De la tristeza a la alegría

Apuntes para la homilía del III Domingo de Pascua

Hay momentos en la vida en que uno siente que algo se rompió por dentro. Habíamos puesto ilusión en un proyecto, en una persona o en un sueño, y de pronto todo cambia. Uno se pregunta: “¿Y ahora qué? ¿Dónde está Dios?”. Así comienza el Evangelio de hoy. Dos discípulos van caminando con tristeza, como quien vuelve derrotado a casa. Lo hermoso es que mientras ellos creen que todo terminó, Jesús ya viene caminando a su lado. Tal vez hoy alguno de nosotros llegó a misa algo así,  cargando silenciosamente una pena, pues hoy esta Palabra también es para ti.

¿Qué dice el texto?

El Evangelio de los discípulos de Emaús nos presenta a Cleofás y al otro discípulo regresando tristes desde Jerusalén. Habían seguido a Jesús y habían puesto en Él grandes esperanzas. Como muchos de su tiempo, esperaban un Mesías político que derrotara al imperio romano y restaurara el reino de Israel. Pero llegó la pasión: Jesús fue arrestado, condenado y crucificado. Desde sus ojos humanos, todo parecía fracaso. Por eso dicen con dolor: “Nosotros esperábamos…”, Entonces el Señor se hace compañero de camino, les explica las Escrituras y purifica su mirada. La muerte en cruz era algo más que eso, era el camino hacia una gloria más profunda de lo que ellos imaginaban: vencer el pecado, derrotar la muerte y reconciliar al hombre con Dios. Su corazones arden al escuchar su voz y finalmente lo reconocen en la fracción del Pan. La tristeza se convierte en alegría, porque Jesús ha resucitado, lo han visto vivo, y eso lo cambia todo.

El Camino a Emaús hoy…

Esta realidad que vivieron aquellos discipulos se sigue haciendo realidad, aún hay quienes llevan caminos de Emaús, le pasa al niño que esperaba con alegría un paseo soñado y justo antes de salir se enfermó. Le pasa al adolescente que estudió con esfuerzo durante meses y no obtuvo los resultados esperados. Le pasa a algún joven que esperaba de su noviazgo una relacióne estable y al final encontro no más engaño o indiferencia. Le pasa a unos esposos que ahorraron para mejorar la casa y debieron gastar todo por la enfermedad repentina de un hijo o de un anciano. Le pasa también al adulto mayor que trabajó años por sus hijos y ahora espera una visita que no llega. Son caminos de Emaús, momentos en que uno dice: “Señor, yo esperaba otra cosa”.

Jesús escucha, ensancha la mira y se revela

Cuando Jesús se acerca a ellos no comienza reclamando. No les reprocha que huyeron en la pasión, no les recuerda que lo dejaron solo, no empieza buscando culpables ni traidores. Lo primero que hace es caminar con ellos y escuchar su dolor. También hoy quiere escuchar nuestras decepciones, cansancios y preguntas. Cuando una persona abre el alma ante Dios, empieza a sanar por dentro.

El único reclamo fuerte del Resucitado no va contra su cobardía, sino contra su poca fe y lentitud para creer. Habían escuchado su predicación, habían visto signos, pero no habían comprendido el camino de Dios. Ellos querían gloria inmediata; Jesús les muestra que la cruz era paso hacia la resurrección. También nosotros muchas veces queremos a Dios dentro de nuestros planes estrechos: soluciones rápidas, éxitos visibles, comodidad sin conversión. El Señor ensancha la mirada y purifica el entendimiento. Nos enseña a ver más alto y más profundo. Son luminosas aquellas palabras de San Juan de la Cruz: “Aprende a amar a Dios como Él quiere ser amado y deja tu condición”. Es decir, deja tus medidas pequeñas y entra en la sabiduría divina. Cuando dejamos que Dios sea Dios, comprendemos mejor la vida.

Luego Jesús se sienta a la mesa con ellos. No busca solamente llenarles la mente de ideas correctas, sino darse Él mismo. Toma el pan, lo bendice, lo parte y se lo entrega; entonces lo reconocen. La alegría de la Pascua viene no sólo de conocer sobre Jesús, sino de que aprendamos a reconocerle presente junto a nosotros, Él está más cerca de lo que pensamos.

¿Qué hacer esta semana?

-Si has andado triste esta semana, cuéntale al Señor. Busca un momento de silencio y dile con sinceridad qué te duele, qué no entiendes O qué esperabas.

-Revisa si tus expectativas eran demasiado pequeñas. Pregúntate si esperabas sólo soluciones rápidas o éxitos externos. Pide la gracia de descubrir aquello que realmente colmará los anhelos de tu corazón.

-Lee despacio este Evangelio. Toma unos minutos para releer la Escritura, la palabra purifica nuestras miradas.

-Participa en la Eucaristía.Participa en la Misa, y entra en diálogo con Jesús luego de recibirlo en la Santa Comunión, recuerda que puedes prolongar este encuentro al visitarle en la capilla del Santísimo.  

Conclusión

Los discípulos que iban alejándose tristes regresaron llenos de alegría y fueron a contar a los demás que habían encontrado al Señor. Esa es también nuestra misión  en estos días. Quien se encuentra de verdad con Cristo resucitado no se encierra, sino que se pone en salidad y comunica esperanza. También nosotros estamos llamados a llevar la alegría de la Pascua a nuestra familia, a los amigos, al trabajo y a quienes han perdido la ilusión. Pidamosle al Señor nos conceda esta gracia hoy.