, morales y espirituales están orientadas a los bienes del matrimonio y al desarrollo de la vida familiar” (n.2333). Negar esta diferencia, como sugiere la ideología de género, equivale a rechazar el plan de Dios para la familia y la sociedad. Además, “cada uno de los dos sexos es, con una igual dignidad, aunque de manera distinta, imagen de la potencia y de la ternura de Dios” (Catecismo de la Iglesia n. 2335).
Pensemos por ejemplo como en la educación de los hijos las llamadas teorías del apego a nivel psicológico subrayan la importancia de la presencia física de la madre para el niño en los primero 4 años de desarrollo, al inicio no sólo depende en esa primera fase de ella por el factor de la lactancia, también en el contacto físico con su cuerpo mientras lo carga le ayuda a regular los niveles de cortisol (la hormona del estrés) para el cual su cerebro y sistema nervioso aún no está del todo listo por su edad, de hecho por eso se dice que la madre ayuda a procesar las emoción negativa de tristeza pero también ayuda al niño a ser compasivo con los otros eventualmente mostrándole poco a poco a compartir y jugar; un padre colabora por ejemplo a la educación de las emociones como el entusiasmo y la agresividad, potencia el sentido explorador de los hijos de modo que se aventuren a conocer más su entorno y desarrollar sus capacidades haciendo proyectos creativos juntos o fomentando actividades deportivas o ayudando a establecer límites claros sobre ciertas manifestaciones de agresión.
Otro desafío señalado por el Papa Francisco es la “crisis de confianza colectiva en Dios… el relato bíblico, con la gran pintura simbólica sobre el paraíso terrestre y el pecado original, nos dice precisamente que la comunión con Dios se refleja en la comunión de la pareja humana y la pérdida de la confianza en el Padre celestial genera división y conflicto entre hombre y mujer” (Papa Francisco, Audiencia General, 15 de abril de 2015). Esta desconfianza se manifiesta en actitudes como el machismo, la cosificación del cuerpo femenino o la competencia entre los sexos, que distorsionan la relación mutua. ¿Cómo podemos vivir una vida matrimonial como sacramento si el fundamento sobrenatural que es la relación con Dios no está bien? El pecado pervierte nuestra visión de la realidad y termina corrompiendo a hombres y mujeres, la sexualidad no instrumento de fines hedonistas sino un don de Dios
“El pecado genera desconfianza y división entre el hombre y la mujer. Su relación se verá asechada por mil formas de abuso y sometimiento, seducción engañosa y prepotencia humillante, hasta las más dramáticas y violentas. La historia carga las huellas de todo eso. Pensemos, por ejemplo, en los excesos negativos de las culturas patriarcales. Pensemos en las múltiples formas de machismo donde la mujer era considerada de segunda clase. Pensemos en la instrumentalización y mercantilización del cuerpo femenino en la actual cultura mediática. Pero pensemos también en la reciente epidemia de desconfianza, de escepticismo, e incluso de hostilidad que se difunde en nuestra cultura —en especial a partir de una comprensible desconfianza de las mujeres— respecto a una alianza entre hombre y mujer que sea capaz, al mismo tiempo, de afinar la intimidad de la comunión y custodiar la dignidad de la diferencia.” (Papa Francisco 22 de abril de 2015)
El llamado de la Iglesia: redescubrir la belleza del plan de Dios
La Iglesia tiene la misión de la renovación de la visión del hombre y la mujer y su relación de un modo especial desde el matrimonio, dar testimonio de que esta alianza es expresión de comunión de vida que se fundamenta en el amor de Dios Este testimonio no es solo una defensa teórica, sino una vivencia concreta que transforma la sociedad. Dice el Papa: “La tierra se colma de armonía y de confianza cuando la alianza entre hombre y mujer se vive bien” (Audiencia General 15 de abril de 2015.), destacando el impacto global de esta relación sana.
El Papa Francisco hace un llamado urgente a no abandonar este tema: “La desvalorización social de la alianza estable y generativa del hombre y la mujer es ciertamente una pérdida para todos” (Papa Francisco, Audiencia General, 22 de abril de 2015). Esta alianza, vivida en el matrimonio y la familia, es esencial para el bien común, como afirma el Catecismo: “La familia es la célula original de la vida social” (Catecismo de la Iglesia Católica 2207). Proteger y promover esta relación es, por tanto, una tarea que trasciende lo privado y se convierte en un servicio a la humanidad.
Además, el Papa invita a valorar el aporte único de cada sexo, especialmente el “genio femenino”. Él señala: “No hemos comprendido aún en profundidad cuáles son las cosas que nos puede dar el genio femenino, las cosas que la mujer puede dar a la sociedad y también a nosotros: la mujer sabe ver las cosas con otros ojos que completan el pensamiento de los hombres” (Papa Francisco, Audiencia General, 15 de abril de 2015). Este reconocimiento no solo enriquece la relación entre hombre y mujer, sino que abre caminos de creatividad y colaboración en la Iglesia y el mundo.
El santo Padre nos invita a educar a las nuevas generaciones en la belleza de la complementariedad. El Papa Francisco exhorta a las familias, escuelas y comunidades a ser espacios donde se viva y transmita esta verdad, superando prejuicios y heridas del pasado.
3. Edificación espiritual (Actuar)
¿Cómo podemos, en nuestras familias y comunidades, valorar y vivir la diferencia entre hombres y mujeres como un don que refleja la imagen de Dios?
¿Qué pasos concretos podemos dar para contrarrestar las culturas que desvalorizan la diferencia sexual o promueven la contraposición entre los sexos?
¿Cómo transmitimos a otros la belleza de la complementariedad entre hombre y mujer, para fomentar un ambiente de confianza y armonía?
¿Qué acciones podemos tomar para apoyar a las parejas en su vocación de vivir su relación como un reflejo del amor de Dios?
IMG: Vitral de la Catedral de Le Mans