Escuchando la voz del Maestro.

En este día se nos presenta a Jesús como el Divino Maestro, que entra en la sinagoga y explica la palabra de Dios, es más no se limita a hacer una exposición teórica, sino que con gesto concretos manifiesta la realidad de lo que anuncia, de ahí que sus interlocutores “se quedaron admirados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene potestad y no como los escribas” (Mc 1, 22). Estamos ante Dios que ha se hecho hombre para vencer las fuerzas del mal que oprimen al hombre.

Su palabra está garantizada por sus obras, sin duda alguna la Iglesia nos enseña que con esto Cristo ha revelado al Padre y el plan de salvación que había proyectado con sus gestos y palabras. Éste es el Hijo de Dios que ha venido a dar testimonio de Él y a reconducirnos a Él. Éste es el que habla y obra con autoridad. 

De hecho escribirá san Jerónimo:

«Que el demonio hubiera sido arrojado no era nada nuevo, pues también solían hacerlo los exorcistas hebreos. Pero, ¿qué es lo que dice? ¿Qué es esta enseñanza nueva? ¿Por qué nueva? Porque manda con autoridad a los espíritus inmundos. No invoca a ningún otro, sino que Él mismo ordena: no habla en nombre de otro, sino con su propia autoridad» S. Jerónimo, Commentarium in Marcum 2.

Jesús, es Dios mismo que se nos revela, se nos comunica, nos habla de sí, siendo el Hijo de Dios nos revela al Padre, y nos habla del Espíritu Santo, espíritu de amor consolador que habrá de venir una vez el ascienda a los cielos, de ese modo nos descubre el misterio central de nuestra fe, la Santísima Trinidad, un solo Dios tres personas distintas, pero no sólo eso sino que nos habla de la vida divina en el amor, y la misericordia infita del Padre que nos quiere hacer partícipes de esa nueva vida, que es vida eterna, para ello envió a su Hijo único al mundo para hacerse hombre y por su Pasión, Muerte y Resurrección expia nuestros pecados e inaugura la nueva vida de la gracia, vida en el Espíritu Santo que será enviado por el Padre y el Hijo para consolar al pueblo de Dios, para congregarlo y santificarlo para llevar a cada uno de los fieles a la perfección de la caridad en el amor en la comunión con el Dios de la vida, 

A la vez Jesús al revelarnos la vida divina no solamente nos habla de Dios, sino que también nos revela la vocación del hombre a Dios. San Juan Pablo II haciendo eco del Concilio Vaticano II lo resumiría en unas palabras hermosas: “El hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente. Por esto precisamente, Cristo Redentor…revela plenamente el hombre al mismo hombre” y esto tiene unas consecuencias precisas para todos y cada uno de nosotros “El hombre que quiere comprenderse hasta el fondo a sí mismo —no solamente según criterios y medidas del propio ser inmediatos, parciales, a veces superficiales e incluso aparentes— debe, con su inquietud, incertidumbre e incluso con su debilidad y pecaminosidad, con su vida y con su muerte, acercarse a Cristo. Debe, por decirlo así, entrar en Él con todo su ser, debe «apropiarse» y asimilar toda la realidad de la Encarnación y de la Redención para encontrarse a sí mismo. Si se actúa en él este hondo proceso, entonces él da frutos no sólo de adoración a Dios, sino también de profunda maravilla de sí mismo. ¡Qué valor debe tener el hombre a los ojos del Creador, si ha «merecido tener tan grande Redentor» (Exultet),si «Dios ha dado a su Hijo», a fin de que él, el hombre, «no muera sino que tenga la vida eterna»! (Jn 3, 16) En realidad, ese profundo estupor respecto al valor y a la dignidad del hombre se llama Evangelio, es decir, Buena Nueva. Se llama también cristianismo.” (Redemptor Hominis 10)

De este modo, desde el inicio el evangelio de san Marcos (recordemos estamos en los inicios del ministerio público de Jesús) quiere llevarnos a disponer el corazón para saber descubrir la enseñanza que Jesús nos transmitirá, al escuchar la Palabra de Cristo no podemos quedar indiferentes, la palabra del Señor nos atrae y enciende nuestros corazones, porque en ella reconocemos el llamado a la vida en el amor, a la felicidad plena, al Reino de Dios, a la dignidad de hijos del Padre, en ella descubrimos lo que Dios quiere para cada uno de nosotros, la manera de realizar en lo concreto de cada uno lo que san Ignacio de Loyola resumiría en la meditación que llamaría principio fundamento: “El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima…” EE 23

Al contemplar la palabra de Dios en este día podamos renovar nuestra sed por la Palabra del Señor para saber descubrir la bendición que el Padre nos ha dado en Cristo Jesús y no sólo nos admiremos por sus enseñanzas sino que las hagamos nuestra en actitudes y comportamientos concretos.

Lecturas:

Dt 8, 15-20. Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca
Sal 94. Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: “No endurezcan el corazón”
1 Co 7, 32-35. La soltera se preocupa de los asuntos del Señor, de ser santa.
Mc 1, 21-28. Les enseñaba con autoridad.

IMG: «Pantocrator» de la catedral de Celafú en Sicilia