Notas utilizadas para dar un Curso básico de Teología Espiritual (Tema 11)
“…El enfoque de esta parte, de amplitud vastísima, es muy vario entre los autores. Algunos dividen la materia a base de las tres vías tradicionales: purgativa, iluminativa y unitiva, y en torno a ellas van describiendo el estado y principales características de las almas a medida que las van atravesando. Otros consideran estos tres períodos primero en la ascética y después en la mística, haciendo de cada una de ellas un camino distinto, que conduce igualmente-dicen- al a cumbre la perfección. Otros describen todo el proceso de la vida espiritual en torno a la vida de oración. Otros, finalmente, prescinden más o menos del orden cronológico en que pueden producirse los fenómenos, para agrupar en secciones homogéneas los principales medios de santificación.
Todos los procedimientos- si prescindimos del segundo que nos parece del todo inadmisible-tienen sus ventajas inconvenientes. La ventaja principal de los que siguen el proceso de las tres vías tradicionales es que se acercan más a los hechos, tal como suelen producirse en la realidad. Pero tiene el serio inconveniente de aislar demasiado esos tres aspectos de la vida espiritual, que en la práctica nunca forman departamentos estancos e irreductibles, sino que se compenetran y complementan de tal suerte que en cualquier momento o etapa de la vida espiritual encuentran aspectos de purificación, iluminación y unión. De ahí las repeticiones inevitables y toque continuos de atención sobre puntos ya tratados a que se ven obligados esos autores.
Los que hacen girar todo el proceso de la vida espiritual en torno a los grados de oración se apoyan en la experiencia -que así lo confirma- y en un texto de san Pío X en el que expresamente se declara que hay una relación íntima entre los grados progresivos de oración que señala santa Teresa y el crecimiento en toda la vida espiritual. Pero tiene el inconveniente de dejar sin resolver muchos problemas concomitantes que van surgiendo a derecha a izquierda o de perder de vista los grados de oración si se quieren llenar esas lagunas.
Los que prefieren agrupar los asuntos por secciones homogéneas proceden con mucha claridad y evitan enojosas repeticiones. Pero se ven precisados a estudiar por separado cosas que en la vida real van íntimamente unidas.
En resumen: que no hay ni nos parece que pueda haber un método que reúna todas las ventajas y evite todos los inconvenientes. La vida espiritual es muy misteriosa y compleja, y ofrece en su desarrollo tan variados matices al combinarse la acción divina con la especial psicología de una determinada alma, que es empresa poco menos que imposible tratar de reducirla a esquemas y categorías humanas. El Espíritu Santo sopla donde quiere (Jn 3, 8) y lleva a cada alma por caminos muy distintos hasta la cumbre de la perfección. En realidad, puede decirse que cada alma tiene su propio camino, que nunca se repite del todo en ningún caso.
De todas formas, algún método hay que seguir para proceder con cierto orden y sobre todo con la máxima claridad posible en estas intrincadas cuestiones. Por eso, aun reconociendo sus inconvenientes y lamentando tener que incurrir en ellos por ser absolutamente inevitables, vamos a seguir el procedimiento de estudiar los asuntos por secciones homogéneas.” (Teología de la Perfección Cristiana p. 271-272)
“Cada alma -lo acabamos de recordar- siguen su propio camino hacia la santidad bajo la dirección e impulso supremo del Espíritu Santo. No hay dos fisonomías enteramente iguales en el cuerpo ni en el alma. Con todo, los maestros de la vida espiritual han intentado diversas clasificaciones atendiendo a las disposiciones predominantes de las almas, que no dejan de tener su utilidad al menos como punto de referencia para precisar el grado aproximado de vida espiritual en que se encuentra una determinada alma. Este conocimiento tiene mucha importancia en la práctica, ya que la dirección que hay que dar a un alma que camina por los primeros grados de la vida espiritual es muy distintas de la que conviene a almas más adelantas y perfectas.
