🌿 Día 8 – La alegría infantil en la voluntad de Dios

📖 Isaías 66,13

“Como uno a quien consuela su madre, así os consolaré yo; en Jerusalén hallaréis consuelo.”

Desde su infancia espiritual, Teresita descubrió que el consuelo divino puede brotar de los gestos más humildes. En su autobiografía cuenta relata la alegría “infantil” que sintió cuando se le asignó el papel de hermana espiritual de un seminarista destinado a la misión:

“Imposible, Madre, decirle la dicha que sentí. El ver mi deseo colmado de manera inesperada hizo nacer en mi corazón una alegría que yo llamaría infantil, pues tengo que remontarme a los días de mi niñez para encontrarme con el recuerdo de unas alegrías tan intensas que el alma es demasiado pequeña para contenerlas. Hacía muchos años que no saboreaba esta clase de felicidad. Sentía que, en ese aspecto, mi alma estaba sin estrenar. Era como si alguien hubiese pulsado por primera vez en ella unas cuerdas musicales hasta entonces olvidadas.” (MsC 32r)

Ese «pulsar de cuerdas» es una imagen tierna: Dios toca el corazón al hacernos sentir profundamente pequeños… y amados. La infancia espiritual no se basa en la ingenuidad, sino en la capacidad de asombrarse y alegrarse con la bondad de Dios. Teresita nos enseña que el consuelo del Señor puede ser tan íntimo y tierno como un niño que ríe al sentirse abrazado por su madre. Cuando renunciamos a controlarlo todo y nos abrimos con sencillez, dejamos espacio para que Dios toque las fibras más delicadas de nuestra alma… y la haga resonar con su alegría.

Hoy, cuando te sientas insignificante, fatigado o vacío, recuerda la promesa del profeta: Dios nos consuela como madre. Abre tu corazón y pregúntate: ¿dónde puedo sentir ese “pulsar de cuerdas”? Allí, en lo sencillo, descubrirás el abrazo de nuestro Dios y Señor

Preguntas para orar:

¿He sentido recientemente ese consuelo tierno de Dios?

¿A qué pequeños signos de su amor he cerrado mis ojos?

¿Cómo puedo responder hoy con alegría a su ternura?