El gozo verdadero

III Domingo de Adviento – Ciclo C

Gaudéte in Domino semper: íterum dico, guadéte. Dóminus enim prope est.

Estén siempre alegres en el Señor, les repito, estén alegres. El Señor está cerca.

(Antífona de entrada – Fil 4, 4-5)

Si bien es cierto que “el hombre puede olvidar o rechazar a Dios”, es mucho más cierto que “Dios no cesa de llamar a todo hombre a buscarle para que viva y encuentre la dicha” (CEC 30) quizás este sea uno de los mensajes que la navidad nos anuncia, Dios se ha recordado de su Pueblo, Dios se ha recordado de su promesas, o mejor aún Dios nos ha mostrado su amor y fidelidad, puesto que no nos abandonó al pecado y la muerte, sino que nos envió un Mesías Salvador, nuestro Señor Jesucristo, en Él Dios ha visitado a su Pueblo, ha vuelto a caminar con el hombre como lo hizo en el Edén. A pesar de las infidelidades del hombre, no obstante el pecado, no obstante el continuo rechazo de parte de algunos, Él no nos ha abandonado. Y al contemplar su misericordia hecha carne, nosotros no podemos sino exultar de jubilo, de alegría, pues el gozo eterno del cielo se nos ha dado pregustar por la fe. Por eso la antífona de entrada nos invita al gozo (gaudéte), por eso a este domingo que nos anuncia la proximidad de la navidad incluso con un color litúrgico diferente, se ha llamado el domingo del gozo o el domingo de la alegría.

La Iglesia nos enseña que “La fe nos hace gustar de antemano el gozo y la luz de la visión beatífica, fin de nuestro caminar aquí abajo. Entonces veremos a Dios «cara a cara» (1Co 13, 12), «tal cual es» (1Jn 3, 2). La fe es pues ya el comienzo de la vida eterna: “Mientras que ahora contemplamos las bendiciones de la fe como el reflejo en un espejo, es como si poseyéramos ya las cosas maravillosas de que nuestra fe nos asegura que gozaremos un día” S. Basilio, (CEC 163)

Así la fe nos hace ver con la misma mirada de Dios todas las realidades terrenas, y encontrar en ellas esa huella de su presencia divina, comenzamos a ver nuestra historia personal no como una atrocidad, o una equivocación o como una bola de pecados, sino como una vida en la que la misericordia de Dios se ha manifestado. Dejo de ver mi maldad para comenzar a ver la bondad de su amor. La fe nos hace entrar en el gozo, puesto que no es un mero conocer teórico o superficial sino un conocimiento sabroso, la fe se convierte en sabiduría, un conocimiento que gusta la Verdad de Dios, que tiene repercusiones en lo más profundo de nuestro ser, pues nos hace ver nuestra vida siempre en relación con nuestro Dios.

“Reconocer esta dependencia completa con respecto al Creador es fuente de sabiduría y de libertad, de gozo y de confianza,” (CEC 301) podríamos hacer nuestras una oración del libro de la sabiduría en la que se exalta la grandeza de la creación divina cuando dice: “Amas a todos los seres y nada de lo que hiciste aborreces pues, si algo odiases, no lo hubieras creado. Y ¿cómo podría subsistir cosa que no hubieses querido? ¿Cómo se conservaría si no la hubieses llamado? Mas tú todo lo perdonas porque todo es tuyo, Señor que amas la vida” (Sb 11, 24  – 26).

Ahora bien, Dios ha salido en búsqueda del hombre, se compadecido de su creatura, y quiere llevarlo al gozo pleno de la vida eterna, sin embargo, no lo fuerza ya que respeta su libertad, por ello Él busca que correspondamos a la gracia que va derramando en nosotros “Pero esta búsqueda exige del hombre todo el esfuerzo de su inteligencia, la rectitud de su voluntad, «un corazón recto», y también el testimonio de otros que le enseñen a buscar a Dios.” (CEC 30).

Y esa es la mejor manera de prepararnos a la navidad que estamos por celebrar, es lo que san Juan Bautista buscaba con las recomendaciones que daba a la gente que se acercaba a él “Quien tiene dos túnicas, que dé una al que no tiene ninguna, y quien tenga comida, que haga lo mismo”; a los publicanos “no cobren más de lo establcido” y a los soldados, “no extorsionen a nadie, ni denuncien a nadie falsamente , sino conténtese con su salario”.

El Señor llega, está cerca y trae consigo su gozo y la paz, que son los frutos que el Espíritu Santo produce en una vida que es movida por la caridad, y caridad teologal (teológica), es decir son los frutos que gozan aquellos que aman con el amor del Corazón de Jesús, porque la experiencia de Su misericordia lleva a los cristianos a ser misericordiosos.

Que en este día el recuerdo del Niño Jesús nacido en Belén ilumine nuestras vidas, para que reconociendo nuestra historia como una historia de misericordia podamos llenarnos del gozo verdadero de los hijos de Dios, porque navidad no es tanto el celebrar buenos sentimientos y buenos propósitos, sino es celebrar el encuentro de Dios con su Pueblo en Jesucristo.

Dícite: Pusillánimes, confortámini et nolíte timére : ecce Deus noster véniet et salvábit eos

 “¡Ánimo no teman!; miren a su Dios que viene en persona a salvarlos”

(Antífona de la comunión – Cfr. Is 35, 4)

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