La Doctrina Social de la Iglesia: origen, tarea y misión

La misión Social de la Iglesia 1/3

La Doctrina Social de la Iglesia nace del Evangelio y de la misión salvadora de Cristo, porque el ser humano es creado para la comunión y la vida social. Desde la Revelación bíblica, Dios manifiesta su interés por un orden justo que haga posible una vida digna para todos, interés que alcanza su plenitud en Jesucristo, quien une inseparablemente justicia y amor. Históricamente, esta enseñanza se formula de manera explícita a partir de la encíclica Rerum novarum, cuando la Iglesia responde a las nuevas injusticias surgidas con la industrialización, reafirmando que la fe no puede quedar recluida en el ámbito privado, sino que debe iluminar la vida social.

Como parte de la teología moral, la Doctrina Social orienta la acción personal y comunitaria a la luz de la fe y de la razón. Sus tareas fundamentales son proponer los compromisos sociales que brotan del Evangelio y de la dignidad humana, y denunciar las estructuras sociales, económicas y políticas que se oponen a la justicia y al amor al prójimo. Esta reflexión no es ideológica, sino profundamente evangélica, y tiene su principio interior en la caridad, que da unidad y sentido a la justicia y a la solidaridad, haciendo de la Iglesia una voz profética en defensa de los más débiles.

La Doctrina Social forma parte inseparable de la misión de la Iglesia, junto con la liturgia, la proclamación del Evangelio y la caridad entendida como amor activo al prójimo. Evangelizar implica trabajar por una sociedad más justa, sin reducir la misión eclesial a lo meramente social ni separarla de la fe. De este modo, la acción social cristiana es signo histórico y anticipación del Reino, cuyo cumplimiento pleno sigue siendo don de Dios.

“Con su doctrina social, la Iglesia se hace cargo del anuncio que el Señor le ha confiado. Actualiza en los acontecimientos históricos el mensaje de liberación y redención de Cristo, el Evangelio del Reino. La Iglesia, anunciando el Evangelio, « enseña al hombre, en nombre de Cristo, su dignidad propia y su vocación a la comunión de las personas; y le descubre las exigencias de la justicia y de la paz, conformes a la sabiduría divina »

En cuanto Evangelio que resuena mediante la Iglesia en el hoy del hombre,la doctrina social es palabra que libera. Esto significa que posee la eficacia de verdad y de gracia del Espíritu de Dios, que penetra los corazones, disponiéndolos a cultivar pensamientos y proyectos de amor, de justicia, de libertad y de paz. Evangelizar el ámbito social significa infundir en el corazón de los hombres la carga de significado y de liberación del Evangelio, para promover así una sociedad a medida del hombre en cuanto que es a medida de Cristo: es construir una ciudad del hombre más humana porque es más conforme al Reino de Dios.” (Compendio DSI n.63)

-Dinámica: recorrido por la Doctrina Social de la Iglesia

  • Se repartirán entre los miembros de la comunidad los distintos documentos de la Doctrina Social.
    Para ello, pueden cortar la página y entregar un documento a cada persona o grupo pequeño.
  • Cada uno leerá su texto y luego compartirá brevemente de qué trata y qué llamado hace para la vida cristiana y la sociedad.
  • Mientras se escucha a todos, se irán ordenando los documentos en una línea de tiempo, para descubrir cómo la Iglesia ha iluminado la realidad social a lo largo de la historia.

1. Rerum novarum (1891) – León XIII

“De las cosas nuevas” alude a los profundos cambios sociales provocados por la Revolución Industrial, el crecimiento acelerado de las ciudades obreras y la explotación laboral sin protección jurídica. En un mundo marcado por la pobreza de los trabajadores y la expansión de ideologías materialistas, León XIII afirma la dignidad inviolable de la persona humana creada por Dios. Defiende el derecho al trabajo digno, al salario justo, a la asociación obrera y a la propiedad privada, entendida no como un absoluto, sino subordinada al bien común y a la justicia social. Rechaza tanto el socialismo, que niega la libertad y la iniciativa personal, como el liberalismo económico que absolutiza el mercado y desatiende la responsabilidad moral. Este documento inaugura la Doctrina Social moderna al mostrar que el Evangelio ilumina también la economía y la organización social. La Iglesia aparece como madre que protege a los pobres y como maestra que orienta la justicia, recordando que la paz social nace del reconocimiento del valor espiritual del ser humano y de la responsabilidad moral compartida.

