Incienso de aroma agradable

Hoy comenzamos la contemplación del libro del profeta Amós, un texto breve, y sin embargo, con un mensaje sencillo y siempre actual.

Podríamos hablar de dos focos de atención en la Palabra que comunica Dios a través de él y que se reflejan en la primera lectura de hoy, un primer punto es la denuncia de las injusticias que cometían los poderosos de la época contra los pobres y desamparados. En esta época el Reino de Israel estaba gozando de una bonanza económica, pero los beneficios de ésta no se extendían a todos los miembros del pueblo, además aquellos que se beneficiaban los atribuían a su propia astucia y creían que «tenían contento» a Dios por los sacrificios exhuberantes que practicaban en los templos que se habían hecho. En el fondo la riqueza y el poder les había cegado la vista, ya no miraban a Dios ni a sus hermanos.

Esto nos lleva al segundo punto, la denuncia que hará de un culto vacío, que era mera apariencia, mera exterioridad, pues llevaban una vida moral deplorable, alejada del verdadero tributo que había que dársele a Dios a través de la obediencia a su Palabra, comenzando por la misericordia que había de ser practicada con sus semejantes. Estos cultos superficiales revelan que estos hombres no buscaban en realidad a Dios sino a sí mismos.

El santo Evangelio por su lado nos recuerda tres características del discipulado cristiano, en primer lugar el discípulo comparte el destino de Jesucristo, en segundo, implica trabajo dedicado, de hecho las aves y zorros son símbolo de una actividad intensa; y en tercero, la entrega generosa de sí mismo por el Evangelio.

En pocas palabras implica la radicalidad del seguimiento, la cual no hay que confundir con extremismo, la primera implica ir a la raíz, ir a la imitación de Jesucristo, a la vida según su Evangelio, a configurarnos con Él; la segunda es un error en el que se pueda caer cuando la fe se hace ideología por la fijación que alguien puede tener por un aspecto parcial de ella, o cuando está deja de iluminar y se mezcla con las corrientes ideológicas de moda.

Los peligros de los que habla Amós siguen estando presented hoy en día, roguemos al Espíritu Santo que nos conceda la gracia de tener un corazón sincero y abierto a los demás, de conocer la verdad de nuestras intenciones, rectificando si nos hemos equivocado y orientando nuestras vidas siempre conforme a Su voluntad, para que, en el seguimiento radical de Jesucristo, podamos dar una alabanza al Padre que suba hasta Él como incienso de aroma agradable en su presencia.

Nota: la imagen es la fotografía del incensario de la catedral de Santiago de Compostela conocido como el «botafumeiro».