Él nos conoce

“Yo soy el buen pastor, conozco las mías y las mías me conocen.” Jn 10, 14

Las palabras pronunciadas por Jesús en el Evangelio que escuchamos este domingo una vez más nos hacen entrar en las profundides del amor del Corazón de nuestro redentor, ¿cómo no conmovernos ante su palabra?

Sabemos nosotros que somos el rebaño del Señor, cada uno de nosotros es una oveja de su grey, y a cada uno nos conoce, sabe quienes somos, qué aspiramos en esta vida, cuáles son nuestras alegrías, cuáles son nuestros sueños, cuáles son nuestros aciertos, cuáles son nuestas capacidades, cuáles son nuestras virtudes, pero también  cuáles son nuestros dolores, cuáles son nuestras inquietudes, cuáles son nuestros pesares, cuáles son nuestros pecados, sabe de que estamos hechos, ante Él somos transparentes, Él conoce la verdad de nuestro ser, de nuestro obrar y de nuestra historia personal y así nos llama, escúchalo bien, nos llama por nuestro nombre, no nos desprecia, no nos rechaza, no nos excluye.

Él nos llama es decir, Él nos acepta con toda nuestra libertad, y nos revela que este amor profundo hace que le podamos reconocer, sí, porque sus ovejas le reconocen, parafraseando a san Agustín, en nuestro interior llevamos un corazón inquieto que no reposará sino hasta que descanse en el Corazón de Cristo, hasta que descanse en el amor del Buen Pastor.

Sí hermanos, nuestro corazón, muchas veces herido y maltratado por salteadores y lobos, sabe reconocer en el Señor Jesús al único que puede colmar los anhelos más profundos de su ser, en Él descubrimos la roca que es el fundamento de la única vida que puede ser llamada vida, la vida eterna. Nuestro corazón fue creado para amar, y aunque a veces ha errado el objeto de su amor, cuando lo encuentra, lo reconoce y se lanza tras de Él. ¿No es esa la experiencia de tantos santos en la vida de la Iglesia, que escuchando la voz del Buen Pastor lo dejaron todo para seguirle? san Pedro y su hermano Andrés, Santiago y san Juan, san Pablo, san Antonio abad, san Agustín, san Francisco, por mencionar algunos ejemplos, todos al escuchar su palabra se lanzaron en el seguimiento de Cristo, pues saben que el Buen Pastor es el único que les dará la seguridad, el alimento, el cuidado, en una palabra: la vida, y la vida eterna.

El Buen Pastor te convoca, te invita, te llama, quiere en primer lugar que vengas y estés con Él, como cuando llamó a los 12 apóstoles junto a sí, quiere que le sigas, en primer lugar para pasar tiempo como Él, de ahí la primacía de la vida de oración en el cristiano, es simplemente estar en íntimidad con Él, parafraseando a santa Teresa, estando a solas con aquel que sabemos que nos ama, cuántas ocasiones tenemos de visitar la Iglesia y contemplarle realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar, su presencia en el Sagrario nos mueve a la oración, cuanto más cuando ya hallamos terminado de construir la capilla de Adoración y podamos estar junto a Él, solemnemente expuesto.

El Buen Pastor sale a nuestro encuentro y en primer lugar nos llama a estar junto a Él,  a veces abundarán las palabras y las reflexiones otras veces simplemente pasaremos las cuentas del rosario contemplando y aprendiendo de los misterios de su vida con los ojos de nuestra Buena Madre a la vez que pedimos por nuestras necesidades e intercedemos por nuestros seres queridos, de cualquier modo estamos con Él, otras veces, quizás lo haremos desde el seno de nuestro hogar o quizás desde el silencio de nuestra habitación, lo importante es que estás con Aquel que te conoce, que te ha llamado por tu nombre y te ama. Tu corazón sabe reconocer su voz, tu corazón lleva inscrito en el interior ese anhelo profundo de estar a su lado, tu corazón ha sido creado para Él. Ven, síguelo, dejate apacentar por Él. La misión apostólica, los proyectos de nuestras comunidades y movimientos, los planes de vida que cada uno hace para trabajar X o Y defecto dominante o una virtud en particular, etc. Todo viene de estar ahí con Él sino todo es paja que se lleva el viento.

En este Domingo contempla a Jesús Buen Pastor, que dio su vida por nosotros para rescatarnos de las fauces del lobo feroz que nos había sumido en la muerte por el pecado. Y ahora viene y nos llama por nuestro nombre, y nos invita a seguirle como un solo rebaño bajo un solo Pastor, y nos quiere conducir a gozar de los pastors de la vida eterna que inauguró con su Resurrección.

En oración unámonos a la palabras de un gran santo que al contemplar esta palabra le decía a Jesús:

“¿Dónde pastoreas, Pastor Bueno, Tú que cargas sobre tus hombros a toda la grey? Muéstrame el lugar de tu reposo, guíame hasta el pasto nutritivo, llámame por mi nombre, para que yo escuche tu voz y tu voz me dé la vida eterna” (San Gregorio de Nisa, Homilía 2 sobre el Cantar)

Lecturas
Hch 4, 8-12. No hay salvación en ningún otro.
Sal 117. La piedra que desecharonl os arquitectos es ahora la piedra angular
Jn 10, 11-18. El Buen Pastor da su vida por las ovejas.

ImG: «El Buen Pastor» de Murillo