Dios visita a su pueblo

24 de diciembre

2 Sam 7, 1.5.8-12.14.16. El Reino de David permancerá para siempre en presencia del Señor
Sal 88. 2-5.27-29. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor
Lc 1, 67-79. Nos vistará el sol que nace de lo alto

La profecía de Natán a David, es una de los grandes anuncios de la llegada del Mesías, de Cristo Salvador. El rey ciertamente tenía la buena intención de edificar un Templo al Señor, y aunque no será él quien lo realice, el propósito santo de su corazón será escuchado por Dios, el Altísimo no se deja ganar en generosidad, si David quería edificarle un edificio, el Pastor de Israel le anuncia un desendencia bendecida y un linaje real que se prolongará sin fin. La promesa de Dios realizada por medio del profeta Natán llegará a su cumplimiento, ya que el Hijo de Dios será llamado también hijo de David puesto que Jesús estará vinculado a la dinastía davídica. 

Contemplando la inminencia de la Navidad la profecía de Natán es el anuncio de la Buena Nueva de la salvación a la humanidad afligida por el pecado y las fuerzas del mal, de modo similar Zacarías, en el santo Evangelio, se une este anuncio dicho al recordarnos en el Benedictus que Dios nos viene a nuestra historia, el Señor nos visita en el Divino Niño nacido en Belén, con él podemos cantar “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz” (Lc 1, 78-79)

Este cántico que escuchamos hoy, es una alabanza al Padre que se eleva todas las mañanas con el rezo de la Liturgia de las Horas en las Laudes, a la salida del sol, mientras comienza el día, la Iglesia se une en oración al Señor su Dios haciendo memoria de las maravillas que ha obrado en la humanidad, recuerda que el Creador del Universo no se olvida de la obra de sus manos, sino que ha enviado un Salvador, que llegará como el sol que su luz y calor da nueva vida a las criaturas, disipa las tinieblas y da nueva esperanza a la humanidad entera, pues que el Señor no le ha olvidado, antes bien Dios camino con su Pueblo.

“Pero ¿qué efectos produce en el hombre la visita de Dios? La sagrada Escritura testimonia que cuando el Señor interviene, trae salvación y alegría, libra de la aflicción, infunde esperanza, mira el destino del que recibe la visita y abre perspectivas nuevas de vida y salvación.

La Navidad es la visita de Dios por excelencia, pues en este acontecimiento se hace sumamente cercano al hombre mediante su Hijo único, que manifiesta en el rostro de un niño su ternura hacia los pobres y los pecadores. En el Verbo encarnado se ofrece a los hombres la gracia de la adopción como hijos de Dios. San Lucas se preocupa de mostrar que el evento del nacimiento de Jesús cambia realmente la historia y la vida de los hombres, sobre todo de los que lo acogen con corazón sincero: Isabel, Juan Bautista, los pastores, Simeón, Ana y sobre todo María son testigos de las maravillas que Dios obra con su visita.

En María, de manera especial, el evangelista presenta no sólo un modelo que es necesario seguir para acoger a Dios que sale a nuestro encuentro, sino también las perspectivas exultantes que se abren a quien, habiéndolo acogido, está Llamado a convertirse, a su vez, en instrumento de su visita y heraldo de su salvación: «Apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno», exclama Isabel dirigiéndose a la Virgen, que le lleva en sí misma la visita de Dios (Lc 1, 44). La misma alegría invade a los pastores, que van a Belén por invitación del ángel y encuentran al niño con su Madre: vuelven «glorificando y alabando a Dios» (Lc 2, 20), porque saben que el Señor los ha visitado.

A la luz del misterio que nos disponemos a celebrar, expreso a todos el deseo de que acudamos en esta Navidad, como María, a Cristo que viene a «visitarnos de lo alto» (Lc 1, 78), con corazón abierto y disponible, para convertirnos en instrumentos de la alegre visita de Dios para cuantos encontremos en nuestro camino diario.”

San Juan Pablo II, Catequesis 20 de diciembre de 1995

Escuchar el cántico de Zacarías en este día previo a la Navidad es un anuncio de lo que estamos por celebrar el día de mañana, el nacimiento del Redentor, su llegada es inminente, cuando amanezca nuevamente el 25 de diciembre, será un hacer memoria, que desde aquel día en Belén, la armonía de la Creación viene a ser restablecida, como un día caminó el Señor con Adán y Eva en el paraíso volverá a caminar con nosotros para llevarnos al nuevo Edén, aquel que se abre para todos aquellos que aman al Señor su Dios acogiendo al Divino Niño Jesús y su mensaje de salvación.

IMG: Amanecer en la Abadía Santa María Magdalena en Le Barroux Francia, su ábside edificado hacia el oriente marca la espera del sol naciente