Creados por amor, llamados a la libertad y a la responsabilidad

Tema 1

La Doctrina Social de la Iglesia se comprende adecuadamente solo cuando se parte del plan de Dios sobre la creación. Dios no creó el mundo ni al ser humano por casualidad, sino según un designio lleno de sentido, cuyo hilo conductor es el amor. Todo lo que existe procede de una intención sabia y buena: que el ser humano viva en relación con Dios, con los demás y con la creación, aprendiendo a amar como ha sido amado. Dios es el origen y el fundamento de todo lo que existe; todo depende de Él y hacia Él se orienta. Por eso, la existencia humana no es absurda ni autosuficiente, sino abierta a un fin último. Esta visión es decisiva para la vida social, porque solo cuando la persona se reconoce creada por amor puede comprender su dignidad y la de los demás, fundamento de toda convivencia justa.

Desde esta verdad se derivan consecuencias concretas para la vida moral y social. Si Dios es el creador, entonces es también el criterio del bien y de la justicia. En Él se descubre qué significa vivir bien, obrar rectamente y construir una sociedad verdaderamente humana. La vida social no se apoya solo en acuerdos funcionales o intereses comunes, sino en una orientación inscrita en lo más profundo de la persona, una “ley interior” que impulsa hacia el amor, la justicia, la solidaridad y el bien común. La Doctrina Social de la Iglesia no propone un sistema ideológico, sino un camino coherente con la verdad del ser humano tal como ha sido querido por Dios, capaz de sostener una convivencia más fraterna y responsable.

Al mismo tiempo, el ser humano experimenta su fragilidad. No se ha dado la vida a sí mismo, es finito y vive en un mundo marcado por el sufrimiento, la injusticia y el pecado. Sin embargo, en su interior permanece un deseo de plenitud, una apertura al infinito que atraviesa todas las culturas. Dios creó el mundo bueno, pero el rechazo de su amor introdujo el desorden en la historia. Aun así, Dios respeta la libertad humana, porque solo en la libertad es posible amar de verdad. Esta libertad implica riesgo y responsabilidad, pues el ser humano puede orientar su vida hacia el bien o desviarse de él; pero implica también la posibilidad de volver a Dios, de dejarse reconciliar y de ser nuevamente reunido por Él en la gran familia de su Iglesia. Desde aquí se comprende que la libertad humana no rompe la vida social, sino que, sanada y orientada por el amor, la edifica y la renueva.

Así, la Doctrina Social de la Iglesia nace del reconocimiento de que el ser humano ha sido creado por amor, es libre y, precisamente por ello, responsable del mundo que construye, llamado no al aislamiento, sino a la comunión

IMG: Alegoría de los efectos del buen gobierno de Ambrosio Lorenzetti