El pan de la vida

Martes – III semana de pascua

  • Hch 7, 51-8, 1a. Señor Jesús, recibe mi espíritu.
  • Sal 30. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
  • Jn 6, 30-35. No fue Moisés, sino que es mi Padre el que da el verdadero pan del cielo.

El discípulo irá tras el maestro, Esteban será acusado, de faltar contra Dios, contra la Ley y contra el Templo, él elaborará todo un discurso, el más largo en el libro de los Hechos, y aún así parece un discurso inconcluso, si vemos comienza exponiendo la historia de la salvación, quien conoce que Dios llamó a Abraham para formarse un Pueblo ¿estará hablando mal de Dios? Quien indica como Dios da la Ley al Pueblo ¿estará hablando mal de la Ley? Quien sabe cómo se construyó el Templo con el beneplácito divino ¿estará hablando mal del Templo?

Es más Esteban proyecta una luz mucho mayor, porque les lleva a recordar como el Templo en sí no puede contener a Dios, movido por el Espíritu Santo les quiere llevar a penetrar el sentido profundo de aquellas cosas, sin embargo ello se resisten, y con sus actitudes al presentar testigos falsos y una auténtica persecución contra él, simplemente están repitiendo lo que se hizo con los profetas y lo que se hizo con Cristo.

Su discurso no concluyó, fue interrumpido por la lapidación, Esteban verá con los ojos de la fe Cristo a la diestra de Dios, hay quien dice que esta visión será su fortaleza para resistir ante la muerte que habría de sufrir, y como buen cristiano imitará a su Señor perdonando a los que le asesinan, entre aquellos se encontraban en aquel momento encontramos a Saulo de Tarso que aunque ahora aprueba la ejecución más tarde sufrirá un destino similar.

«Esteban, para merecer la corona que significa su nombre, tenía la caridad como arma, y por ella triunfaba en todas partes. Por la caridad de Dios, no cedió ante los judíos que lo atacaban; por la caridad hacia el prójimo, rogaba por los que lo lapidaban. Por la caridad, argüía contra los que estaban equivocados, para que se corrigieran; por la caridad, oraba por los que lo lapidaban, para que no fueran castigados. Confiado en la fuerza de la caridad, venció la acerba crueldad de Saulo, y mereció tener en el cielo como compañero a quien conoció en la tierra como perseguidor. La santa e inquebrantable caridad de Esteban deseaba conquistar orando a aquellos que no pudo convertir amonestando. Y ahora Pablo se alegra con Esteban, y con Esteban goza de la caridad de Cristo, triunfa con Esteban, reina con Esteban; pues allí donde precedió Esteban, martirizado por las piedras de Pablo, lo ha seguido éste, ayudado por las oraciones de Esteban. (…) La caridad es la fuente y el origen de todos los bienes, egregia protección, camino que conduce al cielo»

San Fulgencio de Ruspe, Sermones 3,5-6

En el santo Evangelio encontramos a Nuestro Señor que comienza a entrar en diálogo con aquellas multitudes que le seguían busca moverles a la fe en Él, llevarlos a la vida. Jesús se pone en el mismo plano de Dios llamándole Padre, y les conduce con suavidad a descubrir que ellos se hayan en presencia de algo mucho más grande que el maná, en efecto aquel pan era una figura del Aquel que de verdad saciará los anhelos de todo hombre, Él da la vida, y la vida eterna, por ello es el verdadero pan de vida y ese pan sabemos lo hayamos en la Santísima Eucaristía.

El maná fue un signo de la providencia de Dios que cuida del hombre, es un pan para el camino, es un pan que se da a diario – no hay necesidad de estar guardando porque siempre está- Dios no abandona. La expresión «no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» da entender que no es un alimento material o mejor dicho una seguridad física la que ha de procurarse el hombre sino todo lo que Dios habla, y en la plenitud de los tiempos su Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros, su palabra nos hablado en Cristo Jesús. Los salmos llaman al maná el pan de los fuertes otras traducciones dirán el pan de los ángeles, es el alimento celestial,  que como todo dádiva de Dios es dado en abundancia. El libro de la sabiduría en el capítulo 16 narra que era un alimento «preparado sin trabajo» es decir un don del Señor, que «producía completo deleite, apto para todos los gustos» en él Dios mostraba su dulzura pues esta sustancia «servía al deseo del que la recibía» y «se convertía en lo que cada uno prefería”, es sólo el Señor quien puede colmar los anhelos de los corazones del hombres.

