Introducción
San Esteban fue uno de los siete diáconos elegidos para servir a la comunidad en Jerusalén (Hch 6,1-6). Destacó por su fe, sabiduría y fortaleza en el Espíritu Santo. Su martirio, narrado en los Hechos de los Apóstoles, lo convierte en el primer cristiano que entregó la vida confesando a Cristo. “Señor Jesús, recibe mi espíritu” (Hch 7,59).
¿Qué nos dice la Sagrada Escritura?
Esteban aparece como hombre lleno de gracia y poder, que realizaba grandes prodigios entre el pueblo. Su predicación encendió la oposición de ciertos grupos, que lo acusaron falsamente de blasfemia. Llevado ante el Sanedrín, pronunció un discurso que recordaba la historia de Israel y denunciaba la resistencia a la acción de Dios (Hch 7). Furiosos, sus acusadores lo apedrearon fuera de la ciudad. Mientras moría, Esteban fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha del Padre, y pronunció palabras semejantes a las del Señor en la cruz: entregó su espíritu y pidió perdón para sus verdugos. Su testimonio iluminó la Iglesia naciente y marcó la conciencia de Saulo, futuro apóstol Pablo.
¿Qué lecciones podemos sacar?
a) Cristológicas
La muerte de Esteban revela la unión profunda entre Cristo y sus discípulos. Lo que Jesús vivió en su pasión se actualiza en el testimonio de su mártir: la entrega del espíritu al Padre y el perdón de los enemigos. Esteban es signo de la victoria de Cristo resucitado, que se hace presente en su Iglesia y sostiene a quienes lo confiesan. Su mirada al cielo abierto proclama que Jesús es Señor glorificado, sentado a la derecha del Padre.
b) Moral-espiritual
Esteban nos invita a vivir una fe valiente, capaz de dar testimonio incluso en la adversidad. Su serenidad frente a la violencia brota de la certeza de estar en las manos de Dios. Nos enseña a no responder al mal con odio, sino con el perdón que transforma. En nuestras luchas cotidianas, podemos aprender de él a fijar la mirada en Cristo resucitado, para encontrar fuerza, esperanza y paz en medio de las pruebas.
«Los que sufren por Cristo gozan de la gloria de toda la Trinidad. Esteban vio al Padre y a Jesús situado a su derecha, porque Jesús se aparece sólo a los suyos, como a los Apóstoles después de la Resurrección. Mientras el campeón de la fe permanecía sin ayuda en medio de los furiosos asesinos del Señor, llegado el momento de coronar al primer mártir, vio al Señor, que sostenía una corona en la mano derecha, como si le animara a vencer la muerte y para indicarle que Él asiste interiormente a los que van a morir por su causa. Revela por lo tanto lo que ve, es decir, los Cielos abiertos, cerrados a Adán y vueltos a abrir solamente a Cristo en el Jordán, pero abiertos también después de la Cruz a todos los que conllevan el dolor de Cristo, y en primer lugar a este hombre. Observad que Esteban revela el motivo de la iluminación de su rostro, pues estaba a punto de contemplar esta visión maravillosa. Por eso se mudó en la apariencia de un ángel, a fin de que su testimonio fuera más fidedigno»
(San Efrén, Catena armenia super Acta, ad loc.).
Doctrina social
El testimonio de Esteban muestra que la fe cristiana tiene una dimensión pública que puede confrontar injusticias. Su palabra profética recuerda que el pueblo de Dios no debe cerrarse al Espíritu ni absolutizar estructuras religiosas o sociales. Su martirio interpela a las comunidades cristianas a ser voz de la verdad y la justicia, aun cuando eso implique incomprensión o persecución. Nos recuerda que la Iglesia debe estar siempre abierta a la acción del Espíritu y dispuesta a defender la dignidad humana.
Cita clave
“Señor Jesús, recibe mi espíritu” (Hch 7,59).
Oración
Señor Jesús, que sostuviste a Esteban en su martirio, concédenos la fortaleza de vivir nuestra fe con valentía. Enséñanos a perdonar como él perdonó, y a ser testigos de tu amor en medio de las dificultades. Amén.
IMG: «Lapidación de san Esteban» de Rembrandt