Frutos del Espíritu Santo

Los frutos del Espíritu Santo[1] tradicionalmente se enumeran 9 o 12 según la versión de la Sagrada Escritura, sin embargo, no se limitan a estos, por definición son actos exquisitos derivados de los dones, caracterizandose por su dulzura y suavidad[2]

La caridad, en cuanto fruto del Espíritu Santo, se refiere la suavidad y dulzura que eleva a Dios y por tanto separa de lo terreno, dado que en B.V. María la virtud de la caridad se encontraba perfeccionada en modo eminente por el don de Sabiduría es de concluir que resplandecía de este fruto

El gozo espiritual es uno de los efectos internos de la virtud de la caridad, y procede de la elevación del alma a cosas altas así como de la pureza de conciencia

La Paz es obra de la caridad, en cuanto que es unitiva por excelencia, se da en relación a la carencia de pecados y en dejar de pecar, la B.V. María nunca pecó, por ello siempre gozó de la más grande paz, por ello la conocemos como Reina de la paz

Longanimidad, es la fuerza y ánimo de esperar el bien por llegar durante un largo período de tiempo, en este sentido la B.V. María es conocida como la Madre de la esperanza

La Afabilidad que impulsa al trato amable y plancetero con el prójimo se desarrolló en la B.V. María de modo dulce y suave, por ello es conocida como Mater amabilis

La bondad es el aspecto interno de la afabilidad y denota el corazón sencillo y amable tal como el de la Madre de Bondad

La longanimidad es una virtud derivada de la fortaleza que nos da fuerzas y ánimos para tender a algo bueno que está muy distante de nosotros, o sea, cuya consecución se hará esperar mucho tiempo

La fe en cuanto fruto hace referencia a seguridad y firmeza que produce un deleite por las muchas cosas conocidas bajo la luz sobrenatural, por la excelencia y nobleza de las mismas, así como la perfección del conocimiento sobre ellas

La mansedumbre comporta el saber hacerse todo a todos, María santísima mostrandose solícita a sus hijos es el modelo de dicho fruto.

La templanza como fruto se concibe como modestia, es decir como el gozo y paz como aquel que viven los vencedores de una batalla; como continencia, de la cual la virginidad de María santísima es la joya más grande; o como el gozo que viene del recto uso de las cosas lícitas para dirigirlo a la mayor gloria de Dios

Nota:

[1] Cf. A. Royo Marín, La Virgen María: Teología y espiritualidad marianas, 331–338.

[2] Cf. A. Royo Marín, Teología de la perfección cristiana, 179.