Día 8 – Amor divino en Jesús

Cuando contemplamos el misterio del Corazón de Jesús estamos contemplando el símbolo de su amor, dada las dos naturalezas de Cristo (humana y divina) hemos de recordar que en Jesús podemos hablar en ese sentido de un amor humano y un amor divino, de hecho podemos afirmar que en su Corazón santísimo el amor del hombre se ha reconciliado con el amor de Dios y han latido al unísono, meditemos brevemente en el significado de este misterio, considerando en un primer momento, el amor divino en el Corazón de Jesús.

La relación de amor que se establece entre el hombre y Dios es fundamentalmente una relación de amistad, pues tiene sus notas clásicas:  se quiere el bien del otro, existe reciprocidad y hay noticia del amor. Esto lo encontramos manifiesto en las relaciones de Jesús con sus apóstoles a los que llama amigos porque les ha revelado el conocimiento del Padre (cf. Jn 15,15) «el verdadero signo de la amistad es que el amigo revele a su amigo los secretos de su corazón, pero visto que los amigos no forman más que un solo corazón y una sola alma, el amigo guarda aún en su corazón lo que vela a su amigo» (Santo Tomás de Aquino)

En la Biblia el amor de Dios hacia el hombre que nos presenta el Antiguo Testamento parte de la alianza establecida entre Él y su Pueblo, el amor de divino en la Sagrada Escritura se expresa en términos de ternura (cf. Dt 32, 11), en sentido paterno (cf. Os 11, 1.3-4), materno (cf. Is 49, 14-15) y de modo especial, conyugal (cf. Ct 2, 2; 6, 3; 8,6)

El distintivo que añadirá la Nueva Alianza inaugurada por el sacrificio de Cristo es que no se tratará ya de un pacto basado en un temor servil, sino en la amistad que debe reinar las relaciones familiares, particularmente en aquellas entre los padres y los hijos, como quien forma parte de la misma casa de Dios (cf. 1 Tim 3, 15).

En el Corazón de Cristo conocemos el amor que Dios ha tenido por el hombre, la carta a los Efesios nos habla sobre este conocimiento el cual viene presentado como la vida eterna (cf. Jn 3, 16). Dicho conocimiento de Dios en Jesucristo se obtiene en esta vida por la fe, y llegará a su plenitud en la visión beatífica, cuando se contemple la humanidad y la divinidad de Cristo en el cielo. Por la fe el misterio se interioriza en primer lugar como conocimiento y luego como amor, de tal modo que en la humanidad de Cristo al conocimiento de la divinidad se une el conocimiento del amor de Dios, particularmente en los misterios de la Encarnación y de la Redención por su muerte en Cruz (cf. Jn 15, 13)

¡Oh inestimable disposición del inmenso Amor! En el pesebre, en la cruz, en la gloria eterna del Padre, Cristo abraza y une a Sí mismo a todos los miembros de su Iglesia con un conocimiento mucho más claro y amor mucho más tierno que aquel con el que una madre conoce ya ama al hijo que aprieta contra su corazón , o con el que cada uno se conoce y se ama así mismo (Papa Pio XII)

Cuando se habla del amor del Corazón divino, hablamos de la caridad divina en cuanto el amor sustancial de la Santísima Trinidad, aquel amor del Hijo por el Padre en el Espíritu Santo. Por ello decimos que la espiritualidad al Sagrado Corazón es una espiritualidad trinitaria, pero también decimos que se trata de un amor redentor, porque se derrama en los corazones de los hombres para su salvación, por ello el amor divino que se adora no es comprensible fuera de la acción del Hijo y del Espíritu Santo

El Papa Francisco ha recordado como la grandeza del amor del redentor que se esconde en el Corazón de Jesús al decir que éste «es el símbolo por excelencia de la misericordia de Dios; pero no es un símbolo imaginario, es un símbolo real, que representa el centro, la fuente de la que brotó la salvación para toda la humanidad.»

El misterio del amor redentor del Corazón de Jesús trasciende la compasión natural que un hombre puede tener por otro que se encuentra en pena, su amor se eleva a un plano divino, y es que entre lástima y misericordia existe un factor común la tristeza por el mal ajeno, pero existe un radical diferencia, el que tiene misericordia busca aliviar y superar la tristeza ayudando a aquel que se encuentra en necesidad por eso el Papa Francisco dirá que “la misericordia de Jesús no es sólo un sentimiento, ¡es una fuerza que da vida, que resucita al hombre!”

Del amor divino del Corazón de Jesús surgen abundantes gracias para la vida espiritual del cristiano, san Juan Eudes en una de sus meditaciones dirá que dona un amor eterno, inmenso e infinito, haciéndonos gozar por gracia lo que Él gozaba por naturaleza, así participamos del amor con el que el Padre ama al Hijo, es decir del Espíritu Santo; somos coherederos con Cristo de todos su bienes, así como por ese amor divino el Padre tiene en el Hijo todas sus complancencias y delicias, así las tiene en nosotros. El Papa Pio XII afirmará que por esta caridad divina, los Apóstoles y Mártires recibieron la fortaleza para el anuncio de la verdad y el ardor del celo, los Doctores pudieron ilustrar y defender la fe, los Confesores pudieron practicar de modo heroico las virtudes y ser de ayuda al prójimo; y las Vírgenes renunciaron alegremente a los goces de los sentidos

¡Contemplemos esas maravillas con una dulce sobriedad! ¡regocijémonos con amor y simplicidad! ¡De todo nuestro corazón, alabemos al Señor nuestro Dios su beatitud, honorémosle sin cesar, con todas nuestras fuerzas, crezcamos en su amor! ¡Aprovechando en conocimiento y sabiduría, en la pureza de su Corazón, no solamente despreciemos todo aquello que es transitorio, carnal, terrestre, sino también extirpemos de nosotros mismo toda afección desordenadas para tales cosas! ¡Abandonémonos [en Él] totalmente para poder ser elevados por el amor, transformados y establecidos en el abismo de luz y de verdad imperecederas! Ahí, no habremos de estar más atentos a nosotros mismos, a nuestros actos, a lo que sea, no nos recordaremos de nada creado. Ahí no seremos más que uno con el Señor (Dionisio el Cartujo)