2. Quadragesimo anno (1931) – Pío XI

“Cuarenta años después” retoma y profundiza la enseñanza de León XIII en un contexto mundial herido por la Primera Guerra Mundial, la crisis económica de 1929 y el ascenso de los totalitarismos ideológicos. Pío XI observa la creciente concentración del poder económico en manos de pocos grupos y la manipulación de las masas por sistemas políticos opresivos. Frente a ello formula con claridad el principio de subsidiariedad, según el cual las instancias superiores deben sostener y coordinar sin sustituir la iniciativa de personas, familias y comunidades intermedias. Denuncia tanto el capitalismo carente de control moral como el colectivismo que anula la libertad humana. Propone un orden social cristiano basado en la justicia, la cooperación entre las clases y la orientación de la economía al bien común. La cuestión social se presenta como una realidad moral que exige conversión personal y estructural. La Iglesia ofrece así una visión cristiana de la sociedad donde la autoridad se entiende como servicio y la economía se subordina a la dignidad humana.

3. Mater et magistra (1961) – San Juan XXIII

“Madre y maestra” describe la misión de la Iglesia en un mundo transformado por el progreso tecnológico, la industrialización del campo, la descolonización y las crecientes desigualdades entre naciones ricas y pobres. Juan XXIII amplía la Doctrina Social hacia una dimensión internacional, subrayando que el desarrollo económico debe ir inseparablemente unido al progreso moral y espiritual. Aborda la situación del mundo rural, la justicia en las relaciones económicas y la responsabilidad del Estado en la promoción del bien común. Introduce con fuerza la necesidad de leer los “signos de los tiempos” y llama a la participación social, a la solidaridad entre los pueblos y a la cooperación internacional. La Iglesia acompaña la historia humana ofreciendo la luz del Evangelio para orientar el progreso, recordando que la auténtica civilización no se mide solo por la riqueza material, sino por la dignidad de la persona y la fraternidad entre los pueblos.

4. Pacem in terris (1963) – San Juan XXIII

“Paz en la tierra” surge en el contexto de la Guerra Fría y de la amenaza nuclear que hacía temer una destrucción global. Ante este clima de inseguridad, Juan XXIII propone una paz fundada en la verdad, la justicia, el amor y la libertad, principios inscritos por Dios en la ley natural y en la conciencia humana. Desarrolla de manera sistemática la doctrina de los derechos y deberes de la persona, afirmando que la convivencia social solo es auténtica cuando respeta la dignidad de todos. Por primera vez una encíclica se dirige explícitamente a toda la humanidad, invitando al diálogo entre pueblos y sistemas políticos. La paz aparece como una obra moral antes que militar. La Iglesia ofrece un camino de reconciliación basado en la ley natural iluminada por el Evangelio, convirtiendo este texto en una referencia universal para la construcción de un orden internacional más humano.

5. Populorum progressio (1967) – San Pablo VI

“El progreso de los pueblos” responde a un mundo marcado por la brecha entre países industrializados y naciones en vías de desarrollo tras los procesos de descolonización. Pablo VI afirma que el desarrollo auténtico debe ser integral, es decir, de todo el hombre y de todos los hombres, abarcando dimensiones materiales, culturales, sociales, morales y espirituales. Denuncia las estructuras económicas injustas que generan pobreza, dependencia y exclusión, así como el consumismo que deshumaniza. Llama a la solidaridad internacional como exigencia de la fraternidad cristiana y afirma que el desarrollo es el nuevo nombre de la paz, pues sin justicia social no puede haber convivencia estable. La Iglesia aparece como voz profética en defensa de los pueblos olvidados, ampliando definitivamente la Doctrina Social al ámbito mundial.

6. Laborem exercens (1981) – San Juan Pablo II

“Sobre el trabajo humano” se publica en un contexto de tensiones ideológicas entre capitalismo y comunismo, en el que el trabajador era frecuentemente reducido a un instrumento de producción. Juan Pablo II coloca el trabajo en el centro de la cuestión social y afirma que la persona es sujeto del trabajo, por lo que el trabajo tiene prioridad sobre el capital. Defiende los derechos laborales fundamentales, el salario justo, la asociación sindical y condiciones de trabajo dignas, iluminando todo desde la unión del trabajo humano con la cruz redentora de Cristo. El trabajo aparece como participación en la obra creadora de Dios y como camino de santificación. Esta encíclica, parte de una trilogía social, ofrece una profunda síntesis entre antropología cristiana y justicia social, recordando que la civilización del amor comienza cuando toda forma de trabajo respeta plenamente la dignidad de la persona humana.

7. Sollicitudo rei socialis (1987) – San Juan Pablo II

“Preocupación por la realidad social” conmemora los veinte años de Populorum progressio en un mundo dividido por tensiones ideológicas, desigualdades económicas y conflictos geopolíticos persistentes. Juan Pablo II analiza la deuda internacional, las nuevas formas de pobreza y la distancia creciente entre desarrollo tecnológico y justicia social. Introduce la solidaridad como virtud cristiana que compromete a personas, pueblos y estructuras históricas en la búsqueda del bien común. Denuncia también las estructuras de pecado que mantienen situaciones injustas y bloquean el desarrollo humano integral. Afirma que el verdadero progreso exige conversión moral, apertura a Dios y responsabilidad compartida. La opción preferencial por los pobres aparece como criterio permanente de discernimiento evangélico. La Iglesia invita a transformar relaciones económicas y políticas mediante la caridad vivida en comunidad. Así muestra que la cuestión social pertenece al corazón mismo de la evangelización y de la esperanza histórica cristiana.