Tres son, nos parece, las principales clasificaciones que se han propuesto a todo lo largo de la historia de la espiritualidad cristiana: la clásica de las tres vías: purgativa, iluminativa y unitiva; la del Doctor Angélico, a base de los tres grados de principiantes, aprovechados y perfectos (Cf. II-II, 24-9), y la de santa Teresa de Jesús en su genial Castillo interior o libro de las Moradas.
Reuniendo en una sola estas tres clasificaciones, nos parece que se puede proponer el siguiente cuadro esquemático de toda la vida cristiana:
En la ronda del castillo
- Ausencia total de vida cristiana
Son las almas de los pecadores endurecidos, que viven habitualmente en pecado, sin preocuparse de salir de él. La mayoría de ellos pecan por ignorancia o fragilidad, pero no faltan quienes se entregan al pecado por fría indiferencia y hasta por obstinada y satánica malicia. En algunos casos, ausencia total de remordimientos y voluntaria supresión de toda oración o recurso a Dios.
- Barniz cristiano
Pecado mortal.- Considerado como de poca importancia o fácilmente perdonable, se ponen imprudentemente en toda clase de ocasiones peligrosas y sucumben a cualquier tentación con la mayor facilidad.
Prácticas de piedad.- Misa dominical, omitida frecuentemente con pretextos fútiles; confesión anual -omitida a veces- hecha rutinariamente, sin espíritu interior, sin ánimo de salir definitivamente del pecado. A veces, algunas oraciones vocales sin atención sin verdadera piedad y pidiendo siempre cosas temporales: salud, riquezas, bienestar.
Vía purgativa: caridad incipiente
Cuando el alma comienza a desear con toda sinceridad vivir cristianamente entra en la vía purgativa o primer grado de caridad. Sus disposiciones fundamentales las describe santo Tomás con las siguientes palabras: “En el primer gado, la preocupación fundamental del hombre es la de apartarse del pecado y resistir a sus concupiscencias, que se mueven en contra de la caridad. Y esto pertenece a los incipientes, en los que la caridad ha de ser alimentada y fomentada para que no se corrompa” (Cf. STh II-II, 24, 9)
- Las almas creyentes (primeras moradas de santa Teresa)
Pecado mortal.- Débilmente combatido, pero sincero arrepentimiento y verdaderas confesiones. Con frecuencia, ocasiones peligrosas voluntariamente buscadas.
Pecado venial.- Ningún esfuerzo para evitarlo. Se le concede muy poca importancia.
Prácticas de piedad.- Las preceptuadas por la Iglesia. Algunas omisiones. A veces algunas prácticas de supererogación.
Oración.- Puramente vocal, pocas veces y con muchas distracciones humanas, de intereses temporales, rara vez de tipo espiritual.
- Las almas buenas (segundas moradas)
Pecado mortal.- Sinceramente combatido. A veces, sin embargo, ocasiones peligrosas, seguidas de alguna caída. Sincero arrepentimiento y pronta confesión.
Pecado venial.- A veces, plenamente deliberado. Lucha débil, arrepentimiento superficial, recaídas constante en la murmuración, etc.
Prácticas de piedad.- Frecuencia de sacramentos (primeros viernes, fiestas principales, etc.) A veces, misa diaria, pero con poca preparación. Rosario familiar, omitido con facilidad.
Oración.- Por lo general oraciones vocales. A veces algún rato de meditación, pero con poca fidelidad y muchas distracciones.
- Las almas piadosas (terceras moradas)
Pecado mortal.- Rarísima vez. Vivo arrepentimiento, confesión inmediata, precauciones para evitar las recaídas.
Pecado venial.- Misa y comunión diarias, pero con cierto espíritu de rutina. Confesión semanal, con escasa enmienda de los defectos. Rosario en familia. Visita al Santísimo. Vía crucis semanal, etc.
