Firmes y Creciendo

Sábado – III semana de Pascua

• Hch 9, 31-42. Se iba construyendo la Iglesia, y se multiplicaba con el consuelo del Espíritu Santo.
• Sal 115. ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
• Jn 6, 60-69. ¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.

La descripción que hace san Lucas en este punto que venimos haciendo de los Hechos de los apóstoles nos muestra hoy como la primera comunidad cristiana no obstante las persecuciones que se había desatado, no pierde la calma, la paz reinaba entre ellos, una paz que como dijo Jesús no es la paz como la del mundo. Es la serenidad y el gozo que proviene del encuentro con el Resucitado, de la nueva vida que brota del costado del Redentor, de la vida en el Espíritu Santo.

Nota característica presente de esta tranquilidad que vivía la comunidad cristiana no es la pasividad inmovil, sino aquel ardor que va progresando mientra se expande, dice el texto que la Iglesia «se iba construyendo y prograsaba en el temor del Señor, y se multiplicaba con el consuelo del Espíritu Santo», esto nos recuerda la máxima que hemos de meditar frecuentemente en nuetro itinerario de fe «en la vida espiritual quien no avanza, retrocede».

El ir adelante movidos por el fuego del Espíritu Santo no es un correr intempestivo y precipitado, sino es el crecimiento gradual, que hace de nosotros no una llamarada de fuego que así como surge se pierde, sino una brasa ardiente que transforma en amor todo lo que toca ¿No es acaso eso lo que había provocado la caridad ardiente que vivía Tabita y que llevó a aquellos que habían sido beneficiados por ella a interceder en su favor? El amor crece cuando se difunde.

San Juan Por su lado nos muestra que el seguimiento de Cristo es tan radical que implica un abandono total en Él, un fiarse de su palabra, aquellos que buscan seguir a Cristo bajo criterios meramente humanos y hasta egoístas terminarán por desertar. Pero quien descubre en Él al enviado del Padre y está dispuesto a seguirlo encontrará en Él la vida eterna. El discurso sobre la Eucaristía, su presencia real en ella, ponen de manifiesto la libertad del hombre para creer, la fe como don de Dios, la exigencia del seguimiento de Jesucristo y la recompensa para aquellos que acogen sus dones.

«Respondió Pedro por todos, uno por muchos, la unidad por todos sin excepción: Le respondió, pues, Simón Pedro: Señor, a quién iremos? Nos rechazas de ti, danos otro tú. ¿A quién iremos? Si de ti nos apartamos, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Mirad cómo Pedro, por donación de Dios, porque el Espíritu Santo ha vuelto a crearlo, ha entendido. ¿Por qué, sino porque ha creído? Tú tienes palabras de vida eterna, pues tienes la vida eterna en el servicio de tu cuerpo y tu sangre. Y nosotros hemos creído y conocido. No hemos conocido y hemos creído, sino hemos creído y conocido, pues hemos creído para conocer, porque, si quisiéramos primero conocer y después creer, no seríamos capaces ni de conocer ni de creer. ¿Qué hemos creído y qué hemos conocido? Que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, esto es, que tú eres la vida eterna misma, y que en tu carne y sangre no das sino lo que eres.»

San Agustín, Sobre el Evangelio de san Juan, Tratado 27, 9

Que el Señor nos conceda la gracia de una fe firme y una caridad ardiente para mayor honra y gloria a su Nombre santísimo.

Nota: «La disputa del Sacramento» y es de Rafaello Sanzio