Introducción
Salomón fue el sucesor del rey David y el encargado de consolidar el reino de Israel en su máximo esplendor. Famoso por su sabiduría, pidió a Dios no riquezas ni poder, sino un corazón dócil para gobernar a su pueblo con justicia. Su vida muestra luces de grandeza, pero también sombras de infidelidad.
¿Qué nos dice la Sagrada Escritura?
Hijo de David y Betsabé, Salomón fue ungido rey en Jerusalén (1 Re 1,39). Muy joven, al inicio de su reinado tuvo un sueño en el que Dios le ofreció pedir lo que quisiera. Él pidió sabiduría para gobernar, y el Señor se la concedió junto con riquezas y honor (1 Re 3,5-14). Su juicio más célebre fue el de las dos mujeres que reclamaban al mismo niño, donde demostró discernimiento y justicia (1 Re 3,16-28). Salomón construyó el Templo de Jerusalén, signo de la presencia de Dios en medio de su pueblo (1 Re 6). Durante su reinado, Israel alcanzó prosperidad y reconocimiento internacional: reyes y reinas, como la reina de Sabá, venían a escuchar su sabiduría (1 Re 10).
Sin embargo, al final de su vida su corazón se desvió: permitió cultos idolátricos por influencia de sus esposas extranjeras (1 Re 11,4-6). Esto provocó división y debilitamiento en el reino, mostrando la fragilidad humana incluso en los grandes líderes.
¿Qué lecciones podemos sacar?
a) Cristológicas
El Templo de Salomón, prefigura a Cristo, que es el verdadero Templo de Dios, presencia viva del Padre en medio de los hombres (Jn 2,21). Mientras Salomón pidió sabiduría, en Cristo se cumple la plenitud de la Sabiduría divina, que se entrega no solo en palabras, sino en la cruz. Jesús es más que Salomón (Mt 12,42), porque no solo enseña la verdad, sino que Él mismo es la Verdad y la Vida.
b) Moral-espiritual
La vida de Salomón nos enseña a pedir lo esencial: un corazón dócil que sepa discernir y gobernar la propia vida. Muchas veces buscamos éxito, dinero o reconocimiento, pero la verdadera sabiduría es escuchar la voz de Dios y ponerla en práctica. Al mismo tiempo, su caída nos advierte del peligro de alejarnos de Dios cuando el corazón se deja seducir por los ídolos del poder, el placer o la comodidad. Nos invita a mantenernos fieles hasta el final.
“Cuando el corazón comienza a debilitarse, no es como una situación de pecado: si cometes un pecado, te das cuenta enseguida: «He hecho este pecado», está claro. El debilitamiento del corazón es un camino lento, por el que voy resbalando poco a poco, poco a poco, poco a poco… Y Salomón, apoltronado en su gloria, en su fama, comenzó a seguir ese camino.
(Papa Francisco, Homilía Santa Marta 8 de febrero de 2018)
Paradójicamente, es mejor la claridad de un pecado que la debilidad del corazón. El gran rey Salomón acabó corrompido: «tranquilamente corrompido», porque su corazón se había debilitado. Y un hombre o una mujer con el corazón débil o debilitado, es una mujer o un hombre derrotado. Ese es el proceso de tantos cristianos, de muchos de nosotros. «No, yo no cometo pecados gordos». Pero, ¿cómo está tu corazón? ¿Es fuerte? ¿Sigues fiel al Señor, o te resbalas lentamente?
c) Doctrina social
Salomón nos recuerda que el liderazgo debe ejercerse con sabiduría y justicia, buscando siempre el bien común. El buen gobernante es aquel que escucha, discierne y sirve. Su figura interpela a nuestros líderes actuales a no dejarse llevar por intereses egoístas, sino a ejercer el poder como responsabilidad. “Con sabiduría se edifica la casa, con inteligencia se afianza” (Prov 24,3).
Cita clave
📖 “Dame un corazón dócil para gobernar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal” (1 Re 3,9).
Oración
Señor Jesús, Sabiduría eterna del Padre, enséñanos a buscar no riquezas ni honores, sino un corazón dócil y sabio para vivir según tu voluntad. Haz que los líderes de nuestro tiempo gobiernen con justicia, y que nosotros construyamos nuestra vida sobre la roca de tu amor. Amén.
IMG: «El juicio de Salomón» de Nicolás Poussin