Pax Christi

XIV Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C

La Sagrada Escritura en este día nos propone de muchos modos el tema de la paz que Cristo ha venido a instaurar en el mundo, una paz que no es fruto simplemente de evitar la confrontación, o del ser políticamente correcto o quizás de cortesía hipócrita del que no quiere complicarse la vida. Sino la paz que es fruto de la justicia, de la verdad y de la misericordia.

San Agustín escribía en alguna ocasión: “la paz es la tranquilidad en el orden”. Pues Cristo le enseña al hombre cual es el verdadero orden en el que ha vivir, con su Palabra y su ejemplo de vida nos muestra cual es el camino que conduce a la paz. El hombre que vive como Cristo vivió, haciendo la voluntad del Padre, ése hombre vive en paz.

El profeta Isaías en este texto precioso que se encuentra en el último capítulo del libro que lleva su nombre, nos anuncia el culmen de esa paz en los cielos nuevos y la tierra nueva, nos anuncia la promesa del triunfo definitivo del bien sobre las fuerzas del mal, nos anuncia un mundo que ha sido lavado por la sangre del cordero y en el cual brilla la nueva Jerusalén, en donde los que antes vivían afligidos serán consolados en donde reinará la paz y la alegría, en donde “los siervos del Señor conocerán su poder”

Es el Reino de Dios en donde se goza de la paz que ha brotado de la pascua de Cristo, quien con su Pasión Muerte y Resurrección ha vencido las fuerzas del mal, y ha inaugurado el tiempo de la misericordia del Señor, un tiempo en el cual quienes antes se encontraban sometidos a la influencia del enemigo tienen la posibilidad de enmendar sus acciones y entrar en la conversión, viviendo como crucificados para el mundo y gloriándose en la cruz del Señor.

Hermanos, hoy es el tiempo de la misericordia, hoy es el tiempo de la salvación, hoy Cristo es el tiempo en el Cristo pasa y toca a tu puerta y te llama, si hoy escuchas su voz, no endurezcas el corazón.

Esta paz que se nos anuncia hoy, es la paz de Cristo que lleva en su corazón el hombre justo, es decir el hombre que busca vivir según la justicia del Señor, meditando y siguiendo su Palabra, dándole un culto en espíritu y verdad adorándolo como su único Dios, alimentándose del verdadero pan del cielo en la Sagrada Eucaristía y obrando con caridad hacia sus hermanos, luchando el buen combate de la fe, sin dejarse seducir por las artimañas del enemigo y del mundo.

Esta es la paz que anunciamos y proclamamos, la paz que un día llegará a su plenitud en la Jerusalén celeste, la paz que es fruto de la acción del Espíritu Santo, la paz que proviene del vivir sabiendo que nuestros nombres están escritos en el cielo.

IMG: Una fotografía del gesto de la paz durante la celebración de la Santa Misa