Oración.- Meditación diaria, pero sin gran empeño en hacerla bien. Muchas distracciones. Omisión fácil, sobre todo cuando surgen sequedades u ocupaciones, que se hubieran podido evitar sin faltar a los deberes del propio estado. Con frecuencia, oración afectiva, que tiende a simplificarse cada vez más. Comienza la noche del sentido, como tránsito a la vía iluminativa.
Vía iluminativa: caridad proficiente
Cuando el alma se ha decidido a emprender una vida sólidamente piadosa y adelantar en el camino de la virtud, ha entrado en la vía iluminativa. Su principal preocupación, según santo Tomás, es crecer y adelantar en la vida cristiana aumentando y corroborando la caridad (cf. II-II. 24, 9). He aquí los grados en que se subdivide.
- Las almas fervientes (cuartas moradas)
Pecado mortal.- Nunca. A lo sumo, algunas sorpresas violentas e imprevistas. En estos casos, pecado mortal dudoso, seguido de un vivísimo arrepentimiento, confesión inmediata y penitencias reparadoras.
Pecado venial.- Seria vigilancia para evitarlo. Rara vez deliberado. Examen particular dirigido seriamente a combatirlo.
Imperfecciones.- El alma evita examinarse demasiado sobre esto para no verse obligada a combatirlas. Ama la abnegación y la renuncia de sí mismo, pero hasta cierto punto y sin grandes esfuerzos.
Prácticas de piedad.- Misa y comunión diarias con fervorosa preparación y acción de gracias. Confesión semanal diligentemente practicada. Dirección espiritual encaminada a adelantar en la virtud. Tierna devoción a María.
Oración.- Fidelidad a ella a pesar de las arideces y sequedades de la noche del sentido. Oración de simple mirada, como transición al as oraciones contemplativas. En momentos de particular intensidad, oración de recogimiento infuso y quietud.
- Las almas relativamente perfectas (quintas moradas)
Pecado venial.- Deliberadamente nunca. Alguna vez por sorpresa o con poca advertencia. Vivamente llorado y seriamente reparado.
Imperfecciones.- Reprobadas seriamente, combatidas de corazón para agradar a Dios. Alguna vez deliberadas, pero rápidamente deploradas. Actos frecuentes de abnegación y de renuncia. Examen particular encaminado al perfeccionamiento de una determinada virtud.
Prácticas de piedad.- Cada vez más simples y menos numerosas, pero practicadas con ardiente amor. La caridad va teniendo una influencia cada vez más intensa y actual en todo lo que hace. Amor a la soledad, espíritu desasimiento, ansias del amor a Dios, deseo del cielo, amor a la cruz, celo desinteresado, hambre y sed de la comunión.
Oración.- Vida habitual de oración, que viene a constituir como la respiración del alma. Oración contemplativa de unión. Con frecuencia, purificaciones pasivas y epifenómenos místicos.
Vía unitiva: caridad perfecta
Cuando la vida de oración constituye como el fondo y la respiración habitual de un alma, aún en medio de sus ocupaciones y deberes del propio estado, que cumple fidelísimamente; cuando la íntima unión con Dios y el llegar a la cumbre de la perfección cristiana constituye la ilusión suprema de su vida, ha entrado en la vía unitiva. Su preocupación fundamental, según santo Tomás de Aquino, es unirse a Dios y gozar de Él (Cf. II-II-24, 9)
He aquí los dos principales grados que la constituyen
- Las almas heroicas (sextas moradas)
Imperfecciones.- Deliberadas nunca. A veces, impulsos semiadvertidos pero rápidamente rechazados.
Prácticas de piedad.- Cumplen con fidelidad exquisita todas las que lleva consigo su estado y condición de vida, pero no se preocupan sino de unirse cada vez más íntimamente con Dios. Desprecio de sí mismo hasta el olvido; sed de sufrimientos y tribulaciones (“o padecer o morir”): penitencias durísimas y ansias de total inmolación por la conversión de los pecadores. Ofrecimientos como víctimas.
