Una señal del cielo

“Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza”

Celebramos en este día una de las festividades más grandes de la Iglesia, es tan importante que la Sagrada Liturgia la considera una Solemnidad, hoy hacemos memoria de uno de los gestos más llenos de amor del Corazón de Jesús hacia el género humano, hoy contemplamos los cielos abiertos llenos de alegría y esperanza, hoy entramos en el gran misterio de esta señal de la que habla el libro del Apocalipsis, nuestra Buena Madre elevada al cielo en cuerpo y alma.

Nuestro buen Dios nos muestra en ella lo que tanto anhela otorgarnos al final de los tiempos, no sólo la glorificación del alma, como sucede con los santos en el cielo, sino también la glorificación del cuerpo, de la cual fue primicia el cuerpo de Cristo resucitado, este es el culmen de la obra del amor que expresó san Juan de la Cruz en su cántico espiritual al decir “amada en el Amado transformada” porque el amor hace semejantes a los que se aman.

El venerable Pio XII al proclamar el dogma de la Asunción nos enseña que “La inmaculada madre de Dios, la siempre Virgen María, terminada el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial” preciosa verdad de fe transmitida por la Iglesia a lo largo de los siglos a través de la Tradición y la Biblia en los textos acuñados por la Sagrada Liturgia y cuyo testimonio ha quedado preservado también en el arte sacro ¡cuantos templos edificados que recuerdan a santa María asunta!

Sabemos que Cristo con su muerte ha triunfado sobre la muerte y el pecado y que todo bautizado vence con Él. Sin embargo el pleno efecto de esta victoria ha sido reservado para el final de los tiempos con la resurrección de los muertos, esto significa que los cuerpos de los santos se han disuelto luego de su muerte para volverse a unir un día con su alma glorificada. Sin embargo con el dogma de la Asunción vemos como María santísima triunfadora en atención a su hijo sobre el pecado con su Inmaculada concepción, también ha sido unida al triunfo de su hijo en el cuerpo, puesto que no estuvo sujeta a la ley de permanecer en la corrupción del sepulcro, ni tuvo que esperar la redención del cuerpo hasta el fin del mundo.

La Iglesia nos enseña como María siempre estuvo estrechamente unida Jesús,  aquella que había amado a su Hijo y que lo había seguido hasta el pie de la cruz, aquella que fue tanto amada por su Hijo que incluso fue encomendada a su discípulo amado ¿acaso podría permanecer distante incluso corporalmente de “la prenda que más amaba, la prenda que más quería”? María santísima a quienes los primeros cristianos llamaron la nueva Eva, triunfa con la victoria de Cristo nuevo Adán.

Nuestra Buena Madre en el Cielo, en cuerpo y alma, nos anuncia ya el fin de los que aman al Señor y entran en su voluntad, así enciende nuestra esperanza, puesto que nos muestra el gozo de los santos junto al Señor, nos muestra la gloria de aquellos que aman al Señor su Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas, gloria que incluso resplandece en el cuerpo.

Pero también nos enseña el amor de una Madre, que siempre está velando por sus hijos, puesto que desde el cielo continuamente intercede en favor nuestro, mostrándonos el verdadero amor del que busca el bien del prójimo siempre, ella intercede por los que aún estamos de camino para que llegamos a la felicidad plena, de hecho podemos decir que nuestra Buena Madre nos encamina a Dios, puesto que en Él su amor se expande y puede preocuparse de cada uno de nosotros en particular con gran solicitud, alcanzándonos de Dios la gracias que todos sus hijos necesitan obtener de Cristo.

Decía un autor: A los justos les alcanza la perseverancia en el bien y el aumento de su fe esperanza y caridad; a los pecadores, la gracia del arrepentimiento y del perdón (a no ser que ellos la rechacen obstinadamente); a los herejes, la vuelta a la integridad de la fe, y a los infieles o paganos, las gracias iluminativas suficientes para volverse al Señor. A las almas del purgatorio la gracia de llegar a ser prontamente purificados. Ella esta dispuesta a socorrer a todo al que ella se avoca, puesto que sus suplicas son siempre escuchadas ya que siempre estarán acordes a la voluntad de Dios, por eso se le puede llamar la omnipotencia suplicante, la que todo lo puede en la súplica, puesto que su intercesión en favor de los hombres se apoya en la mediación de Cristo frente al Padre, depende totalmente de ella y de la misma saca todo su poder.

Hoy recordamos también el cumpleaños de nuestro querido san Óscar Romero, no podemos omitir una palabra, en él encontramos también un hombre digno de llamarse hijo de tan Buena Madre, puesto que en su fidelidad a la Palabra de Dios llegó al punto incluso de ofrendar su vida con el martirio, se trata de un hijo que aprendió bien de su madre lo que significa decir “Fiat mihi secundum Verbum tuum” (Hágase en mí según tu palabra), y por ello también se encuentra él junto a María santísima y todos los santos en el cielo, animándonos a ser fieles, a vivir cada vez más intensamente nuestra fe en actitudes y comportamientos concretos, y también interceden por nosotros alcanzándonos las gracias del cielo.

Decía Monseñor Romero: “ese viaje de María en cuerpo y alma al cielo, es el índice más vigoroso a toda la humanidad para decirles que no está en esta tierra el destino del alma y del hombre que busca la verdadera felicidad, que hay un reino de los cielos definitivo, más allá de nuestras vidas, pero que se conquista precisamente trabajando en esta vida, entregándose al cumplimiento de los designios de Dios; así como María hizo de su vida terrenal un cumplimiento exacto, una colaboración íntima con el divino Redentor para salvar al mundo.”

¡Alabado sea Jesucristo!

IMG:  Silvestro dei Gherarducci