En la escuela de san Juan

Lunes: Feria del tiempo de navidad (7 de enero)

1 Jn 3, 22-4,6; Sal 2; +Mt 4, 12-17.23-25

¿Cuántas veces la gran variedad de opiniones que rondan los medios de comunicación social o las redes sociales nos hacen sentirnos agobiados?

¿Cuántas veces incluso en nuestras comunidades o familias escuchamos o vemos actitudes de un Evangelio vivido a medias?

¿Cuántas veces escuchamos la famosa frase: «yo soy cristiano o yo soy católico pero no estoy de acuerdo con la Iglesia en esto»?

Frente a esa multitud de interrogantes la Palabra de Dios resplandece como un faro y nos arroja una luz admirable, la luz de Cristo, que disipa toda tiniebla.

La primera carta de san Juan nos invita a estar vigilantes a no dejarnos llevar por falsedades en la vivencia de nuestra fe.

Existen numerosas maneras en que un cristiano puede desviarse, particularmente, cuando quiere hacer la vida cristiana a su manera, y se olvida que en primer lugar se es discípulo.

¿Cuáles són estos signos de los que nos habla san Juan para distinguir el buen espíritu del malo?

  • La humanidad de Cristo

Hoy en día hay diversos modos en que nos vemos tentados a negar la humanidad de Cristo:

Al caer reducirlo a una teoría sin fundamento en la realidad, al dejar la fe en un mero moralismo que no implica una relación personal con Cristo, al rechazar el valor redentor del sufrimiento negando la Cruz, etc.

El Señor en el niño nacido en Belén y manifestado a los Magos de oriente, se nos muestras encarnado, no es simplemente un gurú o un fiscalizador moral.

Es el Dios vivo y verdadero, que nos ama y por amor entro en la historia de la humanidad para poder entrar en la historia de cada uno de nosotros y transformarla desde dentro

  • La humildad

El que sigue a Cristo sabe que es Él quien ha vencido el mundo y que toda victoria contra el pecado en nuestras vidas es una victoria en realidad una victoria de Cristo en nosotros

“No te ensoberbezcas, mira quién ha vencido en ti. ¿Por qué venciste?

Por que más poderoso es el que está en ustedes que el que está en el mundo.

Sé humilde; lleva a tu Señor; sé un borriquillo de tu jinete.

Te conviene que Él te guíe, que Él te conduzca; porque si no lo tienes a Él por jinete, te daraá por alzar la cabeza, por lanzar coces:

¡Pero hay de ti sin guía! Esa libertad te llevaría ser pasto de las fieras”

San Agustín, In Epistolam Ioannis ad Parthos 7, 2

  • El lenguaje que refleja mundanidad espiritual

El Romano Pontífice no cesa de advertirnos del peligro que representa para el cristiano de hoy en día la tentación de la mundanidad espiritual.

De hecho, ha dedicado la exhortación Gaudete et Exsultate para recordarnos nuestra llamada a la santidad y advertirnos de las posibles desviaciones actuales.

El Papa nos enseña que hay dos manifestaciones de la mundanidad espiritual

Por un lado: el gnosticismo espiritual, que reduce a Dios a una mera teoría, a un conocimiento de la verdad desencarnado, en el que se cree puede dar respuesta de absolutamente todo olvidándose del Misterio de Dios, que busca absolutizar las propias opiniones imponiéndoles a los demás.

(Se trata de) «una fe encerrada en el subjetivismo, donde sólo interesa una determinada experiencia o una serie de razonamientos y conocimientos que supuestamente reconfortan e iluminan,

pero en definitiva el sujeto queda clausurado en la inmanencia de su propia razón o de sus sentimientos»

Gaudete et exultate 35

Por otro lado: el pelagianismo espiritual, que aunque reconoce que no es tanto el conocimiento lo que determina la santidad de una persona, sino que cambia su eje a la voluntad, olvidándose de la gracia y del misterio de Dios, de que «todo depende no del querer o del correr, sino de la misericordia de Dios» (Rm 9, 16) y que «Él nos amó primero» (1Jn 4, 19).”

“Todavía hay cristianos que se empeñan en seguir otro camino:

el de la justificación por las propias fuerzas, el de la adoración de la voluntad humana y de la propia capacidad, que se traduce en una autocomplacencia egocéntrica y elitista privada del verdadero amor.

Se manifiesta en muchas actitudes aparentemente distintas: la obsesión por la ley, la fascinación por mostrar conquistas sociales y políticas, la ostentación en el cuidado de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, la vanagloria ligada a la gestión de asuntos prácticos, el embeleso por las dinámicas de autoayuda y de realización autorreferencial.”

Gaudete et exultate 57

  • La obediencia:

Sabemos que esta palabra viene del latín ob-audire que significa “escuchar bien”, y quien escucha la voz de la autoridad de la Iglesia ciertamente está andando por el camino del bien, por eso a san Ignacio de Loyola le gustaba hablar de la “Santa Madre Iglesia Jerárquica”

Porque en el fondo no se trata de una noción de dominio despótico, sino de piedad filial del que cree realmente las palabras de Jesús a sus apóstoles “Quien a ustedes escucha, a Mí me escucha” (Lc 10, 16)

Que el Señor nos regale la gracia en este día de saber caminar bajo la luz de su Santo Espíritu, luz que ilumina las mentes y hace arder los corazones, en el encuentro de amor con Jesucristo que nos ha manifestado al Padre, y así podamos estar atentos y desenmascarar los engaños de las falsas doctrinas que nos tientan en el camino.