Conversión de san Pablo

Es curioso como en la historia de la Iglesia se ha configurado una fiesta litúrgica para conmemorar el acontecimiento en el cual un hombre entró en la conversión, parece que como Iglesia nos unimos a los ángeles del cielo en un himno de alabanza según lo dijo Jesús “…habrá en el cielo mayor alegría por un pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de conversión” (Lc 17, 6) hoy resuenan en nuestros corazones aquellas palabras del Buen Pastor que dice “Alégrense conmigo, porque he encontrado la oveja que se me perdió” (Lc 17, 7).

Al reflexionar acerca del pasaje que meditamos en la primera lectura, vemos como san Pablo pronuncia su testimonio, da cuentas de como Cristo le encontró por el camino, y ¿en qué contexto? Cuando tiene que declarar la razón de su comportamiento ante los judíos reunidos en el Templo y los soldados romanos que venían por él para calmar a la turba que lo estaba apaleando. La fiesta de la conversión de san Pablo adquiere su sentido cuando recordamos hacia dónde o mejor dicho hacia quién se convirtió aquel hombre que iba camino de Damasco, la fiesta que celebramos hoy en el fondo es la celebración como Jesucristo ha manifestado su misericordia a los hombres al elegirse un instrumento precioso para anunciar su Evangelio a las gentes.


«Con razón, hermanos queridos, la conversión del «maestro de las naciones» (1Tm 2,7) es una fiesta que todos los pueblos celebran hoy con alegría. En efecto son numerosos los retoños que surgieron de esta raíz; una vez convertido, Pablo se hizo instrumento de la conversión para el mundo entero. En otro tiempo, cuando todavía vivía en la carne pero no según la carne (cf. Rm 8,5s), convirtió a muchos por su predicación; todavía hoy, mientras vive en Dios una vida más feliz, no deja de trabajar en la conversión de los hombres por su ejemplo, su oración y su doctrina.

Esta fiesta es una gran fuente de bienes para los que la celebran. ¿Cómo desesperar, cualquiera que tenga muchas faltas, cuando oye que «Pablo, respirando todavía amenazas de muerte contra los discípulos del Señor» se convirtió repentinamente en «un instrumento de elección»? (Hch 9,1.15) ¿Qué podría decir, bajo el peso de su pecado: «no puedo levantarme para llevar una vida mejor», mientras que, sobre el mismo camino donde le conducía su corazón sediento de odio, el perseguidor encarnizado se convirtió súbitamente en un predicador fiel?. Esta sola conversión nos muestra en un día la grandeza de la misericordia de Dios y el poder de su gracia.»

San Bernardo, Sermón para la fiesta de la conversión de san Pablo, 1, 6: PL 183, 359


Jesús había dicho a sus apóstoles que no se preocuparan de lo que dirían cuando fuesen apresados y tuvieran que dar razón su fe porque el Espíritu Santo les asistiría, y que grande fue el auxilio que recibió Pablo que por defensa no hizo sino contar la obra que Jesucristo había hecho en su vida. Su defensa fue predicar el Evangelio. Que hermoso meditar en estas cosas, a fin de cuentas, celebrar la conversión de san Pablo, es celebrar que el pecado no ha tenido la última palabra, que el hombre no ha sido abandonado a un destino fatal, que Dios no es indiferente a nuestra vida, es celebrar que Cristo es el Hijo de Dios que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajo del cielo, es celebrar que Cristo nos ha adquirido a precio de su sangre, es celebrar que Cristo quiere que todos los hombres vivan de ese encuentro con Él.

San Pablo llevaba muy en su corazón aquel día en que cayendo por tierra, fue luego alzado para caminar hacia el cielo, en que fue hecho ciego físicamente de modo temporal, para luego comenzar a contemplar la eternidad de la patria celeste, en que fue conducido hasta la Iglesia para luego el mismo conducir a otros a la gran familia de Dios, en que murió al hombre viejo para vivir como el hombre nuevo que ha nacido de lo alto.

Benedicto XVI diría que por ello podríamos aprender de esto es que “lo que cuenta es poner en el centro de nuestra vida a Jesucristo, de manera que nuestra identidad se caracterice esencialmente por el encuentro, por la comunión con Cristo y con su palabra. A su luz, cualquier otro valor se recupera y a la vez se purifica de posibles escorias” (Catequesis 25-10-2006)

Que al celebrar la fiesta de la conversión de san Pablo también nosotros podamos recordar aquel primer momento en que Dios nos llamó a seguirle de un modo especial, para que así renovemos nuestro amor por Aquel que nos amó primero

IMG: Fotografía del atrio de la Basilica de San Pablo fuera de los Muros

Lecturas

  • Hch 22, 3-16. Levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocan do el nombre de Jesús.
  • Sal 116. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.
  • Mc 16, 15-18. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.