Oración.- Dones sobrenaturales de contemplación casi habitual. Oración de unión muy perfecta, con frecuencia extática. Purificaciones pasivas, noche del espíritu. Desposorio espiritual. Fenómenos concomitantes y gracias gratis dadas.
- Los grandes santos (séptimas moradas)
Imperfecciones.- Apenas aparentes.
Prácticas de piedad.- En realidad se reducen al ejercicio de amor: “Que ya sólo en amar es mi ejercicio” (San Juan de la Cruz). Su amor es de una intensidad increíble, pero tranquilo y sosegado; no chisporrotea ya la llama, porque se ha convertido en brasa. Paz y serenidad inalterables, humildad profundísima, unidad de miras y simplicidad de intención: “Sólo mora en este monte la honra y gloria de Dios” (San Juan de la Cruz)
Oración.- Visión intelectual -“Por cierta manera de representación de la verdad” (Santa Teresa)- de la Santísima Trinidad en el alma. Unión transformante. Matrimonio espiritual. A veces, confirmación en gracia.
El P. Garrigou-Lagrange propone el siguiente esquema del desarrollo de la vida espiritual a base de los tres grados fundamentales de principiantes, proficientes y perfectos:
Principiantes (Vía purgativa, vida ascética)
Virtudes iniciales. Primer grado de la caridad, templanza, castidad, paciencia; primer grado de humildad.
Dones del Espíritu Santo. Más bien latentes. Inspiraciones a raros intervalos. Poca atención aún a aprovecharse, poca docilidad. El alma tiene conciencia, sobre todo, de su propia actividad.
Purificación activa del sentido y del espíritu, o sea mortificaciones externas e internas.
Oración adquirida: oración vocal, oración discursiva, oración afectiva, que se simplifica cada vez más, llamada oración adquirida de recogimiento.
Moradas de santa Teresa. Primeras y segundas.
Proficientes(Vía iluminativa, umbral de la vida mística)
Virtudes sólidas. Segundo grado de la caridad, obediencia, humildad más profunda; espíritu de consejo.
Dones del Espíritu Santo. Comienzas a manifestarse, sobre todo, los tres dones inferiores de temor, ciencia y piedad. El alma, más dócil, aprovecha más las inspiraciones e iluminaciones internas.
Purificación pasiva del sentido, bajo el influjo especialmente de los dones de temor y de ciencia. Pruebas concomitantes.
Oración infusa inicial. Actos aislados de contemplación infusa en el curso de la oración adquirida de recogimiento. Después, oración de recogimiento sobrenatural y de quietud. Influencia manifiesta del don de piedad.
Moradas de santa Teresa. Terceras y cuartas.
Perfectos(Vía unitiva, vida mística)
Virtudes eminentes y heroicas. Tercer grado de la caridad, perfecta humildad, gran espíritu de fe, abandono, paciencia casi inalterable.
Dones del Espíritu Santo. Los dones superiores se manifiestan más visible y frecuentemente. El alma está como dominada por el Espíritu Santo. Gran pasividad, que no excluye la actividad de la virtud.
Purificación pasiva del espíritu, bajo la influencia especialmente del don de entendimiento. Pruebas concomitantes en las que se manifiestan los dones de fortaleza y de consejo.
Oración infusa de unión simple, de unión completa (a veces extáticas) y de unión transformante, bajo el influjo cada vez más intenso del don de sabiduría. Gracias concomitantes.
Moradas de santa Teresa. Quintas, sextas y séptimas. Tal es en sus líneas fundamentales, el camino que suelen recorrer las almas en su ascensión a la santidad. Dentro de él caben infinidad de matices- no hay dos almas que se parezcan enteramente- pero el director experto que se fije cuidadosamente en las características generales que acabamos de describir podrá averiguar con mucha aproximación el grado de vida espiritual alcanzado por una determinada alma.