Magnificat anima mea Dominum

1 Sam 1, 24-28. Ana dio gracias por el nacimiento de Samuel
Sal: 1 Sam 2, 1-8. Mi corazón se alegra en Dios, mi salvador.
Lc 1, 46-56. Ha hecho grandes cosas el que todo lo puede

Es curioso como pocos días antes de la gran celebración de la Navidad, la Iglesia nos invita a poner nuestra mirada en la presentación en el templo del niño que será el futuro juez y profeta Samuel, aparentemente no tiene ninguna relación con la dulce espera del nacimiento del Redentor, sin embargo visto en profundidad, encontramos en Ana, su madre, el ejemplo concreto de como Dios escucha el clamor de sus hijos que sufren, sobre todo de aquellos que pasan grave necesidad, sabemos que la intervención milagrosa del Señor en la vida de aquella mujer la hizo capaz de concebir en su vientra un niño no obstante su esterilidad, la que se sentía triste y descartada gozó del favor del Señor, ella y su esposo Elcaná se alegraron muchísimo por el favor que había recibido.

El niño es un don del Señor, sus padres agradecidos, lo consagran al servicio del Templo, hace recordarnos como en la santa Misa nosotros también ofrecemos al Señor de los mismos bienes que nos da, pues el pan y el vino que se han de consagrar han sido previamente un don del Señor que hacer germinar el grano y crecer la vid, el hombre que sabe reconocer el paso de Dios por su historia sabe reconocer que las bendiciones que recibe de lo alto, ha de servir para dar gloria y alabanza a su Creador.

Llegando al día culmen del nacimiento de Jesús, por tanto, hacemos memoria de que Dios no ignora ni es indiferente a los sufrimientos de sus hijos, Él, viéndonos sufrir a causa del pecado y sus consecuencias, ha querido asumir nuestra naturaleza humana para rescatarnos y hacernos gozar de la vida plena. El Padre eterno envió a su Hijo único para encarnarse por obra del Espíritu Santo en el vientre de la siempre Virgen María para dar respuesta al drama en el que se veía sumida la humanidad. Jesús es la solución de Dios ante el problema del mal. 

De ahí que hoy en el santo Evangelio contemplemos esa preciosa oración que nuestra Buena Madre eleva al cielo para cantar las alabanza del Señor, ciertamente esta basada en el cántico de Ana, sin embargo adquiere en María santísima un nuevo matiz ya que hoy la intervención de Dios es definitiva, ha llegado la plenitud de los tiempos, el Hijo de Dios está por nacer, la hora de la salvación llega, he ahí el verdadero origen de la alegría de la Navidad

“Que en todos resida el alma de María para glorificar al Señor; que en todos resida el espíritu de María para exultar en Dios. Si bien es cierto que, físicamente, no hay más que una Madre de Cristo, por la fe Cristo es el fruto de todos, porque toda alma recibe al Verbo de Dios con la condición de permanecer sin mancha, preservada, desde el momento que sea, del mal y del pecado, guardando la castidad en una inalterada pureza. Así pues, toda alma que llega a este estado exalta al Señor, igual que el alma de María exaltó al Señor y su espíritu se estremeció en Dios Salvador.

En efecto, el Señor fue magnificado tal como lo habéis leído en otra parte: “Proclamad conmigo la grandeza del Señor” (Sal 33,4). No porque la palabra humana pueda añadir algo al Señor, sino porque él crece en nosotros. Porque “Cristo es la imagen de Dios” (2C 4,4), y así el alma que hace alguna cosa justa y religiosa, proclama esta imagen de Dios, a semejanza de quien ella ha sido creada. Entonces, proclamándola, en cierta forma participa de su grandeza y se eleva; parece que reproduce en ella esta imagen a través del esplendor de los colores de sus buenas obras y, hasta cierto punto, la copia por sus virtudes.”

San Ambrosio de Milan, Comentario a san Lucas, 2, 26-27.

La oración de Nuestra Buena Madre la hace contemplar la llegada del Niño Jesús a su historia personal pero también la lleva a ubicarse en el gran contexto de la Historia de la Salvación, Jesús llega a nuestra vida con abundantes gracias y bendiciones, pero nos deja en una situación de intimismo ailacionista, sino que nos abre a contemplarnos parte de la historia de un Pueblo, todos caminamos junto con María como parte del Nuevo Pueblo de Israel en la santa Iglesia de Dios.

Roguemos al Señor nos conceda la gracia de preparar nuestro corazón para acoger con alegría el nacimiento de nuestro Redentor, así Sea.

IMG: Representación de María santísima y santa Isabel en el «Libro de las horas del Duc de Berry»