Catequesis Pequeñas Comunidades y Comunidades Eclesiales de Base
Tema: “La Transmisión de la Fe en la Familia”
Fecha: 01 de mayo de 2025
Frase: “La familia que responde a la llamada de Jesús vuelve a entregar la dirección del mundo a la alianza del hombre y de la mujer con Dios.” (Francisco, 2 de septiembre de 2015)
1. Celebración de la Palabra (Ver)
Estos son los preceptos, los mandatos y decretos que el Señor, vuestro Dios, me mandó enseñaros para que los cumpláis en la tierra en cuya posesión vais a entrar, a fin de que temas al Señor, tu Dios, tú, tus hijos y tus nietos, observando todos sus mandatos y preceptos, que yo te mando, todos los días de tu vida, a fin de que se prolonguen tus días. Escucha, pues, Israel, y esmérate en practicarlos, a fin de que te vaya bien y te multipliques, como te prometió el Señor, Dios de tus padres, en la tierra que mana leche y miel. Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Estas palabras que yo te mando hoy estarán en tu corazón, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca como un signo, serán en tu frente una señal; las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portales. Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra que había de darte, según juró a tus padres, Abrahán, Isaac y Jacob, con ciudades grandes y ricas que tú no has construido, casas rebosantes de riquezas que tú no has llenado, pozos ya excavados que tú no has excavado, viñas y olivares que tú no has plantado, y comas hasta saciarte, guárdate de olvidar al Señor que te sacó de Egipto, de la casa de esclavitud (Dt. 6, 1-12)
¿Cómo se vive la fe en las familias de nuestro vecindario? ¿Qué prácticas o tradiciones ayudan a transmitir la fe?
2. Catequesis (Juzgar)
Hoy reflexionaremos sobre el papel central de la familia como espacio privilegiado para transmitir la fe, inspirados por las palabras del Papa Francisco y las enseñanzas de la Iglesia. En un mundo donde la fe a menudo es cuestionada o relegada, las familias cristianas, especialmente en contextos de periferia urbana como en los que vivimos nosotros, tienen la misión de ser «Iglesias domésticas» que irradien el amor y la esperanza de Dios. Exploraremos tres dimensiones clave: la familia como Iglesia doméstica, la sabiduría de los afectos como lenguaje de la fe, y el testimonio familiar como luz para la comunidad.
La familia como «Iglesia doméstica»
El Catecismo de la Iglesia Católica describe a la familia cristiana como una «iglesia doméstica» un lugar sagrado donde la fe se vive, se enseña y se comparte de manera natural. Dice textualmente:
En nuestros días, en un mundo frecuentemente extraño e incluso hostil a la fe, las familias creyentes tienen una importancia primordial en cuanto faros de una fe viva e irradiadora. Por eso el Concilio Vaticano II llama a la familia, con una antigua expresión, «Ecclesia domestica» (LG 11; cf. FC, 21). En el seno de la familia, «los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y con su ejemplo, y han de fomentar la vocación personal de cada uno y, con especial cuidado, la vocación a la vida consagrada» (LG 11). (Catecismo de la Iglesia Católica n. 1656)
Consideremos cómo es nuestro ambiente, pensemos en las familias que enfrentan retos como la precariedad económica con muchas personas que posiblemente ganan el salario mínimo, el alto costo de la vivienda y la canasta básica, la falta de tiempo por dedicarse al trabajo o al sólo hecho de desplazarse de un lugar, hasta la influencia de valores contrarios a la fe, es ahí donde redescubrir esta vocación de “ser Iglesia” es más crucial que nunca.
Los padres, abuelos y otros miembros de la familia son los primeros catequistas de los hijos, no solo a través de palabras, sino con el ejemplo de una vida cristiana coherente. Por ejemplo, en nuestra parroquia, una madre que reza el rosario con sus hijos antes de dormir, o un padre que lleva a su familia a misa dominical a pesar de un largo día de trabajo, están construyendo un hogar donde la fe florece.
Aquí resuenan aquellas palabras que leíamos en al inicio: «Y estas palabras que yo te mando hoy estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.» (Dt 6, 6-7). Este mandato no exige grandes gestos, sino constancia en lo cotidiano: una oración breve en la mesa, una conversación sobre Jesús camino a la escuela, o un momento para dar gracias por las bendiciones del día. En la periferia, donde la vida puede ser una lucha diaria, estas prácticas sencillas son un testimonio poderoso de fe.
San Juan Pablo II nos recuerda que los padres de familia ejercen un verdadero ministerio al servicio de la Iglesia y del mundo cuando educan a sus hijos, es más de la dignidad misma del sacramento del matrimonio brota la gracia que les acompaña en este proceso.
Para los padres cristianos la misión educativa, basada como se ha dicho en su participación en la obra creadora de Dios, tiene una fuente nueva y específica en el sacramento del matrimonio, que los consagra a la educación propiamente cristiana de los hijos, es decir, los llama a participar de la misma autoridad y del mismo amor de Dios Padre y de Cristo Pastor, así como del amor materno de la Iglesia, y los enriquece en sabiduría, consejo, fortaleza y en los otros dones del Espíritu Santo, para ayudar a los hijos en su crecimiento humano y cristiano.