8. Centesimus annus (1991) – San Juan Pablo II

“Cien años” celebra el centenario de Rerum novarum en un momento histórico decisivo tras la caída del comunismo en Europa oriental y la reconfiguración del orden mundial. Juan Pablo II reflexiona sobre libertad, democracia, economía de mercado y responsabilidad moral en una sociedad global en transformación. Reconoce aspectos positivos de la iniciativa económica cuando respeta la dignidad humana y el destino universal de los bienes. Advierte contra consumismo, individualismo y exclusión que generan nuevas pobrezas culturales y espirituales. Subraya el papel de la empresa, la sociedad civil y la participación responsable de los ciudadanos. Enseña que la libertad necesita verdad para no autodestruirse. Presenta una síntesis madura de la tradición social católica del siglo XX. Invita a construir una cultura de la vida fundada en responsabilidad, solidaridad y apertura a Dios. La Iglesia propone una civilización del amor donde economía, política y ética caminen juntas al servicio de toda persona humana.

9. Caritas in veritate (2009) – Benedicto XVI

“La caridad en la verdad” expresa la unión inseparable entre amor cristiano y verdad sobre el hombre en el contexto de la globalización acelerada y la crisis financiera internacional. Benedicto XVI analiza desarrollo, mercado, tecnología y cultura desde una visión teológica integral centrada en la persona humana. Enseña que el amor necesita la verdad para orientar auténticamente la vida social y política. Propone una economía abierta a la gratuidad, al don y a la fraternidad junto al mercado y al Estado. Afirma que el desarrollo humano integral exige apertura trascendente a Dios creador. Critica modelos que reducen al hombre a consumidor o productor. Invita a renovar instituciones internacionales según justicia y solidaridad universal. Presenta la doctrina social como anuncio de esperanza en medio de la incertidumbre histórica. Señala que sin Dios el progreso pierde su orientación verdaderamente humana y su sentido último de comunión y destino eterno.

10. Laudato si’ (2015) – Papa Francisco

“Alabado seas” toma su nombre del cántico de san Francisco de Asís y responde a la crisis ecológica global, el cambio climático y el sufrimiento de los pobres. Francisco presenta la ecología integral que une naturaleza, sociedad, economía, cultura y vida espiritual en una sola visión. Denuncia la cultura del descarte y el paradigma tecnocrático que reduce todo a utilidad. Afirma que el clamor de la tierra está inseparablemente unido al clamor de los pobres. Invita a una conversión ecológica personal y comunitaria que transforme estilos de vida y decisiones políticas. Propone sobriedad, solidaridad y contemplación agradecida del mundo creado. Destaca responsabilidad internacional en el cuidado de la casa común. La fe cristiana aparece como fuerza de esperanza que impulsa justicia ambiental. El documento promueve diálogo global y recuerda que la creación es don confiado al amor responsable del ser humano y orientado a la comunión universal.

11. Fratelli tutti (2020) – Papa Francisco

“Hermanos todos” expresa el llamado universal a la fraternidad y a la amistad social en medio de pandemia mundial, crisis económica y polarización cultural creciente. Francisco reflexiona sobre el valor del encuentro, el diálogo y la construcción del bien común. Critica nacionalismos cerrados, indiferencia global y modelos económicos que descartan a los más vulnerables. Propone una política entendida como servicio generoso orientado a la dignidad humana. Presenta la parábola del buen samaritano como icono de la vida social cristiana. Invita a reconocer que cada persona es hermano más allá de fronteras o religiones. Promueve el diálogo interreligioso como camino de paz y cooperación. Afirma que nadie se salva solo y que la libertad auténtica nace del amor solidario. La Iglesia ofrece su contribución espiritual para reconstruir la convivencia humana. El documento presenta la fraternidad como horizonte histórico querido por Dios para toda la humanidad.

12. Dilexi te (2025) – Papa León XIV

“Te he amado” remite al amor personal de Cristo por cada ser humano en un mundo herido por guerras, desigualdades sociales, migraciones masivas y profunda crisis espiritual. León XIV invita a volver al corazón del Evangelio como fuente de renovación personal y social. Enseña que la caridad no es sentimiento pasajero, sino fuerza histórica capaz de transformar estructuras injustas. Vincula la devoción al Corazón de Jesús con el compromiso concreto por los pobres y sufrientes. Afirma que la Iglesia anuncia esperanza cuando testimonia misericordia activa en la historia. Propone una espiritualidad que sane heridas individuales y colectivas. Recuerda que la doctrina social nace del amor redentor y conduce a la fraternidad universal. Concluye señalando que solo el amor recibido de Dios puede sostener una civilización verdaderamente humana, abierta a la comunión y orientada hacia la plenitud eterna del Reino.