Preparándonos para la Semana Santa

A medida que nos acercamos a la Semana Mayor, todos estamos llamados a vivir un tiempo especial de gracia y renovación espiritual. En este contexto, el examen de conciencia se convierte en una herramienta esencial para prepararnos, ayudándonos a crecer en nuestra relación con Dios y a responder al llamado de santidad que resuena con fuerza en este tiempo de cuaresma. La vida cristiana es un camino dinámico: avanzamos hacia Dios o nos alejamos de Él, y este ejercicio nos permite mantener el rumbo hacia la Pascua, el corazón de nuestra fe.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que “la vida espiritual no se reduce al solo tiempo de la liturgia” (n. 2031). Esto significa que, incluso en nuestra rutina diaria, estamos invitados a cultivar nuestra alma. El examen de conciencia nos ayuda a hacerlo, poniéndonos en la presencia de Dios para conocernos mejor y alinearnos con su voluntad, especialmente ahora que el Año Jubilar 2025 nos ofrece una oportunidad para recibir la indulgencia plenaria y renovar nuestro compromiso cristiano mientras vamos como “peregrinos de esperanza”.

El Examen Práctico: Un Compañero Diario hacia la Semana Santa

Veamos dos tipos de autoexamen, el primero, el examen práctico. Éste es un hábito sencillo pero poderoso que podemos integrar en nuestra vida cotidiana como laicos. Se realiza en tres momentos del día: por la mañana, a mitad de la jornada y al final. Al empezar el día, nos ponemos ante Dios y hacemos una resolución concreta, por ejemplo, vivir la paciencia o vencer el egoísmo, virtudes esenciales para prepararnos para la Semana Santa. Podemos inspirarnos en las palabras de Jesús en el Evangelio: “Velad y orad para que no caigáis en tentación; el espíritu está pronto, pero la carne es débil” (Mt 26, 41, Biblia de Jerusalén). Este “examen preventivo” nos prepara para enfrentar las pruebas del día con la fuerza de la oración.

A mediodía y al cerrar la jornada —quizás durante un momento de silencio en casa o en la iglesia—, revisamos cómo hemos vivido nuestra resolución. ¿Hemos sido fieles? ¿Dónde hemos fallado? Una pregunta sencilla puede guiarnos: “¿Dónde está mi corazón ahora?”. Como dice el Salmo 139, “Sondéame, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos” (Sal 139, 23). Este “golpe de vista” al alma nos ayuda a detectar si nuestro corazón está inclinado hacia Dios o distraído por las preocupaciones del mundo. Al identificar lo que nos aleja de Él, hacemos un acto de contrición y renovamos nuestro propósito, confiando en su misericordia.

Este ejercicio no requiere mucho tiempo, pero sí constancia. En el Año Jubilar, cuando la Iglesia nos invita a la conversión, practicarlo diariamente nos prepara para vivir la Semana Santa con un corazón más puro, listo para celebrar la victoria de Cristo sobre el pecado.

El Examen General: Una Mirada Amplia para el Jubileo

El segundo tipo de autoexamen es el examen general. Éste nos ofrece una visión más profunda de nuestra vida espiritual. Es ideal para hacerlo antes de la confesión, un sacramento que cobra especial relevancia en estos días como preparación hacia la pascua. Podemos estructurarlo de diferentes maneras: revisando nuestras relaciones —con Dios, con los demás y con nosotros mismos; meditando en los mandamientos o reflexionando en las virtudes y los vicios que se les oponen. El Catecismo nos enseña que “el conocimiento de nuestras faltas es una gracia” (n.1458), porque nos abre al perdón y a la transformación.

Un modo práctico de hacerlo, inspirado en San Ignacio de Loyola, incluye cinco pasos:

  1. Dar gracias a Dios: Recordemos sus dones —la vida, la familia, la fe— y agradezcámoslos, como dice la Escritura: “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios” (1 Tes 5, 18).
  2. Pedir luz: Supliquemos al Espíritu Santo que nos muestre nuestras faltas con claridad y amor.
  3. Examinar nuestra jornada: Reflexionemos sobre pensamientos, palabras y acciones, preguntándonos qué sentimientos los acompañaron. ¿Actué con amor o con egoísmo?
  4. Pedir perdón: Con humildad, acudamos a la misericordia de Dios, confiando en que “si confesamos nuestros pecados, fiel y justo es Él para perdonarnos” (1 Jn 1, 9).
  5. Proponernos mejorar: Hagamos una resolución concreta para el próximo día, pidiendo la gracia de vivirla.

Este examen nos ayuda a ver nuestra vida como una historia de salvación, no solo como una lista de errores. En el contexto del Jubileo 2025, nos prepara para recibir las gracias abundantes que Dios ofrece, nos sitúa en el horizonte de la esperanza de una vida distinta, que se va conformando cada vez más con el modelo de todo bautizado que es Cristo Jesús.

Un Camino de Gratitud y Conversión

El examen de conciencia va más allá de señalar pecados; nos educa para vivir con transparencia y gratitud. Nos invita a mirar nuestra vida como un reflejo del amor de Dios, que nos llama a ser “santos e inmaculados en su presencia” (Ef 1, 4). En esta cuaresma, es una herramienta para responder al llamado universal a la santidad que el Concilio Vaticano II dirigió a todos los fieles ya que nos mueve a vivir la perfección de la caridad.

A medida que nos acercamos a la Semana Santa 2025, hagamos del examen de conciencia un hábito diario que eventualmente derive en la Confesión oportuna. Que cada pequeño paso nos configure más con Cristo, quien en la Cruz nos mostró el amor más grande. Así, con un corazón agradecido y vigilante, podremos celebrar el misterio pascual y el Año Jubilar como una verdadera renovación de nuestra vida cristiana.