…en quien me complazco…

El Bautismo de Jesús

Is 42, 1-4.6-7; Sal 28; Hch 10, 34-38; †Mt 3, 13-17

Llegamos al último domingo del tiempo de navidad y la Sagrada Liturgia nos invita a contemplar una de las grandes epifanías (manifestaciones) del Señor, es interesante como la Iglesia nos presenta estos acontecimientos, si los cristianos de occidente celebramos la solemnidad de la Epifanía con la llegada de los Magos, nuestros hermanos cristianos orientales lo hacen durante el Bautismo del Señor, respirar a dos pulmones como diría san Juan Pablo II ilumina los misterios de nuestra fe. El bautismo es otra de las grandes manifestaciones de Jesús como el Hijo de Dios y Mesías salvador: “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias” (Mt 3, 17) palabras preciosas y llenas de significado que se han escuchado venir de lo alto.

La versión de san Mateo que hemos escuchado de este relato se caracteriza por el diálogo entre Jesús y Juan el Bautista, Jesús pide ser bautizado, Juan se rehúsa, pero Jesús le convence que hay que hacerlo “para que se cumpla todo lo que Dios quiere”. El amor del corazón de Cristo por su Padre celestial, le hace modelo de la obediencia cristiana, en su pecho, el amor del hombre es reconciliado con el amor de Dios, para que así como Jesús buscaba cumplir “todo lo que Dios quiere” haciendo Su voluntad, todos los hombres hiciesen lo mismo. En el corazón de Jesús el hombre ya no ve la voluntad de Dios como una obligación a cumplir que coarta la propia libertad, al contrario se ve desde la obediencia filial que encuentra en la voluntad del Padre el gran amor que nos lleva a la vida plena, la vida de hijos amados, en Jesús la voluntad del hombre vuelve a estar en sintonía con la voluntad de Dios. Jesús bajó al Jordán en medio de los pecadores, cual cordero pascual, inocente sin mancha, para quitar los pecados del mundo, fue contado entre nosotros para rescatarnos, para llevarnos de nuevo a la amistad con Dios, es más para vivir como hijos de Dios.

Benedicto XVI, contemplando la versión de san Lucas explicaría que el bautismo de Juan “comporta un reconocimiento de la culpa y una petición de perdón para poder empezar de nuevo, este sí a la plena voluntad de Dios encierra también, en un mundo marcado por el pecado, una expresión de solidaridad con los hombres, que se han hecho culpables, pero que tienden a la justicia. Sólo a partir de la cruz y la resurrección se clarifica todo el significado de este acontecimiento. Al entrar en el agua, los bautizandos reconocen sus pecados y tratan de liberarse del peso de sus culpas.

¿Qué hizo Jesús? Lucas, que en todo su Evangelio presta una viva atención a la oración de Jesús, y lo presenta constantemente como Aquel que ora –en diálogo con el Padre, nos dice que Jesús recibió el bautismo mientras oraba (cf. Lc 3, 21). A partir de la cruz y la resurrección se hizo claro para los cristianos lo que había ocurrido: Jesús había cargado con la culpa de toda la humanidad; entró con ella en el Jordán. Inicia su vida pública tomando el puesto de los pecadores.

La inicia con la anticipación de la cruz. Es, por así decirlo, el verdadero Jonás que dijo a los marineros: «Tómenme y láncenme al mar» (cf. Jon 1, 12). El significado pleno del bautismo de Jesús, que comporta cumplir «toda justicia», se manifiesta sólo en la cruz: el bautismo es la aceptación de la muerte por los pecados de la humanidad, y la voz del cielo –»Este es mi Hijo amado» (Mc 3, 17)– es una referencia anticipada a la resurrección. Así se entiende también por qué en las palabras de Jesús el término bautismo designa su muerte (cf. Mc 10, 38; Lc 12, 50). Aceptar la invitación al bautismo significa ahora trasladarse al lugar del bautismo de Jesús y, así, recibir en su identificación con nosotros nuestra identificación con El. El punto de su anticipación de la muerte es ahora para nosotros el punto de nuestra anticipación de la resurrección con El.”

Todos estamos llamados a vivir como hijos amados del Padre, de todos nosotros se espera se diga “este es mi hijo amado en quien me complazco” entonces, ¿qué hay que hacer para complacer a Dios? Imitar a Jesús, entrar en la voluntad del Padre, vivir según su voluntad, la cual nos es enseñada por la Iglesia a través de la Sagrada Escritura, la Tradición, el Magisterio de nuestros obispos y el Papa. Hoy con ocasión de esta celebración queridos hermanos, recordemos el sentido de nuestro bautismo, nuestra conformación con el Corazón de Jesús, nuestro entrar en la voluntad del Padre a través de la obediencia de hijos, muriendo a nosotros mismos como cuando fuimos lavados del pecado por las aguas de la fuente bautismal para que resplandezca en nosotros aquella vida nueva según el Espíritu Santo para la cual renacimos.

«Enterrémonos con Cristo por el Bautismo, para resucitar con él; descendamos con él para ser ascendidos con él; ascendamos con él para ser glorificados con él»

Gregorio Nacianceno

Roguemos al Señor nos conceda la gracia de saber discernir su voluntad para que también en nosotros un día al llegar al cielo sean coronados los méritos de Cristo y se diga “este es mi hijo amado en quien tengo mis complacencias”