“Este pan, no producido por el cultivo de la tierra, es también la palabra que, gracias a la diversidad de sus cualidades, adapta su fuerza a las capacidades de quienes la comen. En efecto, no sólo sabe ser pan, sino que se convierte también en leche y en carne y en legumbres, y en todo aquello que se adapte y sea apetecible para quien lo recibe (…). Las maravillas que nos muestra la historia en torno a aquel alimento son enseñanzas para la vida virtuosa. Pues dice que a todos se les ofrecía una participación igual en el alimento, y que la diferencia de fuerzas en quienes lo recogían no implicaba ni exceso, ni falta de lo necesario. Esto, a mi parecer, es un consejo ofrecido a todos: que quienes procuran las cosas materiales necesarias para vivir no sobrepasen los límites de la necesidad, sino que sepan bien que, para todos, la medida natural del alimento es la satisfacción de la necesidad diaria”

Gregorio de Nisa, De vita Mosis 2,140-141.

Es un hecho precioso retomar esas características y aplicarlas a la Santísima Eucaristía, escojo una para muestra, “es el pan del camino”, en este mundo mientras vamos como peregrinos rumbo a la tierra prometida, rumbo a la patria celeste, nos vemos alimentados con este alimento santísimo, en el que encontramos al mismo Jesús que nos sale al paso y nos fortalece y llena de su vida divina, hoy lo contemplamos bajos las especies del pan y del vino pero sabemos que más tarde cuando amanezcamos a la aurora que no conoce el ocaso en el cielo nos saciaremos contemplándolo cara a cara como dice el salmo 16  “al despertar me saciaré de Tu semblante”.

“Este es el verdadero maná que el Señor hizo llover del cielo como alimento de los hombres…éste el que Dios en su bondad ha preparado para sus pobres (Sal 67,9ss). Porque Cristo, que descendió por todos los hombres y hasta el lugar concreto de cada hombre, atrae a todos hacia si por su bondad inefable. No rechaza a nadie y admite a todos los hombres a la conversión. Para todos los que le reciben es dulzura deliciosa. Únicamente él puede colmar todos los anhelos del hombre… y se adapta de manera diferente a unos y a otros, según sus tendencias, sus deseos y apetitos…

Cada uno encuentra en él un sabor distinto…Porque no tiene el mismo sabor para el que se convierte y comienza el camino como para el que avanza en él o está ya llegando a la meta. No tiene el mismo sabor en la vida activa que en la vida contemplativa, ni para el que usa de este mundo como el que vive apartado de él, para el célibe y el hombre casado, para el que ayuna y distingue los días como para el que considera todos iguales. (cf Rm 14,5)…

Este maná cura las enfermedades, alivia los dolores, anima en los esfuerzos y fortalece la esperanza… Aquellos que lo han saboreado “siempre tendrán hambre” (Ecl 24,29). Los que tienen hambre serán saciados.”

Balduino de Cantorberry

Que el Señor nos conceda la gracia en este día de recordar el gran valor de este tesoro que se nos ha dado en el santo Sacramento del altar, es este el alimento que fortaleció a aquellos discípulos de la primera hora de la Iglesia que como san Esteban dieron su vida por amor, y cuando no podamos acceder a Él recurramos al  gran tesoro de la comunión espiritual, para que trayendo a la mente y al corazón el recuerdo del pan de los ángeles, podamos recibir la visita del dulce Jesús en nuestra alma, recuerda las palabras del salmo 107 (106), 5-8

 «Hambrientos y sedientos, desfallecían sus almas. En su angustia clamaron al Señor, y los libró de sus tribulaciones. Los condujo por camino recto, hasta llegar a una ciudad donde habitar. Den gracias al Señor por su misericordia, por sus maravillas con los hijos de Adán. Porque sació al alma sedienta, y a la hambrienta la llenó de bienes.»

 IMG: “Los israelitas recogen el maná” de Tintoretto

milagrodelmana