Estamos en sus manos

Miércoles – III semana de Pascua

Hch 8, 1 b-8 “Iban de un lugar a otro anunciando la Buena Nueva de la Palabra”
Sal 67, 1-3a.4-5.6-7ª  “R/. Aclamad al Señor, tierra entera.”
Jn 6, 35-40 “Esta es la voluntad del Padre: que todo el que ve al Hijo tenga vida eterna”

Al ver la primera vemos como la muerte de san Esteban fue el inicio de la persecución contra la Iglesia, los enemigos se ensañaron contra ella, sin embargo la dispersión de los cristianos fue ocasión para que el Evangelio se difundiera en las demás ciudades circunvecinas, la Buena Nueva de Cristo antes que ser callada es proclamada con más audacia. Es interesante pensar en como aquellos hombres y mujeres con prudencia hicieron lo que era posible para evitar la muerte sin traicionar por ello la fe, antes bien la promovieron. San Beda el venerable dirá “Esto es lo que el Señor mismo ordenó cuando os persigan en una ciudad, huid a otra (Mt 10, 23). Así se cumplía esto con la anuencia del Señor ya que Aquella tribulación se convirtió en semillero del Evangelio”  (Comentario a los Hechos de los apóstoles, 8, 1). Como es el caso de Felipe, el diácono, que predica en Samaria (el apóstol del mismo nombre se quedó en Jerusalén con los otros), su mensaje va acompañado de los signos y prodigios que había prometido Jesús. El Evangelio es anunciado en toda circunstancia.

Podríamos reflexionar en este punto en particular, como los momentos de crisis en la vida de la Iglesia no han sido una ocasión de parálisis, sino que han dado lugar a beneficios aún mayores, los cristianos han encontrado siempre modos de anunciar el Evangelio con su vida y su palabra. En nuestro hoy concreto ¿cómo estamos dando a conocer a Cristo y su Buena Nueva de salvación? ¿qué podría hacer hoy?

«El Cristianismo ha estado demasiadas veces en lo que parecía un fatal peligro, como para que ahora nos vaya a atemorizar una nueva prueba (…). Son imprevisibles las vías por las que la Providencia rescata y salva a sus elegidos. A veces, nuestro enemigo se convierte en amigo; a veces se ve despojado de la capacidad de mal que le hacía temible; a veces se destruye a sí mismo; o, sin desearlo, produce efectos beneficiosos, para desaparecer a continuación sin dejar rastro. Generalmente la Iglesia no hace otra cosa que perseverar, con paz y confianza, en el cumplimiento de sus tareas, permanecer serena, y esperar de Dios la salvación»

San John H. Newman, Biglietto Speech

En el santo Evangelio vemos como Jesús hace un reproche a sus interlocutores, ¿es posible que pidan ver signos? ¿acaso no recuerdan lo que acaba de hacer al multiplicar los panes? ¿que hay del modo asombroso en que cruzó al otro lado con tanta presteza? Un elemento importante que algunos estudiosos de Sagrada Escritura comentan es como en este discurso se ve la incredulidad a pesar de los signos manifiestos, es la misma murmuración que el antiguo pueblo de Israel realizaba no obstante las grandes gestas que el Señor había hecho en su favor, es el hombre que no obstante los grandes signos de Dios en su vida, siempre busca alguna excusa para rechazarlo o para cometer alguna infidelidad, el hombre que quiere justificar su mal cuando Dios quiere hacerlo justo para que goce del bien.

Asimismo Jesús comienza a anunciar el vínculo especial que la fe en Él genera entre aquellos que le siguen y su persona, a nadie perderá, e incluso comenzará a hablar del tema de la resurrección, el gran signo de la Pascua. Jesús es el alimento que nos nutre de eternidad. Bendición y misterio inefable de la voluntad divina, Dios nos quiere junto a sí, el Padre envió al Hijo con esta misión, el Hijo se encarnó y dio su vida por nosotros con esta misión, el Espíritu Santo nos sigue recordando y dando la gracia para corresponder a esta misión. Jesús nos revela que Dios nos quiere para la vida y por eso se nos dará en el pan de vida.

“¿Qué promete Cristo realmente? Nada corruptible, ciertamente , sino más bien la bendición que hallamos en la participación de su santa carne y sangre, y que lanza al hombre entero hacia la incorruptibilidad, de tal modo que nada necesite de lo que aleja la muerte de la carne, o sea, la comida y la bebida…Pues bien, el santo cuerpo de Cristo vivifica a aquellos en quienes está y, al confundirse con nuestros cuerpos, nos mantiene para la incorruptibilidad….”

San Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. De Juan 3, 6

Demos gracias a Dios que en medio de las más grandes pruebas nos da la fortaleza necesaria en Cristo Jesús, es Él quien nos sostiene y anima no obstante los períodos difíciles que podamos pasar por las diferentes circunstancias históricas, es Él quien hace que todo concurran para mayor bien de la humanidad entera, estamos en su manos, no somos fruto y víctimas del azar, Jesús lo dijo no perderá nada de lo que se le dio ¿por qué temer?

IMG: «Últimas oraciones de los mártires cristianos» de Jean-Léon Gérome

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