MIRAR LA REALIDAD CON LOS OJOS DE CRISTO

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Aprender a ver para servir mejor

En la vida cotidiana muchas realidades pasan delante de los ojos sin llegar verdaderamente al corazón. El ritmo acelerado, la repetición y la costumbre pueden volver superficial la percepción de lo que sucede a nuestro alrededor. Sin embargo, el servicio cristiano comienza cuando se aprende a mirar de otra manera, dejando que la fe ilumine la inteligencia y el corazón. El Evangelio presenta a Jesús recorriendo pueblos y ciudades con una atención profunda a las personas concretas, y recuerda que «al ver a la muchedumbre, se compadeció de ella, porque estaban cansados y abatidos, como ovejas sin pastor» (Mt 9,36). Esta mirada revela que la acción pastoral nace de una forma de ver que discierne y no solo reacciona.

Mirar la realidad con los ojos de Cristo implica aprender a leerla en profundidad. No basta con percibir necesidades evidentes; es necesario comprender lo que las provoca y las sostiene. Esta mirada evita quedarse en la superficie de los hechos y ayuda a reconocer la complejidad de las situaciones humanas. De este modo, el servicio no se guía únicamente por la urgencia, sino por un discernimiento que busca caminos verdaderamente humanizadores. La fe educa así la inteligencia para unir compasión y verdad, sensibilidad y responsabilidad, evitando tanto la indiferencia como la improvisación.

Esta manera de mirar transforma también la relación con los problemas sociales. Se aprende que no todo tiene soluciones inmediatas y que muchas heridas requieren tiempo, acompañamiento y procesos compartidos. Mirar con los ojos de Cristo no es juzgar temerariamente ni poner etiquetas, sino acercarse desde la verdad y con misericordia: comprender la realidad sin justificar el mal pero comprometerse con esperanza en la búsqueda del bien. Esta actitud favorece una acción más prudente y más constante, orientada al bien común y no solo a la respuesta momentánea. La pastoral social se convierte entonces en un espacio donde la fe ayuda a interpretar la realidad y a actuar con mayor sabiduría.

Al mismo tiempo, esta mirada educa interiormente. Aprender a ver según Cristo forma la virtud de la prudencia, que permite elegir el bien posible en cada situación concreta. El corazón se vuelve más sensible, pero también más estable. Se aprende a sostener la cercanía sin perder el equilibrio interior, y a permanecer firmes aun cuando el sufrimiento interpela. De este modo, el servicio deja de depender del impacto emocional y se convierte en una respuesta madura, capaz de perseverar en el tiempo.

Aprender a mirar la realidad con los ojos de Cristo abre un camino de esperanza serena. No todo puede cambiarse, pero todo puede ser acompañado con verdad y amor. La misión no consiste en resolverlo todo, sino en ofrecer una presencia que ilumina y sostiene. Cada gesto realizado desde esta mirada contribuye a construir fraternidad. Como expresa con sencillez un canto popular: “Préstame, Señor, tus ojos para ver como ves Tú”

Preguntas para el diálogo en grupo

  • ¿Qué realidades de nuestra comunidad necesitan ser miradas con mayor atención y sensibilidad cristiana?
  • ¿Qué dificultades encuentro para mirar a las personas más allá de sus problemas o necesidades?
  • ¿Cómo podemos ayudarnos como grupo a discernir la realidad con los ojos de Cristo y no solo desde nuestras impresiones?