Su Sangre derramada por Amor

La carta a los hebreos una vez más vuelve a remarcarnos la superioridad del sacerdocio y sacrificio de Cristo frente al levítico, esta vez hace una descripción detallada del modo de proceder de los antiguos sacerdotes israelitas que de ordinario ofrecían incienso y víctimas animales para expiar los pecados del pueblo y clamar la bendición del Señor y que tenían un espacio reservado para un nivel más profundo de encuentro con Dios en el Sanctum Sactorum en el cual se contenía el arca de la alianza y al que se entraba una vez al año para el gran día de la expiación, estos espacios reservados para la presentación de las ofrendas de los sacerdotes y el Sumo Sacerdote vienen a ser superados por Cristo Jesús, que como entra en un espacio más importante incluso que el Sanctum Sanctorum puesto que hoy no es sólo un acceso a un lugar simbólico sino que entra propio el lugar que aquellas realidades venían a simbolizar, Jesús ofreciendo el supremo sacrificio en el ara de la Cruz, se presenta a sí mismo como victima expiatoria por nuestros pecados, purifica a la humanidad entera con su sangre derramada por amor, reconcilia a la humanidad con el Padre eterno, nos hace entrar en la presencia de Dios, y nos convierte en herederos no de una pureza exterior y formal sino de la vida eterna.

«Anégate en la sangre de Cristo crucificado; báñate en su sangre; sáciate con su sangre; embriágate con su sangre; vístete de su sangre; duélete de ti mismo en su sangre; alégrate en su sangre; crece y fortifícate en su sangre; pierde la debilidad y la ceguera en la sangre del Cordero inmaculado; y con su luz, corre como caballero viril, a buscar el honor de Dios, el bien de su santa Iglesia y la salud de las almas, en su sangre» 

Santa Catalina de Siena, Cartas 333

El Santo Evangelio nos presenta un episodio muy común en la vida de los santos y de todo cristiano que se decide a seguir fielemente a Jesucristo, la incomprensión de aquellos que les son más cercanos.

Nos dicen estos breves versículos que unos parientes suyos fueron a buscarle, pues les parecía que estaba fuera de sí. Si esto sucedió con el Divino Maestro, ¿qué no sucederá con aquellos que buscan imitarle? 

“Un sector del pueblo enjuicia peyorativamente la obra y el mensaje de Cristo. Al no aceptar con sencillez su excelsa doctrina lo juzgan como a un iluso. Hasta allí llegó la humillación del Salvador, que se agrandará en la hora de la Pasión y Muerte. Hemos de aprender de la entereza de Cristo al sufrir tan gran difamación y calumnia.«¿Qué importa que los hombres nos deshonren, si nuestra conciencia nos defiende? Sin embargo, de la misma manera que no debemos excitar intencionadamente las lenguas de los que injurian para que no perezcan, debemos sufrir con ánimo tranquilo las movidas por su propia malicia, para que crezca nuestro mérito. Por eso se dice: “gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es muy grande en los cielos” (Mt 5,12)” 

San Gregorio, Sermones sobre el Evangelio 17

Cuando debamos pasar por momentos semejantes, en el que por el seguimiento de Cristo seamos incomprendidos o humillados, recurramos a Nuestra Buena Madre, quién siguiendo a su Hijo ciertamente vivió esta situación, para que por su intercesión podamos perseverar como ella al pie de la Cruz

“Queridos amigos, también entre los parientes de Jesús hubo algunos que a un cierto punto no compartieron su modo de vivir y de predicar, nos lo dice el Evangelio (cf. Mc 3, 20-21). Pero su Madre lo siguió siempre fielmente, manteniendo fija la mirada de su corazón en Jesús, el Hijo del Altísimo, y en su misterio. Y al final, gracias a la fe de María, los familiares de Jesús entraron a formar parte de la primera comunidad cristiana (cf. Hch 1, 14). Pidamos a María que nos ayude también a nosotros a mantener la mirada bien fija en Jesús y a seguirle siempre, incluso cuando cuesta.”

Papa Francisco, Angelus, 18-08-2013

Roguemos al Señor nos conceda la gracia de saber corresponder a su amor no obstante las incomprensiones que podamos vivir en este mundo, de modo que animados por el Cordero de Dios que derramó su sangre en un sacrificio de amor podamos también nosotros ser fieles a la Palabra de vida que nos ha sido dada.

Hb 9, 2-3.11-14. Por su propia sangre, ha entrado en el santuario una vez para siempre.
Sal 46. Dios asciende entre aclamaciones; el Señor al son de trompetas.
Mc 3, 20-21. Su familia decía que estaba fuera de sí.

IMG: Detalle de la adoración del «Cordero Místico» de Jan Van Eyck