Padre Nuestro, que estás en los cielos

Martes – I semana de Cuaresma

Is 55, 10-11; Sal 33; +Mt 6, 7-15

El profeta Isaías nos anuncia que la palabra de Dios siempre es eficaz en producir su efecto, esa Palabra que ha bajado del cielo se ha hecho carne en Cristo, y con su Pasión, Muerte y Resurrección ha producido frutos abundantes de salvación, así nosotros incorporados en Él, es decir unidos a Él en su Cuerpo Místico que es la Iglesia, estamos llamado también a volver al Padre.

Él nos cuida y nos lleva de su mano, nos libra de todo mal y nos fortalece y sostiene para no caer en la tentación. Es el que nos hace ser hermanos con los demás hombres por la gracia que su Hijo único derramó en nosotros haciéndonos hijos adoptivos de un mismo Padre y al perdonar nuestras ofensas nos enseña el camino del amor que libera los corazones y nos invita a hacer lo mismo imitandole.

Él nos da el pan de cada día, pan material para la vida de nuestros cuerpos, pan de su palabra para vida de nuestros espíritus y pan Eucarístico que nos garantiza la vida eterna. Nos enseña a abandonarnos confiados a su voluntad, deseandola fuertemente para que su amor tambien se difunda en la tierra como en el cielo.

Nos concede la gracia de hacer que su Nombre sea santificado, es decir honrado y glorificados a través de una vida según su corazón. Y al decirnos que está en el cielo, no quiere hacernos sentir lejanos sino que nos recuerda que nuestra morada definitiva no está en esta tierra sino que hemos sido creados para más.

Santa Teresa de Jesús decía para animar a sus monjas «esta vida no es más que una noche en una mala posada» y pensando en el sufrimiento que se experimenta en el mundo podría ser un consuelo de un mañana mejor, pero si consideramos también las innumerables bendiciones que ya se nos permite gozar y la belleza que vemos en la creación que nos rodea, considerar que este paso por la tierra es un mala posada nos hace decir con esperanza: «si así es la tierra, de hermosa ¡¿cuánto más lo será el cielo?!»

Que el Padre nos conceda la gracia de tener un oído atento y corazón dócil a su Palabra para dar frutos en abundancia en este tiempo de cuaresma

Pintura: Sermón de la Montaña de Karl Bloch