📖 Santiago 5,16
“La oración ferviente del justo tiene mucho poder.”
Santa Teresita, con su intuición espiritual tan luminosa, cita a Arquímedes para mostrar la grandeza de la oración:
“Un sabio decía: ‘Dadme una palanca y un punto de apoyo, y levantaré el mundo’. Lo que Arquímedes no pudo lograr […] los santos lo lograron en toda su plenitud. El Todopoderoso les dio un punto de apoyo: Él mismo. Y una palanca: la oración, que abrasa con fuego de amor.” (Manuscrito C, 36vo)
Ella entendía que no hacen falta grandes obras externas para cambiar el mundo: basta una vida oculta y ardiente de amor, sostenida por la oración que mueve el corazón de Dios.
En su infancia espiritual, Teresita se consideraba pequeña, sin influencia, sin fuerza humana. Pero creía firmemente en la fuerza de la oración. Sabía que una plegaria dicha con amor y confianza podía alcanzar más que el activismo o la visibilidad. Su Carmelo, lejos del mundo, se transformaba así en un punto de apoyo desde el cual levantaba almas, misiones, corazones. No necesitaba viajar para evangelizar, porque la oración lo abarcaba todo.
Hoy, tú también puedes tomar esa palanca. Quizá no tengas medios, visibilidad ni reconocimiento… pero tienes acceso a Dios. Puedes orar. Puedes encender el fuego del amor en tu oración diaria, sencilla, confiada. Allí, en lo escondido, donde sólo el Padre ve, estarás colaborando con la obra más grande: la redención del mundo.
Preguntas para orar:
¿Creo verdaderamente en el poder de la oración?
¿Qué “mundos” deseo levantar con esta palanca espiritual?
¿Dedico un tiempo diario a orar con amor y confianza?