Intercesores y testigos

Jueves – IV semana de cuaresma

• Ex 32, 7-14. Arrepiéntete de la amenaza contra tu pueblo.
• Sal 105. Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo.
• Jn 5, 31-47. Hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza.

Moisés es para nosotros, hoy, un ejemplo de un hombre que ora para interceder por los suyos, él apela a la misericordia del Señor, es bellísimo como en su oración apela al amor de Dios y a su obra liberadora para suplicar el perdón, y esto sin desconocer u obviar el hecho de que el Pueblo estaba actuando mal, de hecho nunca dice «no Señor no están siendo idólatras» o «cierra un ojo y has como que no ves», no se ve nunca esto, sino que pone en primer lugar al Señor mismo, su gloria y su amor, y así obtiene el perdón del pecado del Pueblo.

Posteriormente nos relata el libro del Éxodo cómo Moisés hará hacer penitencia al Pueblo por la falta cometida, pues en justicia debía ser castigado sin embargo, le fue perdonada su culpa, y como gesto de esto no sólo mandará destruir el becerro de oro sino que el polvo que salió de esto lo mezclará con agua y se los hará a beber a los israelitas como signo de que asumen su responsabilidad. De esa manera evidencia en que sentido decimos que la misericordia es mayor que la justicia, no porque la obvia o desconoce, sino porque la abarca y supera.

+Y para que no vayáis a juzgar que obró así por necesidad y no por caridad, le ofreció Dios otro pueblo: «Yo te haré caudillo, le dijo, de otro gran pueblo, no te pese aniquilar a los culpables». Pero Moisés no acepta, sigue viviendo entre los culpables, ruega por los pecadores. Y ¿cómo pide? ¡Ah hermanos, qué prueba tan grande dio de su amor! ¿Cómo pide? He ahí la caridad en cierto modo maternal, de que os hemos hablado muchas veces. Amenazando Dios al pueblo sacrílego, las piadosas entrañas de Moisés temblaron y se ofreció ellos a la cólera del Señor «Señor, dice, si los perdonas, perdónales; si no, bórrame a mí del libro de la vida». ¡Con qué paternales y maternales entrañas y con qué seguridad habló, fiado en la justicia y en la misericordia de Dios, que siendo justo, no había de perder al justo y, siendo misericordioso, perdonaría a los pecadores!+

San Agustín, Sermón, 88, 24

Es también el sentido de la penitencia cristiana, no realizamos este tipo de actos para ser perdonados, como si nosotros nos pudieramos obtener el perdón por nosotros mismos, sino que lo ofrecemos y unimos a los sufrimientos de Cristo en la Cruz como miembros que somos de su Cuerpo, para que en atención a Él, no sólo seamos perdonados sino seamos fortalecidos en la lucha contra el pecado y sus consecuencias.

Incluso los unimos también como un gesto de oración corporal, intercediendo por otros, al modo en que Moisés intercedió por el Pueblo, de modo que  viendo nuestra debilidad y miseria, atraigamos el amor del Señor. Santa Teresita decía que «Nuestra miseria atrae su misericordia», ella incluso confiaba muchísimo en Dios, y confiaba en que Dios que es Justo, sabrá también tener piedad de nosotros ya que conoce nuestras fragilidades.

Jesús en el santo Evangelio nos pone de manifiesto también esta justicia de Dios, que conoce la verdad de los corazones de los hombres, pues pone de manifiesto la necedad de los aquellos que no le reconocen no obstante los grandes testimonios que reciben, de hecho reprocha a los judíos que atentaban contra Él, les llega a decir que nunca han oído la voz de Dios.

Es más, Cristo afirma que de Él dieron testimonio: Juan Bautista, las obras que realizó, el Padre y las Sagradas Escrituras. Y aún a pesar de esto no le quieren escuchar, y les revela que esta necedad en la que habían caído viene, de la búsqueda de glorias humanas, es decir de las seguridad terrenas, sentían amenazada su posición. Ellos que se jactaban de ser conocedores de la Ley serían juzgados por no haberla creído pues como dice «Si creyerais a Moisés me creerías a mí, porque él escribió de mí».

Roguemos al Señor nos conceda la gracia de tener un oído atento y un corazón dócil a su Palabra, no sea que por la ceguera que puede producir el pecado terminemos persiguiéndolo a Él. Y si conocemos a alguien que se ha distanciado de la fe, roguemos por esa persona a Dios como lo hizo Moisés, como lo hace nuestra Buena Madre también por nosotros, incluso podríamos hacer uso de sus palabras en Caná y decirle al Señor «Jesús, no tienen vino»: «Jesús, mi padre no tiene vino» «Jesús, mi hijo no tiene vino» «Jesús, mi amigo no tiene vino»

Nota: La imagen es la escultura de Moisés de Miguel Ángel

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