*Apuntes (IA) – Curso Santo Tomás de Aquino II en Academia Dominicana
Introducción
Con esta nueva etapa nos adentramos en una de las obras más monumentales del pensamiento cristiano: la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino. Comprender su método, su estructura y sus intenciones originales es indispensable para nuestra vida dominicana, académica y espiritual. La Suma no es un simple manual, sino un compendio que reúne los fundamentos de la fe católica con un orden y claridad admirables.
Tomás mismo lo resumía en una frase clave que ilumina toda su obra:
“Considero como el principal deber de mi vida para con Dios esforzarme para que mi lengua y todos mis sentidos hablen de Él”.
La Suma Teológica fue precisamente el medio privilegiado para cumplir esa misión: exponer la verdad de la fe, dilucidar las cuestiones de su tiempo y ofrecer respuestas que siguen siendo válidas hoy.
Contexto histórico y fuentes de Santo Tomás
La redacción de la Suma se sitúa aproximadamente entre 1265 y 1273, en un tiempo en que la Iglesia y el Imperio buscaban unidad y poder, mientras nuevas corrientes filosóficas irrumpían en las universidades. Tomás, formado en París bajo la guía de San Alberto Magno, bebió de diversas fuentes:
- Aristóteles, cuya filosofía empezaba a ser conocida en Occidente.
- Dionisio Areopagita, con su teología de los nombres divinos.
- La ética a Nicómaco, como referencia antropológica y moral.
- La Sagrada Escritura, que siempre fue su fuente principal.
Es crucial subrayar que la Biblia es la base de toda la Suma. Tomás comentaba ampliamente pasajes de Jeremías, Isaías y otros textos, apoyándose también en la tradición patrística y en el Libro de las Sentencias de Pedro Lombardo, obra que había estudiado y comentado en profundidad.
Composición y finalidad de la obra
La Suma Teológica no surgió de una sola vez, sino a lo largo de varios años y en distintos lugares (París, Italia). Su finalidad no era acumular teoría, sino ofrecer una exposición ordenada de la doctrina cristiana, accesible tanto a los estudiantes de teología como a los no cristianos que se enfrentaban a los misterios de la fe.
Podemos verla como el catecismo medieval: un texto sistemático, pedagógico y abierto al diálogo con las corrientes intelectuales de su tiempo. No se trataba de excluir ni humillar a los adversarios, sino de buscar la verdad con paciencia, mostrando la razonabilidad de la fe.
Estructura metodológica
La Suma hereda y perfecciona el método escolástico. Conviene recordar tres elementos fundamentales:
La Sagrada Escritura (sacra pagina): base de toda teología.
Las Sentencias: recopilaciones de comentarios patrísticos sobre la Biblia.
Las Cuestiones: formulación de problemas teológicos a partir de la Escritura y sus comentarios, que daban lugar a diálogos, disputas y síntesis.
A cada cuestión se añadían artículos, es decir, subdivisiones que analizaban los distintos aspectos del problema, siempre con objeciones, respuestas y soluciones. Este método dialógico permite a Tomás mostrar los argumentos contrarios y conducirlos hacia una comprensión más profunda de la verdad.
En números:
- 119 cuestiones en la primera parte.
- 114 en la primera parte de la segunda.
- 189 en la segunda parte de la segunda.
- 90 en la tercera parte (interrumpida por su muerte).
En total, 512 cuestiones, aunque con los suplementos posteriores superaron el millar.
El problema del título y la autoría
Originalmente, la obra no tenía un título definitivo. Se le conoció con diversos nombres: Suma de teología del hermano Tomás de Aquino, Prima pars, Liber primus, etc. Solo con el tiempo quedó consolidado el título de Suma Teológica.
En cuanto a la autoría, aunque Tomás no concluyó la obra —se detuvo en la cuestión 90 de la tercera parte, sobre el sacramento de la penitencia—, la genialidad del método y del contenido es plenamente suya. Sus discípulos, actuando como amanuenses y recopiladores, completaron los sacramentos faltantes y los tratados sobre los novísimos mediante el llamado Suplemento.
Conclusión
La Suma Teológica no es simplemente un monumento intelectual, sino una escuela viva de pensamiento, diálogo y fe. En ella aprendemos que la teología no consiste en acumular saber, sino en buscar la verdad de Dios para iluminar la vida de la Iglesia y del mundo.
Como escribió el propio Tomás:
“Una disputa es magistral en las escuelas no porque rechace el error, sino porque instruye a los oyentes para inducirlos a la inteligencia de la verdad”.
En la próxima sesión estudiaremos con más detalle la estructura interna de la obra, sus divisiones y el sentido de cada una de sus partes.