Fidelidad: Cum Petro et sub Petro

Jueves – V semana de Pascua

Hch 15, 7-21; Sal 95; +Jn 15, 9-11

Nos encontramos en medio de uno de los primeros grandes encuentros entre los apóstoles, lo cuáles se habían reunido para discernir la voluntad de Dios para la Iglesia naciente y el modo en que habrían de acoger a los gentiles.

Sabemos que habían surgido dos posturas, por un lado los judaizantes, que buscaban que los cristianos provenientes del paganismo abrazaran la ley de Moisés argumentando que era necesario para ser salvos; por otro lado, la de aquellos que como Pablo y Bernabé habían visto como Dios había obrado en favor de los gentiles y consideraban esto como un peso innecesario que se estarían poniendo a estos nuevos cristianos.

Quizás en el libro de los Hechos de los Apóstoles, éste será uno de los hechos más importantes que nos será transmitido, hemos de considerar diferentes puntos:

En primer lugar, la figura de Pedro, que como cabeza de la comunidad naciente, luego de un largo debate en el que se plantearon las diferentes consideraciones del caso finalmente interviene para dirimir, y se presenta como testigo de la voluntad de Dios sobre los cristianos provenientes de la gentilidad, y su afirmación coincide con lo que Pablo y Bernabé habían presenciado: la Ley no es la que salva, sino la Gracia, y por ende la Fe en Cristo la supera.

En segundo lugar, el discurso de Santiago que secunda a Pedro y busca iluminar con las Escrituras los hechos que se están viviendo, y recuerda la vocación del Pueblo de Israel de congregar en sí todos los pueblos, el cual era uno de los signos de la llegada del Mesías, y propone una serie de disposiciones de carácter moral y prudencial para no ser motivo de escándalo para la comunidad de origen judío que vive en la diáspora, y que se irán afinando con el paso del tiempo.

En tercer lugar hemos de considerar como en medio de este impasse la comunidad no busca atacar, despreciar, o maltratar a nadie, sino que ante todo se busca mantener la comunión siendo fieles a la voluntad del Señor, y la figura de san Pedro resulta particularmente importante en este sentido.

Pedro continúa a preservar la comunión en el seguimiento de la voluntad del Señor a través de sus sucesores, cada Papa a lo largo de la historia ha buscado discernir en comunión con toda la Iglesia la voluntad de Dios, en cada Papa, Pedro busca darnos luces para vivir cómo Cristo nos ha enseñado, por eso fieles a la Palabra del Señor Jesús, aunque a veces a alguno pueda parecer difícil, nosotros nos mantenemos cum Petro et sub Petro, con Pedro y bajo Pedro.

“¿Quién ignora que las llaves del Reino de los Cielos fueron entregadas a Pedro? ¿Acaso no se edifica toda la Iglesia sobre la fe y la doctrina de Pedro, hasta que lleguemos todos al hombre perfecto en la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios? Es necesario, sin duda, que sean muchos los que planten, muchos lo que rieguen, pues lo exige el avance de la predicación y el crecimiento de los pueblos…sea quien fuere el que planta y el que riega, Dios no da crecimiento sino a aquel que planta y riega sobre la fe de Pedro y sigue su doctrina”

Santo Tomás Becket.

La fidelidad al Señor, es garantía de vida para el Cristiano. Jesús nos invita constantemente a permanecer en Él, a ser fieles, a vivir como Él nos ha dicho y mostrado, ayer usaba el ejemplo de la vid y los sarmientos para recordarnos esto, y hoy nos dice el modo en que esto se realiza: cumpliendo sus mandamientos, entrando en su voluntad que no busca otra cosa sino hacer la voluntad del Padre.

Su insistencia en este punto es tal, porque su amor lo lleva a ellos, pues Él busca que vivamos realmente aquella vida para la que nos pensó desde la eternidad, una vida que implica la verdadera alegría del corazón, se trata de una vida que no tiene al centro a otro sino al amor de nuestras a vidas, a nuestro Amado y nadie puede ocupar su lugar.

“Llámale Amado para más moverle e inclinarle a su ruego, porque, cuando Dios es amado, con grande facilidad acude a las peticiones de su amante…De donde entonces le puede el alma de verdad llamar Amado, cuando ella está entera con Él, no teniendo su corazón asido a alguna cosa fuera de Él; y así de ordinario trae su pensamiento en Él”

San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual.

Que el Señor nos conceda la gracia en este día de saber discernir su voluntad para nuestra historia aquí y ahora a la luz de la fe que nos ha sido comunicada por los apóstoles, y en la cual nos guía seguros el sucesor de Pedro, para que en todo momento seamos fieles al Señor, permanezcamos en Él y un gocemos de aquella alegría plena que ha querido para nosotros. Amén.