Una nueva vida

Queridos hermanos, ¡qué alegría nos reúne esta noche para celebrar la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte! Este cirio pascual, encendido con el fuego nuevo, brilla como un signo de la presencia viva de Jesús Resucitado. Él ilumina nuestro camino, nos llena de vida y nos asegura que, como peregrinos hacia la patria eterna, caminamos con una esperanza que nunca defrauda. La vida nueva que Cristo vive hoy, ¡también podemos comenzarla nosotros ahora!

La Pascua es un tiempo de renovación, un momento para levantarnos y empezar de nuevo. Si alguna vez hemos caído, si nos hemos alejado del Señor o sentimos que hemos perdido el rumbo, esta noche nos dice que no hay razón para quedarnos en la oscuridad. Con la gracia de Dios, siempre podemos dar un paso adelante. No se trata de borrar el pasado ni de fingir que nada pasó, sino de acoger una nueva realidad, una vida transformada por la luz del Resucitado.

El Jueves Santo hablamos de la importancia de asumir la vida con un horizonte vocacional es decir vivir una vida con propósito, iluminada por el mandamiento del amor y alimentada por la Eucaristía. El Viernes Santo pusimos ante la cruz nuestras victorias, nuestras luchas y nuestras súplicas por quienes se han alejado. Hoy, en la alegría de la Pascua, quiero invitarlos a un reto hermoso: ¡vivir una vida santa! Una vida unida a Cristo, en comunión con su Iglesia, que no solo nos libra de la muerte, sino que nos hace crecer en amor, fe y esperanza.

Vivimos en un mundo con desafíos. Aunque hemos visto mejoras en nuestra sociedad, sabemos que persisten heridas profundas, como la desintegración familiar, que alimentan problemas como la delincuencia, las adicciones o la búsqueda de una vida superficial. Pero la Pascua nos ofrece una respuesta: apostar por la santidad y redescubrir el valor de la familia según el plan de Dios, ¡porque vale la pena luchar por ella, incluso en tiempos que parecen contrarios!

A quienes han caminado juntos como pareja, pero aún no han dado el paso del matrimonio, los invito no sólo a formalizar la relación sino a descubrir en este sacramento una fuente de gracia que renueve su amor y lo haga ocasión de bendición para ustedes mismos y para los demás. A quienes han enfrentado el dolor del abandono o luchan solos por sacar adelante a sus hijos, la Pascua los llama a vivir con coherencia cristiana, a transmitir la fe con fuerza y a sanar las heridas del pasado para que la historia no se repita, sino que se transforme en bendición.

Hoy en día muchos hombres y mujeres adultos están apostando por una cercanía más estrecha al Señor, eso me llena de alegría, hermanos también ustedes pueden cultivar una amistad fuerte con Jesús, no crean que porque ya paso la edad de la pastoral juvenil ahora toca “lidiar con la vida” como quien vive resignado a “lo que me tocó”, en esta nueva etapa con un poco más de madurez humana has de redescubrir la presencia del Resucitado que también te transforma y colma los anhelos del corazón.

A nuestros jóvenes, los invito a soñar en grande. No se dejen atrapar por la mentalidad mundana que promete felicidad en el individualismo o en placeres pasajeros. Cultiven amistades santas, noviazgos cristianos y un amor verdadero que les dé paz y los haga crecer. No teman ilusionarse con el proyecto de una familia, un hogar, un futuro por el que valga la pena luchar. Y si sienten el llamado de Dios a la vida consagrada o al sacerdocio, escuchen su voz con valentía. La vida nueva de Cristo es un río de gracia que se manifiesta de muchos modos.

A nuestros hermanos mayores, quiero decirles que la Pascua también ilumina su camino. Los achaques y desafíos de la edad no tienen la última palabra. En la oración, los sacramentos, la comunidad y las expresiones de piedad popular, el Resucitado está presente, no solo como consuelo, sino como fuente de una vida nueva que los llena de sentido y alegría.

Y a nuestros niños, ¡qué importante es su alegría! La resurrección de Jesús brilla en cada sonrisa, en cada gesto amable, en cada palabra que anima a los demás. Ustedes, pequeños, son un reflejo de la alegría pascual que transforma el mundo.

Hermanos, esta noche la Pascua nos llama a levantarnos y caminar con Cristo Resucitado. No importa quiénes seamos, cuántos años tengamos o qué hayamos vivido: la luz de Cristo nos alcanza y nos invita a vivir con esperanza, amor y la certeza de que Él siempre está con nosotros. Que esta Vigilia Pascual marque un nuevo comienzo para nuestra comunidad: renovemos nuestra fe, fortalezcamos nuestras familias y construyamos juntos un futuro lleno de la vida que solo Cristo nos da. Que María, Madre de la Esperanza, nos guíe en este camino. ¡Salgan de esta noche con el corazón encendido, como este cirio, y lleven la alegría de la resurrección a todos! ¡Feliz Pascua!

IMG: Fresco de la Gloria de Cristo Resucitado de Guido Renni