Lámpara que arde y luz que ilumina

Viernes – III semana de adviento

Is 56, 1-3a. 6-8. Mi templo será casa de oración para todos los pueblos
Sal 66. Bendigamos a Dios, nuestro Señor.
Jn 5, 33-36. Juan era la lámpara que ardía y brillaba

En este día el profeta nos anuncia claramente cómo se ha de preparar el camino del Señor: viviendo en justicia. Este término en el antiguo testamento tiene un alcance significativo, el justo es el hombre que vive según la ley del Señor, que vive según la Palabra de Dios, que vive según la voluntad de Dios. ¿Cómo prepararnos en el tiempo de adviento a la llegada de Jesús nacido en Belén? Conociendo y meditando la Palabra de tal modo que la pongamos en práctica con un corazón sincero. Habitualmente cuando pensamos en la palabra justicia se nos viene a la mente la justicia legal, es decir aquella contenida en las leyes, o la justicia social, entedida como la virtud que regula las relaciones entre los hombres dando a cada uno lo que le corresponde, sin embargo la perspectiva de la lectura del profeta Isaías, nos habla de la observancia del sábado y del culto al Señor, es decir de la justicia frente a Dios que, en términos de moral cristiana, se conoce como la virtud de la religión, santo Tomás de Aquino nos enseña que “el objeto de la religión es la reverencia al Dios único por una sola razón, a saber: la de ser primer principio de la creación y gobierno de las cosas” (Suma Theologiae, 81, 3) se dice que de las virtudes derivadas de la justicia es la más excelente en razón de su objeto, el culto divino, así como su razón de ser, la suprema excelencia de Dios como primer principio de todo. Esta virtud actúa en nuestros actos de devoción, de oración, de adoración, en nuestras ofrendas y votos que ofrecemos al Señor.

Tan excelente es esta virtud que incluso obtiene para aquellos que no pertenecían al Pueblo elegido de Israel el favor de Dios, “los conduciré a mi monte santo y los llenaré de alegría en mi casa de oración” decía la profecía de Isaías, estas palabras anuncian la convocación de todos los Pueblos en Israel, puesto que ahí habría de nacer el Mesías salvador, Jesús. Nuestro Señor, ha reconciliado consigo a todos los hombres en el madero de la cruz, dichosa bendición que ha brotado del Corazón traspasado de Cristo en el monte Calvario. 

El santo Evangelio nos recuerda el testimonio que dio san Juan Bautista acerca de Jesús, el precursor fue la lámpara que arde e ilumina, sabias palabras elegidas por Nuestro Redentor para darnos a conocer el rol que cumplen en nuestras vidas el mensaje de aquellos que nos anuncia la Buena Nueva de salvación. Juan fue el testigo de Cristo en cuanto precursor, nosotros con una vida en fidelidad a la Palabra del Señor nos convertimos en testigo de Cristo en cuantos discípulos, también todas nuestras acción deben ser un verdadero acto de virtud de la religión, una verdadera ofrenda agradable al Padre, nuestra vida debe también ser luz que arda e ilumine, transmitiendo el amor de Dios y la Verdad de su Palabra.

Adviento es tiempo de preparación del corazón, de rectificar nuestros caminos y nuestro modo de vivir la fe, de modo que nuestros actos de piedad y nuestra participación en la Sagrada Liturgia sean verdadero actos de virtud con los cuales demos gloria al Señor, es más toda nuestra vida debe convertirse en una verdadera alabanza al Señor, que le haga presente y de testimonio de las maravillas que obra en nuestra historia y en la historia de la humanidad, de este modo seremos verdadera luz que arda e ilumina y se cumplirá en nosotros aquella palabra del sermón de la montaña que decía:

“Ustedes son la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en lo alto de un monte; ni se enciende una luz para ponerla debajo de un celemín, sino sobre un candelero para que alumbre a todos los de la casa. Alumbre así su luz ante los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre, que está en los cielos.” Mt 5, 14-16

IMG: Imagen de San Juan Bautista en el baptisterio de la Catedral de Génova