Día 11 – Saúl: el rey que no supo obedecer

Introducción

Saúl fue el primer rey de Israel, elegido en un tiempo en que el pueblo pedía un líder “como las naciones vecinas” (1 Sam 8,5). Su reinado comenzó con promesa y valentía, pero terminó marcado por la desobediencia y la envidia. Su vida nos recuerda que la verdadera grandeza no está en el poder, sino en la obediencia humilde a Dios. “La obediencia vale más que los sacrificios” (1 Sam 15,22).

¿Qué nos dice la Sagrada Escritura?

Saúl era de la tribu de Benjamín, un joven apuesto y fuerte. Fue ungido por el profeta Samuel como primer rey de Israel (1 Sam 10,1). Al inicio, mostró humildad y valentía: liberó a Jabés de los amonitas y obtuvo victorias contra los filisteos. Sin embargo, pronto comenzaron sus fallos. En lugar de esperar al profeta, ofreció sacrificios por su cuenta (1 Sam 13,9-14), mostrando impaciencia y desconfianza. Más tarde, desobedeció el mandato de Dios al no destruir por completo a los amalecitas y quedarse con parte del botín (1 Sam 15,9). Esto provocó que el Señor lo rechazara como rey. Su envidia hacia David fue su caída más notoria: viendo en él al elegido de Dios, lo persiguió obsesivamente hasta el final de sus días. Murió derrotado en batalla contra los filisteos, cayendo sobre su propia espada (1 Sam 31,4).

¿Qué lecciones podemos sacar?

a) Cristológicas

La historia de Saúl subraya que el reinado verdadero no es fruto de la ambición humana, sino del designio divino. Su fracaso abre el camino para David, figura del Mesías. Realmente con la figura de Saúl aprendemos por contarios ya que en Jesús, descendiente de David, descubrimos como se comporta el auténtico Rey, no busca poder, sino servicio, y cuya obediencia perfecta al Padre nos trae la salvación. A diferencia de Saúl, Cristo no se guio por la envidia ni la desobediencia, sino por la humildad hasta la cruz.

b) Moral-espiritual

La vida de Saúl nos invita a examinar nuestro corazón: ¿buscamos el reconocimiento humano más que la obediencia a Dios? Su historia muestra cómo la envidia y la desconfianza pueden arruinar la misión recibida. Nos anima a pedir al Señor un corazón humilde, capaz de obedecer y confiar incluso cuando no comprendemos. A diferencia de Saúl, estamos llamados a crecer en libertad interior, sin dejarnos dominar por la inseguridad o el miedo.

“El rey Saúl fue elegido rey por el Señor no para que tuviese una dinastía duradera en el trono, sino por la dureza y maldad del corazón del pueblo, y para su corrección, no porque le fuera útil; así dice aquella sentencia de la Escritura santa, refiriéndose a Dios: Hace reinar a un hombre hipócrita por la perversidad del pueblo. Al ser Saúl un hombre de tal condición, perseguía a David, en el que Dios había prefigurado el reino de la salvación eterna, y a quien había elegido para permanecer en su descendencia; de hecho el que iba a ser nuestro Rey, el Rey de los siglos, con el cual habremos de reinar eternamente, vendría de la estirpe de David según la carne. Dios, pues, eligió, preeligió y predestinó a David al trono; pero no quiso que reinase antes de ser liberado de sus perseguidores; y así también en esto nos simbolizase a nosotros, es decir al cuerpo cuya Cabeza es Cristo. Ahora bien, si nuestra misma Cabeza no quiso reinar en el cielo, sino después de concluir sus padecimientos en la tierra, ni quiso elevar a las alturas el cuerpo que había tomado aquí abajo, sino por el camino del sufrimiento, ¿cómo van a esperar sus miembros la posibilidad de ser más afortunados que la Cabeza?”

(San Agustín, Enarraciones sobre los salmos 51, 1)

c) Doctrina social

El reinado de Saúl refleja los peligros del poder cuando se ejerce sin obediencia a Dios y sin sentido de servicio. Su envidia y autoritarismo trajeron división y dolor a Israel. Hoy nos recuerda que la autoridad civil, social o eclesial solo es legítima cuando busca el bien común y se mantiene fiel a la justicia. Saúl es advertencia para líderes de todos los tiempos: el poder sin obediencia y sin servicio degenera en tiranía.

Cita clave

 “La obediencia vale más que los sacrificios” (1 Sam 15,22).

Oración

Señor Jesús, verdadero Rey obediente al Padre, líbranos de la envidia, la desconfianza y la soberbia. Haznos servidores fieles en las tareas que nos confías, para que construyamos comunidades de paz y justicia según tu voluntad. Amén.

IMG «Saúl persigue a David» del Guercino