🌿 Día 22 – Echar pajitas al fuego

📖 Romanos 12,11

“En el fervor del espíritu, servid al Señor.”

Santa Teresita enseña en su carta a Celina una de las verdades más profundas de su espiritualidad: el amor se demuestra y alimenta con pequeñas acciones, especialmente en los momentos de sequedad o de oscuridad interior.

«Cuando estamos en tinieblas, en sequedades, la leña no se encuentra a nuestro alcance; pero ¿no tendremos que echar en él al menos unas pajitas? Jesús es lo bastante poderoso para alimentar Él solo el fuego; sin embargo, le gusta vernos echar en él algo que lo alimente. Es éste un detalle que le agrada, y entonces arroja Él al fuego mucha leña. A Él nosotras no le vemos, pero sentimos la fuerza del calor del amor. Yo lo he visto por experiencia: cuando no siento nada, cuando soy INCAPAZ de orar y de practicar la virtud, entonces es el momento de buscar pequeñas ocasiones, naderías que agradan a Jesús más que el dominio del mundo e incluso que el martirio soportado con generosidad. Por ejemplo, una sonrisa, una palabra amable cuando tendría ganas de callarme o de mostrar un semblante enojado, etc., etc. ¿Comprendes, Celina querida? No es para labrar mi corona, para ganar méritos, es por agradar a Jesús… Cuando no tengo ocasiones, quiero al menos decirle muchas veces que le amo. Esto no resulta difícil, y alimenta el fuego; aun cuando me pareciese que está apagado ese fuego del amor, me gustaría echar en él alguna cosa, y Jesús podría entonces reavivarlo. Celina, temo no haber dicho lo que debiera. Tal vez pienses que yo hago siempre esto que digo. Pues no, no siempre soy fiel. Pero no me desanimo nunca, me abandono en los brazos de Jesús.» (Cta 143, 18 de julio de 1893)

Cuando el alma no siente consuelo, cuando orar cuesta o parece inútil, no hay que esperar grandes oportunidades: basta con echar al fuego algunas «pajitas», pequeños gestos de amor, renuncias ocultas, sonrisas ofrecidas por Cristo. A Jesús no le impresionan los grandes actos visibles, sino esos detalles invisibles que sólo Él ve y que nacen de un corazón fiel.

En su humildad, Teresita reconoce que no siempre logra ser fiel a esto, pero añade una enseñanza preciosa: no se desanima nunca. Cuando cae, se levanta confiando; cuando no siente amor, dice con más fuerza que ama. Y aunque el fuego parezca apagado, ella sigue echando lo que tiene, con la certeza de que Jesús mismo reavivará la llama. Esta actitud nos libera del perfeccionismo espiritual: no se trata de “sentir” siempre fervor, sino de permanecer en el amor a pesar del vacío, de la sequedad, del cansancio. Jesús se goza más en esta perseverancia que en las grandes gestas de los santos.

Este caminito es profundamente humano y profundamente divino: nos permite seguir adelante aun cuando estamos rotos o secos por dentro. Alimentar el fuego del amor con pequeñas pajitas es decirle a Jesús: “No tengo nada que darte, pero te doy mi fidelidad, mi intención, mi sonrisa”. Es precisamente cuando más difícil resulta, cuando esos gestos pequeños alcanzan más valor en el Corazón de Dios. Teresita nos recuerda que ser santo no es no fallar, sino no desanimarse jamás.

Preguntas para orar:

¿Qué pequeñas “pajitas” puedo ofrecer hoy a Jesús en medio de mi cansancio o desánimo?

¿Cómo reacciono cuando no siento nada en la oración o en la vida espiritual?

¿Estoy dispuesto a amar a Jesús más allá de las sensaciones, solo por agradarle?