Corazones sedientos

III Domingo de Cuaresma – Ciclo A

  • Ex 17, 3-7. Danos agua que beber.
  • Sal 94. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».
  • Rm 5, 1-2. 5-8. El amor ha sido derramado en nosotros por el Espíritu que se nos ha dado.
  • Jn 4, 5-42. Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.

Continuamos nuestro itinerario cuaresmal, y en este día La Liturgia de la Palabra rica en simbolismos nos habla de tres personajes sedientos: el Pueblo de Israel, la samaritana y Jesús. Dispongamonos con corazón dócil y oído atento a entrar en estos misterios.

El Pueblo de Israel que habiendo abandonado la esclavitud de Egipto y peregrino en libertad por el desierto, murmura contra Moisés (que en el fondo es murmurar contra Dios) y cuestiona el plan del Señor al experimentar la falta de agua. El Señor en su infinita misericordia se compadece de ellos no obstante su malicia y hace brotar agua de la roca.

¿Qué aguas extrañaba el Pueblo de Israel? Nos lo dice el texto “¿nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed…?”, extrañan las aguas de Egipto, a nivel natural nosotros sabemos y reconocemos que el agua es símbolo de la vida, de alguna manera los israelitas en su sed manifiestan su desconfianza en Dios el cual proveería los bienes necesarios su camino ¿acaso el que los liberó de los duros trabajos del Faraón lo habría hecho para hacerlos morir en el desierto? ¿no sería contradictorio para alguien pasar tantos trabajos para luego echar por la borda los esfuerzos?

Demos otro paso más, la samaritana, una mujer que se acerca al pozo de Jacob con su cántaro en busca de agua. A través de todo el diálogo con el Divino Maestro se descubre la vida descarrilada que ella había estado llevando, en su búsqueda del amor había estado ya con siete hombres, se había conformado incluso con uno que no era su marido.

El ser humano en pecado muchas veces se llena de sustitutos que no son el verdadero amor para el que fue creado, vive en este sentido relaciones desordenadas con los demás hombres y mujeres que le rodean, con las cosas que deberían estar a su servicio, incluso consigo mismo. La sed de esta mujer era sed del amor verdadero, pero tristemente ella había estado bebiendo de cisternas agrietadas, para usar una expresión del profeta Jeremías.

Tercer sediento, nuestro señor Jesús. Él se acerca en búsqueda de agua al pozo de Jacob, podríamos decir que es una realidad totalmente acorde a su naturaleza humana el buscar hidratarse y por tanto no nos debería de sorprender sin embargo, sabemos que esto va más allá. Jesús va en la búsqueda de algo más que agua, va en búsqueda de la samaritana quien simboliza a los hombres que viven en pecado. Jesús esta sediento de nosotros, por eso santa Teresita de Jesús al contemplar la pasión de Jesús y meditar las palabras “Tengo sed” se sentirá impulsada en llevar almas hacia Él para calmar su sed.

La Iglesia nos revela el misterio oculto en la sed de Cristo y la sed del hombre.

“…La maravilla de la oración se revela precisamente allí, junto al pozo donde vamos a buscar nuestra agua: allí Cristo va al encuentro de todo ser humano, es el primero en buscarnos y el que nos pide de beber. Jesús tiene sed, su petición llega desde las profundidades de Dios que nos desea. La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de El (cf San Agustín, quaest. 64, 4)…Nuestra oración de petición es paradójicamente una respuesta. Respuesta a la queja del Dios vivo: «A mí me dejaron, Manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas, cisternas agrietadas» (Jr 2, 13), respuesta de fe a la promesa gratuita de salvación (cf Jn 7, 37 – 39; Is 12, 3; Is 51, 1), respuesta de amor a la sed del Hijo único (cf Jn 19, 28; Za 12, 10; Za 13, 1).”

Catecismo de la Iglesia Católica 2560-2561

Todo la Liturgia de la Palabra está cargada de simbolismos. A la luz de lo que hemos comentado volvamos la mirada nuevamente al conjunto. El agua de la que estaban sedientos los israelitas en la primera lectura no es sólo símbolo de la vida a nivel natural, sino sobre todo a nivel sobrenatural, pues el agua en la Sagrada Escritura es símbolo del Espíritu Santo, como decimos en el Credo, Él es el “Señor y dador de vida” la vida de la gracia, la vida eterna, la vida que no pasa. Lo roca es símbolo de Cristo, así como de ella brotó agua, así también brotó agua del costado abierto del Redentor. Él es la fuente de donde brota la verdadera vida, la vida en el amor, la vida en el Espíritu.

Por ello san Pablo afirma “Por Él (Jesús) hemos obtenido con la fe, la entrada en el mundo de la gracia en el cual nos encontramos; por Él podemos gloriarnos de tener la esperanza de participar en la gloria de Dios. La esperanza nos defrauda, porque Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que Él mismo nos ha dado”

Queridos hermanos, la Buena Nueva de este día es preciosa, el encuentro de Jesús con la mujer en el pozo y más tarde con los samaritanos nos muestra como Dios, no obstante muchas veces nos hemos apartado o incluso hemos rechazado su amor, no deja de buscarnos, su misericordia va tan lejos que san Pablo dice “la prueba que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros cuando aún éramos pecadores”.

Sublime misterio. El Corazón amoroso de Cristo sediento de nosotros busca que nos encontremos con Él, tiene sed de colmarnos de la vida nueva en el Espíritu Santo, quiere saciarnos y por ello nos llama a la conversión, para que, abandonando nuestras cisternas agrietadas, de Él aprendamos de donde nos viene la vida, y busca llevarnos a ella con su ejemplo, “mi alimento es hacer la voluntad del Padre” dijo a los apóstoles.

Este encuentro tiene un lugar precioso como lo decía el Catecismo en la oración, ahí se da esa unión de dos corazones sedientos, el nuestro deseoso del amor de Cristo, y el de Cristo deseoso de colmarnos con su vida. Que en este tiempo de cuaresma, tiempo de oración, roguemos al Señor nos conceda la gracia de hacer experiencia de ese encuentro tú a Tú, donde nuestro corazón aprenda a latir al ritmo del Corazón de su Salvador, y pueda ser saciado de la vida que no pasa.

IMG: «Jesús y la samaritana» de Josef von Hempel