Tema 2
La Doctrina Social de la Iglesia nos recuerda que Dios no abandona nunca al ser humano, ni siquiera cuando este se ha alejado personal o comunitariamente. Su amor no se agota ni se cansa; busca, llama y espera. Esta verdad no sostiene solo la esperanza individual, sino también la esperanza histórica y social. La historia de los pueblos no queda clausurada por el pecado, la violencia o la injusticia, porque Dios continúa tomando la iniciativa y ofreciendo caminos de conversión y de vida nueva. Desde esta perspectiva, la sociedad no está condenada al conflicto permanente ni al deterioro moral inevitable, sino abierta a una renovación real cuando se deja interpelar por el amor de Dios.
Este amor se hace accesible porque Dios se revela. Aunque la razón humana puede intuir su existencia y descubrir principios éticos fundamentales, solo Dios puede manifestar plenamente su verdadero rostro. Y lo ha hecho no enviando una idea abstracta, sino haciéndose hombre en Jesucristo. En Él, Dios se deja conocer de manera definitiva y concreta. Jesús es el lenguaje vivo de Dios, la forma en que el amor divino entra en la historia humana, ilumina la dignidad de toda persona y ofrece un criterio último para comprender las relaciones sociales. La revelación cristiana muestra que el ser humano no es un individuo aislado, sino un ser llamado a la comunión, a la responsabilidad y al cuidado del otro.
La revelación provoca siempre una respuesta. El pueblo de Israel la expresó entrando en alianza y recibiendo los Diez Mandamientos como camino de vida buena y como fundamento de una convivencia social justa. En ellos se encuentran también principios de ley natural, es decir, aquellas orientaciones morales inscritas en la conciencia de todo ser humano, que permiten reconocer lo que es justo y digno incluso más allá de la fe explícita. Como recuerda el Magisterio,
«En todas las culturas se dan singulares y múltiples convergencias éticas, expresiones de una misma naturaleza humana, querida por el Creador, y que la sabiduría ética de la humanidad llama ley natural» (Benedicto XVI, Caritas in Veritate n. 59).
En Cristo, esta respuesta alcanza su plenitud en el mandamiento nuevo del amor, que no se reduce a una actitud privada, sino que da origen a una auténtica civilización del amor. Desde él se ordena la vida social según la dignidad de cada persona, la búsqueda del bien común, la justicia, la verdad y la caridad. Así, la Doctrina Social de la Iglesia no es un añadido posterior a la fe, sino una consecuencia directa de la revelación de Dios, que llama a vivir el amor tanto hacia el prójimo concreto como hacia la comunidad entera.