El deber educativo recibe del sacramento del matrimonio la dignidad y la llamada a ser un verdadero y propio «ministerio» de la Iglesia al servicio de la edificación de sus miembros. Tal es la grandeza y el esplendor del ministerio educativo de los padres cristianos, que santo Tomás no duda en compararlo con el ministerio de los sacerdotes: «Algunos propagan y conservan la vida espiritual con un ministerio únicamente espiritual: es la tarea del sacramento del orden; otros hacen esto respecto de la vida a la vez corporal y espiritual, y esto se realiza con el sacramento del matrimonio, en el que el hombre y la mujer se unen para engendrar la prole y educarla en el culto a Dios»[101].
La conciencia viva y vigilante de la misión recibida con el sacramento del matrimonio ayudará a los padres cristianos a ponerse con gran serenidad y confianza al servizio educativo de los hijos y, al mismo tiempo, a sentirse responsables ante Dios que los llama y los envía a edificar la Iglesia en los hijos. Así la familia de los bautizados, convocada como iglesia doméstica por la Palabra y por el Sacramento, llega a ser a la vez, como la gran Iglesia, maestra y madre. (Familiaris Consortio n. 38)
La sabiduría de los afectos: el lenguaje de la fe
El Papa Francisco nos invita a reconocer la «sabiduría de los afectos» que se aprende en la familia como el «lenguaje a través del cual Dios se hace comprender por todos» (Francisco, 2 de septiembre de 2015). En el hogar, el amor entre padres e hijos, los gestos de cuidado, las reconciliaciones tras un conflicto, reflejan el amor de Dios. Este amor, vivido con autenticidad, es una catequesis viva que toca el corazón más que cualquier discurso.
«Queridos, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.» (1 Jn 7, 7-8)
En nuestra, donde las familias a menudo enfrentan carencias materiales, el amor gratuito y sacrificado—como compartir lo poco que se tiene con un vecino o perdonar una ofensa—se convierte en un reflejo del amor divino. Por ejemplo, una abuela que cuenta historias de la Virgen María a sus nietos mientras tejen juntos, o unos padres que ayudan a sus hijos a rezar por un familiar enfermo, están enseñando la fe a través del lenguaje del amor.
En la familia, la caridad cristiana se manifiesta en los pequeños gestos diarios que, aunque parezcan insignificantes, construyen un ambiente donde la fe puede arraigar. En nuestras comunidades, podemos preguntarnos: ¿cómo el amor que vivimos en casa está ayudando a nuestros hijos, hermanos o nietos a conocer a Dios?
El testimonio familiar como luz para la comunidad
El Papa Francisco nos desafía a imaginar un mundo donde las familias cristianas, al vivir la fe, transformen la sociedad: «La familia que responde a la llamada de Jesús vuelve a entregar la dirección del mundo a la alianza del hombre y de la mujer con Dios» (Francisco, 2 de septiembre de 2015). En un contexto urbano de periferia, donde la «desertificación comunitaria» (la falta de amor y conexión) puede sentirse con fuerza, las familias tienen el poder de ser faros de esperanza.
Sabemos que la familia es la célula de la vida social, base de la fraternidad y la solidaridad. Una familia que reza junta, que participa en la parroquia, que ayuda a los necesitados, no solo fortalece su fe interna, sino que inspira a otros a acercarse a Dios. Pensemos en el bien que hacen los rosarios del mes de mayo, las procesiones, o tantos eventos que se planifican y que integran a los hermanos. Haciendo de los miembros de la familia auténticos testigos del Evangelio. La integración de estas relaciones da nacimiento a lo que se conoce como la virtud de la piedad, cuando las familias la viven, su testimonio trasciende el hogar y toca a toda la comunidad, mostrando que la fe es una fuerza transformadora.
Desafíos y esperanzas en la periferia
Transmitir la fe en un entorno de periferia no está exento de dificultades. La presión económica, la falta de tiempo, las distracciones de los medios o la influencia de valores materialistas pueden hacer que la fe parezca secundaria. Sin embargo, estas dificultades no son insuperables. El Papa Francisco nos anima a confiar en la fuerza del Espíritu Santo, que «traerá el alegre desorden a las familias cristianas, y la ciudad del hombre saldrá de la depresión» (Francisco, 2 de septiembre de 2015).
En nuestras comunidades, podemos apoyarnos mutuamente para superar estos retos. Por ejemplo, compartir recursos como Biblias, guías de oración o materiales catequéticos; organizar talleres para padres sobre cómo enseñar la fe a los hijos; o crear espacios donde las familias puedan reunirse para rezar y reflexionar juntas. Estas iniciativas no requieren grandes recursos, sino corazones abiertos y dispuestos a colaborar.
3. Edificación espiritual (Actuar)
¿Cómo podemos apoyar a otras familias de la parroquia en su labor de educar en la fe?
¿Cómo nuestra comunidad nos ha ayudado en la transmisión de la fe a nuestros hijos?
¿Cómo podemos seguir transmitiendo la fe a los hijos adultos?
¿Qué prácticas podemos implementar en nuestras familias para transmitir la fe?
¿Qué rol pueden jugar los niños y jóvenes en la transmisión de la fe?