San Andrés, el primer llamado

• Rm 10, 9-18. La fe nace del mensaje que se escucha, y la escucha viene a través de la palabra de Cristo.
• Sal 18. A toda la tierra alcanza su pregón.
• Mt 4, 18-22. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

El anuncio del Evangelio es la misión de todo apóstol de Cristo. Él los llamo consigo para que viviendo muy cerca de Él hicieran experiencia del amor misericordioso del Padre, que a través de sus palabras y obras se reveló a la humanidad. Jesús hizo de aquellos primeros discípulos unos verdaderos testigos de todo lo que vieron y oyeron, son los testigos del resucitado que han ido por todo el mundo en misión para darle a conocer y llevar tantos hombres y mujeres al encuentro con Aquel que nos amó primero.

Hoy celebramos a san Andrés, uno de los primeros llamados, como nos lo muestra el Evangelio de hoy, de hecho algunas tradiciones griegas lo llaman “el protóclito”, el primer llamado. Este apóstol será uno de aquellos hombres que, desde el primer encuentro con el Señor, se convirtió en verdadero heraldo de la Buena Nueva pues a penas le conoció fue a decir a su hermano, Simón Pedro, “«Hemos encontrado al Mesías, que significa Cristo». Y lo llevó a Jesús.” (Jn 1, 41-42)

Este santo apóstol es mencionado en otras tres ocasiones en el Evangelio: en la multiplicación de los panes, ahí nos enseña a poner en manos de Jesús incluso aquello que consideramos poca cosa, puesto que aunque eran los pocos trozos que tenían igual se los presenta, sus dudas eran patentes ya que le diría que no bastarían para aquella multitud, y que sorpresa se llevaría cuando Jesús le mostró que el es capaz de transformar en grandes obras de amor lo que para los hombres no vale mucho, y es que para el que ama nada es pequeño.

También lo vemos de camino con Jesús en Jerusalén y dice un elogio sobre el Templo, lo cual da pie para nuestro Divino Maestro pronuncie el discursos escatológico acerca del final de los tiempos lo cual suscitó interrogantes en el apóstol y sus compañeros, a lo que Jesús dio como respuesta una palabra que los movería al discernimiento de los signos de los tiempos y a la vigilancia, así nos enseña el apóstol a no tener miedo de entrar en diálogo con el Señor, estando atentos claro está a la escucha de su Palabra.

Le encontramos de nuevo, explícitamente mencionado, junto con Felipe como un intercesor de algunos griegos que quería entrar en contacto con Jesús, de hecho su nombre es de cultura helénica y por tanto esto les habría inspirado confianza hacia él, de todos modos aquella fue ocasión para que Jesús hablara de su hora, de alguna manera con esto les deba entender nos dice el Papa Benedicto XVI que “Jesús quiere decir:  sí, mi encuentro con los griegos tendrá lugar, pero no se tratará de una simple y breve conversación con algunas personas, impulsadas sobre todo por la curiosidad. Con mi muerte, que se puede comparar a la caída en la tierra de un grano de trigo, llegará la hora de mi glorificación. De mi muerte en la cruz surgirá la gran fecundidad:  el «grano de trigo muerto» —símbolo de mí mismo crucificado— se convertirá, con la resurrección, en pan de vida para el mundo; será luz para los pueblos y las culturas. Sí, el encuentro con el alma griega, con el mundo griego, tendrá lugar en esa profundidad a la que hace referencia el grano de trigo que atrae hacia sí las fuerzas de la tierra y del cielo y se convierte en pan. En otras palabras, Jesús profetiza la Iglesia de los griegos, la Iglesia de los paganos, la Iglesia del mundo como fruto de su Pascua.” (Catequesis, 14 de junio de 2010) Es decir, que Jesús les anuncia una de las características de la llegada del Mesías Salvador, el antiguo Pueblo elegido vivirá su vocación de reunir en sí todos los pueblos del mundo ya que en él nacerá el Redentor de la humanidad, todas las naciones comenzarán a formar parte del Nuevo Pueblo de Dios, del Nuevo Israel que resplandece en su santa Iglesia.

El Papa Emérito nos recordaba también aquella ocasión las palabras que según una antigua tradición habría pronunciado el apóstol antes de su martirio en cruz:

«¡Salve, oh Cruz, inaugurada por medio del cuerpo de Cristo, que te has convertido en adorno de sus miembros, como si fueran perlas preciosas! Antes de que el Señor subiera a ti, provocabas un miedo terreno. Ahora, en cambio, dotada de un amor celestial, te has convertido en un don. Los creyentes saben cuánta alegría posees, cuántos regalos tienes preparados. Por tanto, seguro y lleno de alegría, vengo a ti para que también tú me recibas exultante como discípulo de quien fue colgado de ti… ¡Oh cruz bienaventurada, que recibiste la majestad y la belleza de los miembros del Señor!… Tómame y llévame lejos de los hombres y entrégame a mi Maestro para que a través de ti me reciba quien por medio de ti me redimió. ¡Salve, oh cruz! Sí, verdaderamente, ¡salve!». (Pasión de san Andrés)

En este tiempo de Adviento, contemplar la figura de este apóstol nos lleva a ver en él un modelo de preparación a la llegada de Cristo, puesto que según nos enseña el Evangelio de san Juan, antes de conocer al Señor había sido previamente discípulo de san Juan Bautista había escuchado la voz que clamaba en el desierto “preparen los caminos del Señor” (Is 40, 3) Junto el futuro apóstol san Juan habría oído al último de los grandes profetas del Antiguo Testamento le dijo “He ahí el Cordero de Dios que quitar el pecado del mundo” (Jn 1, 36) y el cuarto evangelista que “Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús.” (Jn 1, 37)

Que con san Andrés apóstol aprendamos en este tiempo a disponer nuestro corazón a la escucha de la Palabra, para poder acoger los dones que el Señor quiere derramar en nuestras vidas, el mayor de los cuales será ser sus discípulos, testigos del amor que nos manifestó al hacerse hombre por nosotros para salvarnos, y ser a la vez misioneros que vayan y proclamen a Aquel que han conocido y amado, y que habrá de volver al final de los tiempos.

IMG: «Martirio de san Andrés» en la iglesia san Andrea della valle en Roma