Tomando postura

Miércoles – III Semana del Tiempo Ordinario – Año II

Am 5, 14-15.21-24. Aparta de mí el estrépito de tus canciones, y fluya la justicia como arroyo perenne.

Sal 49. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.

Mt 8, 28-34. ¿Has venido aquí a atormentar a los demonios antes de tiempo?

El Salmo 49 que recitamos hoy nos presenta a Dios y al hombre en medio de una contienda judicial, el inicio del salmo convocaba ya a la creación como testigo de lo que iba a suceder, hoy vemos la causa de la denuncia que presenta Dios, la infidelidad a la alianza, que no es sólo el mero incumplimiento de unos mandamientos, sino lo que esto representa, la negación a la escucha de la Palabra de Dios. El ofrecimiento de sacrificios era el modo en el que el antiguo Israel se ponía en comunión con Dios, pero cuando el Pueblo es infiel, los sacrificios son vacíos, dejan de ser manifestación de lo que hay en el corazón.

«Jesús no pide grandes hazañas, sino únicamente abandono y gratitud…He aquí, pues, todo lo que Jesús exige de nosotros. No tiene necesidad de nuestras obras, sino sólo de nuestro amor. Porque ese mismo Dios que declara que no tiene hambre, no vacile en mendigar un poco de agua a la Samaritana. Tenía sed… pero al decir ‘Dame de beber’, lo que estaba pidiendo el Creador del universo era el amor de su pobre criatura. Tenía sed de amor…»

Santa Teresa de Lisieux

En el fondo, este es también el reclamo del profeta Amós, el cual ha de resonar también en nuestros corazones, él no cesa de invitar a la conversión buscando rechazar el mal y haciendo el bien, es más, da un paso adelante e invita al Pueblo a amar el bien y odiar el mal, cuestión que concretizará cuando los hombres «instauren el derecho en el tribunal» es decir cuando la vida social, la vida como miembros de una comunidad, esté regida por relaciones de justicia y paz que tengan su base en la alianza que se ha hecho con el Señor, que para nosotros cristianos, no está sellada con la sangre de animales, sino con la sangre del Hijo de Dios que murió por nosotros en el madero de la Cruz.

En el Evangelio de este día continuamos caminando con Jesús en esta ocasión nos encontramos en zona donde habitan unos paganos, el exorcismo realizado por Cristo evidencia su poder divino incluso en sus tierras, pues no sólo los demonios lo reconocen sino que obedecer a su voz. Este hecho es importante, sobre todo en una época en que los pueblos paganos tenían la idea de que los dioses estaban ligados a un territorio especifico, Jesús tiene poder sobre todo territorio y sobre todo espíritu maligno.

La actitud de los hombres de aquella localidad, también nos refleja una cuestión muy viva hoy en día, ante Jesucristo y su obra nadie queda indiferente, siempre implica tomar una postura, así como hay quienes abren su corazón y se convierten, otros se dejan dominar por el miedo y echan a Jesús de sus vidas a pesar del bien que les procura.

Roguemos al Señor nos conceda la gracia de saber reconocer su paso en nuestras vidas, acogiéndolo con corazón sincero, llevando su amor a nuestros hermanos, para que así podamos elevar hacia Él un culto agradable.

Nota: Pintura del Profeta Amós, de Melozzo da Forli, s. XV